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El Hombre de Paja

Por qué soy católico

Por: Paco Pérez.

¿Qué pensaría usted de un católico que se volvió protestante porque unos “hermanos” le dijeron que los católicos adoramos imágenes, siendo que eso está prohibido por la Biblia, y que creemos que la Virgen María es más que Dios porque decimos que es la Madre de Dios? Causa asombro saberlo y por lo menos dos preguntas surgen de inmediato…

Primera pregunta

¿Qué clase de católico sería aquel, pues no sabía que era falso lo que le dijeron los “hermanos”? Está claro que se trataba de un católico carente de formación y que le presentaron una idea deformada de la doctrina de la Iglesia.

Lo que la Biblia prohíbe es la idolatría, pues el uso de imágenes está avalado por la misma Escritura. Basta saber que el Arca de la Alianza -que guardaba las Tablas de la Ley- contaba con las imágenes de dos esculturas de ángeles fue un adorno ordenado por el mismo Dios; y que la actitud de los católicos hacia las imágenes no es de adoración sino de respeto y veneración, no por sí mismas sino por lo que representan.

En cuanto a la Virgen, no afirmamos que Cristo haya adquirido de ella su divinidad sino, más bien, su humanidad. Lo que sí decimos es que Cristo, desde que nació, ya era Dios.    

Segunda pregunta

Si realmente queremos saber lo que la Iglesia afirma, ¿por qué no preguntárselo directamente a ella y no a sus enemigos? Su doctrina está a la vista de todos en el Catecismo de la Iglesia Católica. Si de veras queremos conocerla tenemos que acudir a  sus fuentes.

Si pensamos que conocemos a la Iglesia y su doctrina porque leemos “La Atalaya”, estamos en un grave error, ya que este folleto da una visión deformada de la Iglesia de Cristo ya que la presenta como una Iglesia de paja a la que es necesario prenderle fuego.   

Cuestión de lógica

Sabido es que la Lógica se ocupa de las leyes del razonamiento correcto y nos proporciona criterios para guiar el pensamiento en la búsqueda de la verdad; también nos previene contra distintos tipos de errores en los que podemos caer y de engaños con los que nos pueden engatusar.

Hay planteamientos que parecen correctos pero que encierran trampas dialécticas. Los promotores de sectas o de las llamadas “nuevas religiones” suelen ser maestros del engaño. En las discusiones con ellos es fácil perderse en cuestiones periféricas que poco o nada tienen que ver con el asunto que se trata; y aunque suele decirse que de la discusión nace la luz, la experiencia indica que -por lo general- con la discusión crece la confusión.  Todo depende de si en la polémica hay una intención sana de búsqueda y de si se conocen y respetan las reglas de la lógica.

La trampa

Uno de los recursos engañosos más empleados por el proselitismo sectario es una trampa que se llama “el Hombre de Paja”. Se realiza en dos pasos que consisten en:

1. Achacarle al oponente una serie de opiniones o intenciones que en realidad no tiene, pero que son más fácilmente criticables que las que en verdad sustenta. Esto se hace torciendo sus palabras o presentando ideas deformadas. Al hacer esto se dice que se construye un hombre de paja que es, desde luego, más fácil de derribar que un oponente real.

2. Centrarse en criticar esas ideas que falsamente se le atribuyeron, eludiendo enfrentar la verdadera postura del adversario. Toda la fuerza de la controversia se vuelca sobre el hombre de paja creyendo, o haciendo creer a los demás, que de veras se está refutando al oponente.

Va un ejemplo imaginario: En un país cuya economía descansa en la producción y venta de cocos, a una autoridad local se le ocurre la idea de industrializar el producto y propone a su Congreso un proyecto de ley para llevarla a cabo. El partido opositor, mostrándose profundamente indignado, difunde la idea de que el gobierno quiere privatizar la producción de cocos y dedica la totalidad de sus apasionados discursos a ilustrar al pueblo sobre lo nefasto de la privatización. 

El gobierno sólo hablaba de industrialización, pero como esa idea es difícilmente criticable, la oposición construyó el muñeco de paja de la privatización y, con esa argucia bien manejada, puede convencer fácilmente al pueblo de que el gobierno es nefasto.

Viene esto a cuento porque los protestantes se dedican a combatir a la Iglesia con este truquito. No ataca las verdaderas ideas y doctrinas que sostiene la Iglesia, sino las ideas y doctrinas que ellos dicen que sostiene, lo cual no es combatir a la Iglesia real sino a una iglesia de paja que ellos nos fabrican.

¿Qué enseña la Iglesia?

Aunque ese sofisma es común, en este caso resulta sorprendente: La Iglesia no oculta su doctrina sino que, por el contrario, la difunde con claridad y la propone a todos los hombres. ¿Qué busca quién insiste en desfigurarla?, ¿cómo puede tener algún éxito quien lo hace? La respuesta es simple: Se desfigura para poder combatirla. En eso consiste exactamente el sofisma y suele ser algo que se hace insistentemente. El engaño prospera cuando hay desconocimiento de la verdad, por eso es necesario repetir una y otra vez lo que la Iglesia enseña.

¿La Iglesia enseña que María es una diosa? No. Sólo hay un Dios. María es una mujer que aceptó que en Ella Dios asumiera naturaleza humana y por eso puede ser llamada con toda propiedad “Madre de Dios”, pues Jesús era Dios desde que estaba en su vientre.

¿Los católicos adoramos a María? No, la Iglesia no adora a María. Sin embargo, no se puede negar que se le profesa un enorme cariño y una devoción semejante a la que se siente por una madre.

Quien pretende convencernos de que la Iglesia enseña otra cosa al respecto, nos quiere quitar la fe jalando el agua a su molino,  haciéndonos víctimas del timo del hombre de paja.

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