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La Pastoral Urbana

Circular 8/20

El mismo Jesús se acercó a ellos y se puso a caminar a su lado” (Lc 24,15)

La Pastoral Urbana se alimenta de una actitud pastoral en salida. Es condición indispensable salir a la ciudad para hacer una pastoral urbana más efectiva.

Si el párroco y los laicos comprometidos se quedan en los templos y en las instalaciones parroquiales, si no hay una verdadera actitud y acción de salida pastoral, se limita la difusión del Evangelio.

Es preciso que la pastoral en salida no se quede en escritos y deseos, sino se vaya a los hechos, con nuevas estrategias como visitas a las casas, uso de los nuevos medios de comunicación social y la cercanía con las personas en su cotidianidad.

Es necesario pensar cómo hacer llegar la propuesta del Evangelio a la diversidad de contextos culturales. El Documento de Aparecida (DA) en el número 225 nos dice: “Muchas veces la gente sincera que sale de nuestra Iglesia no lo hace por lo que los grupos ‘no católicos’ creen, sino fundamentalmente por lo que ellos viven; no por razones doctrinales, sino vivenciales; no por motivos estrictamente dogmáticos, sino pastorales; no por motivos teológicos, pero metodológicos de nuestra Iglesia. Esperan encontrar respuestas a sus inquietudes”.

Entre otras muchas realidades que me parecen constituir signos de los tiempos hoy, son: la sed de Dios, la paz y los derechos humanos, la economía, la gobernanza y el tejido social. Todas ellas buscan y esperan nuestra atención y compromiso pastoral.

Hay que “ir a los alejados” que no asisten a los actos religiosos, a fin de darles un breve mensaje en el que se comunica la verdad central de la vida de fe: Jesucristo es Dios; con un mensaje kerigmático. El visitador misionero dará testimonio de cambio personal que experimentó desde el momento que encontró a Jesús en su vida e invita a sus oyentes a asistir a un lugar cercano para ampliar el kerigma.

Salir a la ciudad es un acto de fe: ¡Salimos porque Dios vive en la ciudad! Vive en medio de sus alegrías, anhelos y esperanzas, como también en sus sufrimientos y dolores. Nada nos puede impedir que busquemos y contemplemos al Dios de la vida también en los ambientes urbanos, aunque a veces nos encontremos con sombras de violencia, pobreza, individualismo y exclusión.

En la ciudad es posible experimentar vínculos de fraternidad, solidaridad y universalidad, porque en ella las personas tienen la oportunidad de conocer más personas, interactuar y convivir con ellas. En la ciudad el ser humano es llamado constantemente a caminar siempre al encuentro del otro, convivir con el diferente, aceptarlo y ser aceptado por él (cf. DA 514).

Es conveniente salir no sólo a los espacios físicos, territoriales, sino también a los digitales en donde se desarrollan y ofertan las nuevas culturas que son globalizadas, hacerlo con espíritu sinodal, con una metodología que escucha, discierne, actúa, revisa, siempre, claro, con una actitud de servicio. 

Aunque tenemos una estructura cercana a la gente, como es la parroquia territorial, hay que hacer que su caridad pastoral llegue a la gente, se acerque a ella, salga, alargue su mano y su corazón misericordioso. El Papa Francisco nos invita a que en esos círculos cercanos que propicia la misión facilitemos un diálogo en el cual los asistentes se expresen y compartan sus alegrías, sus esperanzas, las inquietudes por sus seres queridos y tantas cosas que llenan su corazón. Sólo después de esta conversación, si es posible presentarles la palabra, sea con la lectura de un versículo o de un modo narrativo… A veces se expresa de una manera más directa, otras veces a través de un testimonio personal, de un relato, de un gesto o de la forma que el mismo Espíritu Santo pueda suscitar en una circunstancia concreta. Si parece prudente y se dan las condiciones, es bueno que este encuentro fraterno y misionero termine con una breve oración… (cf. Evangelii Gaudium 128).

El habitante urbano se caracteriza por su pluralidad. “La urbe requiere evangelizadores que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo. En Pentecostés, el Espíritu hace salir de sí mismos a los Apóstoles y los transforma en anunciadores de las grandezas de Dios, que cada uno empieza a entender en su propia lengua. El Espíritu Santo, además, infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia (parresía), en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente (…) Jesús quiere evangelizadores que anuncien la Buena Noticia no sólo con palabras sino sobre todo con una vida que se ha transfigurado en la presencia de Dios” (EG,259).

Pensemos y trabajemos por una pastoral urbana guiada por evangelizadores que están profundamente convencidos de su identidad bautismal, que están dispuestos a dejarse sorprender por el Dios de la vida; evangelizadores que son místicos de lo cotidiano en búsqueda de lo que es bueno, servicial, verdadero y bondadoso, que contemplan a Dios en la riqueza y complejidades de la experiencia urbana; qué hermoso contemplar evangelizadores que con voz profética anuncian y denuncian una nueva esperanza, conduciendo a muchos a un encuentro de salvación; evangelizadores que ayudan a los citadinos a dar a luz a hombres y mujeres nuevos.

Hermanos sacerdotes, los animo a salir a las calles a celebrar la Eucaristía, en el Barrio; cuidando su preparación y celebración digna. Nos hemos dado cuenta ya que la Pastoral Urbana tiene nuevos retos de horarios, tanto para celebraciones como para atención en la oficina, para las reuniones de grupos y otros servicios; constituyendo una llamada a la flexibilidad.

Cómo no recordar lo que ya hemos considerado: la necesidad de implementar los ministerios de la escucha y de la consejería, invitando a hermanos bien vistos en la comunidad y capacitados, personas respetadas y queridas, con una dosis de liderazgo moral. Vamos también a sensibilizar el corazón de hermanos y echar mano de la oración, algunas veces hemos escuchado: ¿Quieres que oremos por Ti?,  otras más hemos pedido: Ora por mí.

No quiero terminar sin antes dejar asentado que mucho de lo que aquí he anotado se aplica en la Pastoral Rural, sin dejar de poner de manifiesto que en este sector de la Iglesia hay virtudes pastorales de las que en la ciudad estamos débiles o carecemos.

Que la Virgen de Guadalupe, nuestra querida y bondadosa Madre, acompañe siempre nuestro caminar pastoral.

Unidos en el Señor:

+ Constancio Miranda Weckmann, Arzobispo de Chihuahua

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