Hagamos lío, Miscelánea

Levántense del sofá y decidan su futuro

Hagamos lío

Por: Héber Hermosillo.

Tal vez uno de los síntomas más evidentes de que vamos acumulando años es que nos interesan temas que antes ni siquiera pasaban por nuestra mente. En mi caso, uno de los temas que desde hace unos meses a la fecha me ha ido atrayendo cada vez más es el de la política y de la participación ciudadana.

Aquí me refiero por “política” a todo aquello que tiene que ver con la vida en sociedad, o más específicamente con las condiciones que la hacen posible, deseable y provechosa para todos, más allá de las cuestiones meramente partidistas. No obstante, tal vez fue esta habitual “grilla” o polarización partidista la que hizo que naciera en mí la inquietud por comprender por qué las cosas están como están en todas las áreas, dejando de lado la crítica fácil a quien detenta la autoridad por el simple hecho de ser de un partido o de otro, y empezando a analizar seriamente si sus acciones promueven la dignidad de la persona y están orientadas al bien común a través de los principios de subsidiariedad, solidaridad y participación.

Soy de una generación que ha visto pasar por el gobierno a tres partidos diferentes y ninguno ha logrado responder totalmente a las exigencias del momento. Así, queda claro que la verdadera política, más que dentro de un partido se hace en las calles y la hacemos los ciudadanos, también los católicos.

Pero bueno, ésta no es una reflexión sobre lo que se ha hecho o se sigue haciendo mal en política, sino una propuesta de tres elementos, con sus respectivas acciones, que están en la base de una adecuada participación política.

Primero: debemos formarnos y no sólo informarnos de lo que está sucediendo. Y debemos informarnos bien, a profundidad, pues estamos saturados de noticias superficiales que no ahondan ni analizan los temas. En cuanto a nosotros nos es imposible prestar atención a algo el tiempo suficiente para poder formar un criterio, dado que no hay día en que no aparezca una noticia más trágica o absurda que la del día anterior; además, cada día es más difícil distinguir lo verdadero de lo falso.

Un estudio promovido por Twitter decía que las noticias falsas reciben, en promedio, un 70% más retuits que las verdaderas. Esto nos hace darnos cuenta que ya no basta leer una noticia para decir que conocemos una situación; es necesario que formemos nuestra inteligencia y desarrollemos una verdadera capacidad crítica. ¿Cómo? Contrastando la información, buscando especialistas en los temas, evitando el retuit o el share inmediato. Aunque tengan la forma de un meme divertido, toda comunicación o publicación tiene una intención y es necesario preguntarnos cuál es.

Segundo: tengamos la capacidad de dialogar. Hace unos días analizaba mis redes sociales y encontré que la mayoría de mis contactos pensaba como yo en muchos de los temas, incluso habían hecho encuestas y habitualmente ganaba la opción a la que me había adscrito yo también. Sin embargo, enciendo la televisión o la radio y veo cómo se toman decisiones supuestamente “apoyadas por la mayoría”, que en nada coinciden con los sondeos que yo había hecho, y me doy cuenta de que mi opinión y la de mis amigos se vuelve así muy poco representativa. Esto me lleva a pensar que hay miles que no piensan como yo y que no he sabido dialogar con ellos. Y lo mismo les puede pasar a otros. Tenemos que salir de nuestra zona de confort y hablar con quien piensa distinto, incluso contrario a nosotros. De otra manera no podremos comprender lo que piensa, lo que sufre y lo que sueña, y todo será como hasta ahora: polarización.

Tercero: empezar a caminar. Ya el Papa Francisco nos dijo en la Jornada Mundial de la Juventud en Polonia: dejemos de ser “jóvenes-sofá”. Debemos levantarnos y comenzar a hacer las cosas, empezando por las más pequeñas, como cumplir con nuestras responsabilidades en casa, en la escuela o en el trabajo. Puedo soñar con cambiar el mundo, como promete la política, cuando empiezo a cambiar yo y el metro cuadrado que me rodea. Participemos. No dejemos que nos roben la posibilidad de decidir en qué mundo queremos vivir.

-El autor es miembro de las Juventudes Agustino Recoletas (JAR), De la parroquia de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote.

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