Artículos, Caminando con el Papa

Querida Amazonia es… tocar la carne de Cristo

Caminando con el Papa

Por: Cristina Alba Michel.

I. El Papa y el Evangelio

Querida Amazonia: No podemos conformarnos con un mensaje social

1. “Frente a tantas necesidades y angustias que claman desde el corazón de la Amazonia, podemos responder a partir de organizaciones sociales, recursos técnicos, espacios de debate, programas políticos; todo eso puede ser parte de la solución. Pero los cristianos no renunciamos a la propuesta de fe que recibimos del Evangelio. Si bien queremos luchar con todos, codo a codo, no nos avergonzamos de Jesucristo. Para quienes se han encontrado con Él, viven en su amistad y se identifican con su mensaje, es inevitable hablar de Él […]: ‘¡Ay de mí si no evangelizo!’ (1 Co 9,16)”.

2. “La auténtica opción por los más pobres y olvidados, al mismo tiempo que nos mueve a liberarlos de la miseria material y a defender sus derechos, implica proponerles la amistad con el Señor que los promueve y dignifica. Sería triste que reciban de nosotros un código de doctrinas o un imperativo moral, pero no el gran anuncio salvífico, ese grito misionero que apunta al corazón y da sentido a todo lo demás. Tampoco podemos conformarnos con un mensaje social. Si damos la vida por ellos, por la justicia y dignidad que merecen, no podemos ocultarles que lo hacemos porque reconocemos a Cristo en ellos y porque descubrimos la inmensa dignidad que les otorga el Padre Dios que los ama infinitamente”.

3. “Ellos tienen derecho al anuncio del Evangelio… a ese primer anuncio que se llama kerygma y que ‘es el anuncio principal, que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y que siempre hay que volver a anunciar de una forma u otra’. Es el anuncio de un Dios que ama infinitamente a cada ser humano, que ha manifestado plenamente ese amor en Cristo crucificado por nosotros y resucitado en nuestras vidas” (QA nn 62-64).

II. Glosas y comentarios

Querida Amazonia: Buscar vocaciones, enviar misioneros

1. Con alegría recibimos la Exhortación apostólica post sinodal Querida Amazonia (QA). Alejado su contenido de aquella postura que nos machacaron los medios antes, durante y después del Sínodo con aquello de “curas casados sí o curas casados no”, “diaconisas sí o diaconisas no”, en cambio analiza la verdadera necesidad de los pueblos nativos, tanto de los habitantes de las grandes selvas como de las ciudades colindantes.

Por tanto, en el centro del documento se escucha el clamor por los pobres, por su dignidad humana y el cuidado de la creación, a la que contempla como un lugar privilegiado de encuentro con Dios y en función de los seres humanos, y la necesidad de anunciar a Jesucristo.

2. Se trata de un texto poético, misionero y profético. Refleja bien el estilo propio de Jorge Mario Bergoglio cuando Arzobispo de Buenos Aires, donde no callaba a la hora de denunciar las injusticias de los gobernantes y de los enriquecidos con la desgracia de los pobres, se tratase de cárteles, empresarios u otros predadores.

Como ejemplo, en el numeral 15 cita: “Las historias de injusticia y crueldad ocurridas en la Amazonia aun durante el siglo pasado deberían provocar un profundo rechazo… volvernos más sensibles para reconocer formas también actuales de explotación humana, de atropello y de muerte”.

3. Al respecto, recoge el Papa un fragmento del libro Amazonas: el hombre y el caucho*, de Ramón Iribertegui, sobre los padecimientos de los indígenas de la época del caucho en la Amazonia venezolana, cuando “más de veinte pueblos ye’kuana fueron enteramente arrasados. Las mujeres… violadas y amputados sus pechos, las encintas desventradas. A los hombres se les cortaban los dedos de las manos o las muñecas a fin de que no pudieran navegar… junto con otras escenas del más absurdo sadismo'”*.

4. Así pues, no es el tema y nunca lo fue la cuestión de los curas casados o las diaconisas. Según Pablo Blanco -profesor de Teología por la Universidad de Navarra-, a lo que el Papa invita con su Exhortación y lo explica en el capítulo “Un sueño eclesia”, “es a buscar vocaciones y una mejor distribución del clero… enviar misioneros para que la Eucaristía llegue a los lugares más recónditos”. Esto es, llevar a Jesús. Iglesia misionera. Tocar la carne de Cristo en las sufridas y explotadas periferias amazónicas.

* Editorial Vicariato Apostólico de Puerto Ayacucho – Venezuela, Monografía, n. 4, Caracas 1987, 307ss.

Pensar

“Sueño con una Amazonia que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad promovida… una Amazonia que preserve esa riqueza cultural que la destaca, donde brilla de modos tan diversos la belleza humana… que custodie celosamente la abrumadora hermosura natural que la engalana, la vida desbordante que llena sus ríos y sus selvas. Sueño con comunidades cristianas capaces de entregarse y de encarnarse en la Amazonia” (Cf QA n. 7).

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