Comentario al Evangelio

Es posible evitar la violencia

Comentario al Evangelio del VII Domingo Ordinario (Mt 5,38-48)

Por: P. Silvestre Méndez Morales.

El presente pasaje forma parte del primer gran discurso (de una serie de cinco), que viene a ser un compendio de las enseñanzas de Jesús que el evangelista plantea como una catequesis elemental de vida cristiana para los discípulos.

Inicia en el capítulo cinco con el “Sermón del Monte” (5,3-16), un programa de vida que Jesús quiere inculcar en sus discípulos. El evangelista insiste en las leyes y prácticas judías ya que los destinatarios del Evangelio viven en un enclave judío.

El Sermón del Monte supera a las cláusulas de la ley, y el discípulo ha de aprender a poner en práctica esta nueva normativa sin ninguna pretensión de superioridad o grandeza con respecto al judío. El discípulo ha de buscar ser grato a los ojos del Padre celestial sin buscar el halago de los hombres.

Jesús aborda la situación del discípulo ante la violencia (38-42) y por otro lado el amor a los enemigos (43-47). En primer término, la ley del “Talión” tenía su origen en la antigüedad (Ex 21, 22-27; Lev 24,20; Deut 19,21), aproximadamente hacia el siglo XVII a.C., teniendo como fundamento un antiguo código, el de Hammurabi, cuya función era poner un alto a las venganzas que llegaban a ser sin límites. Esta ley frenaba la venganza, pero no tenía como meta la reconciliación entre las partes en conflicto.

Jesús enseña que cuando la violencia se hace presente no hay que hacerle frente igual, el mal no se soluciona con el mal: poner la otra mejilla, ceder el manto y no negarse ante quien pide prestado. El tener que ceder el manto daba como resultado quedarse desprotegido ante las inclemencias del tiempo o quedarse sin cobija para pasar la noche. En Ex 22,26 y Deut 24,1 mandaba que si un pobre tenía que dar en prenda su manto se le debía devolver al anochecer para que pudiera dormir en él.

El tercer caso se refiere a los servicios que se debían prestar a funcionarios públicos o al ejército, cuando así se le pedía a algún ciudadano, o incluso a cualquier otro que exigiera un trabajo. Jesús enseña dar lo doble de lo que se pide.

Hacer lo que pide Jesús no es signo de debilidad ni de exponerse voluntariamente a padecer la violencia por parte de los más poderosos, sino que el Señor quiere mostrar que es posible evitar la violencia, no dando cabida a ella. En definitiva, el discípulo ha de estar dispuesto a nunca emplear la violencia contra los demás. La no violencia ha de ser la normativa del discípulo.

Jesús se ubica en una tradición antigua que inculca el respeto al enemigo y va más allá, al pedir a los discípulos amar al prójimo e incluso a los enemigos. Pide orar por ellos. El amor a los enemigos ubica al discípulo en la categoría de llegar a ser en verdad hijo de Dios.

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