Comentario al Evangelio

La fiesta de la Candelaria

Comentario al Evangelio de la fiesta de la Presentación del Señor (Lc 2,22-40)

Por: P. Marco Antonio Estrada Rojas

Posiblemente en su entorno familiar o de amigos conozcan a alguna persona llamada Francisco. A quienes llevan este nombre coloquialmente se les dice: “Pancho”, “Paco”, “Quico”, “Frank”, “Cisco”, “Franta” etc. Es la misma persona pero con diferente sobrenombre dado por la confianza o el cariño que se le tiene. Lo importante es la persona misma, puede variar el nombre, pero la esencia de esa persona es lo principal.

Con la fiesta que celebramos hoy sucede algo parecido. Anteriormente era conocida como la Purificación de María, por lo que el relato del Evangelio nos narra. También se le llamaba de la Virgen de la Candelaria. Así mismo como la Presentación del Señor.

Con estos tres nombres se hablaba de un mismo hecho:

El Evangelio nos relata que María junto con José fueron al Templo de Jerusalén para cumplir con lo prescrito al terminar el tiempo de la purificación. Cuarenta días después de dar a luz, la mujer quedaba pura del derramamiento de sangre (Lv 12,1-4). Si vemos este pasaje con ojo crítico, la Virgen María no tenía necesidad de purificación, pues su Hijo es Santo.

La Ley de Dios dada por medio de Moisés, prescribía que todo primogénito nacido de hombre como de animales, le pertenece a Dios (Ex 13,1.11-16). Se ofrecía un sacrificio de rescate a Dios por el primogénito, recordando que el Señor había salvado de la muerte a los primogénitos en Egipto. Este sacrificio era en memoria de la acción de Dios por su pueblo. La ofrenda más sencilla, la de los pobres consistía en dos tórtolas o pichones.

En el texto de Lucas se nos habla del viejo Simeón y de la profetisa Ana quienes reconocen al niño Jesús como el Mesías y Liberador de Israel. Simeón se refiere al niño como el Salvador y lo reconoce como “Luz de las naciones y Gloria de Israel”. De aquí que en esta fiesta antes se utilizaran luces, velas o candelas, para significar la “Luz” de Cristo. Por esta razón se le llama la fiesta de la “Candelaria”.

Lo principal de esta fiesta es reconocer a Jesús precisamente como el Salvador, el Liberador del pueblo de Dios, el Mesías y la Luz que ilumina a todo hombre, como nos dice el prologo del Evangelio según San Juan. La Sagrada Escritura que escuchamos hoy, nos invita a dejar entrar en el templo de nuestros corazones al Salvador, dejándolo purificar y refinar con su fuego nuestras vidas. Y también estamos invitados a verlo con los ojos de la fe, como lo hicieron Simeón y Ana, para que así por medio de su sacrificio seamos rescatados de la muerte y sea destruido el diablo.

Como parte de nuestra cultura mexicana, el día 2 de febrero se comparten los tamales. Remontándonos a las culturas prehispánicas, los tamales se ofrecían a los dioses como un ofrecimiento de la persona misma, pues según el pensamiento indígena, la humanidad está hecha de maíz. Un tamal representa a la persona. Compartir los tamales significa entregarse a los demás. Cuando la fe llegó a nuestras tierras, se cristianizó esa tradición y se ofrecían los tamales a la Virgen María y al Niño Jesús.

Volviendo al punto de partida de este comentario, no nos quedemos con lo superficial de este día, es decir, comer tamales, sino más bien retomemos lo esencial de esta fiesta y preguntémonos: ¿reconozco a Jesús como Luz de mi vida?, ¿dejo que me ilumine y rescate de la muerte?, o ¿sigo en medio de las tinieblas del pecado y no dejo entrar a Cristo en mi corazón?

Celebra con fe y alegría esta fiesta de la Presentación del Señor y acéptalo como tu Salvador. Comparte con tus amigos y familiares la verdadera razón de ser de la Candelaria.

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