Artículos, Caminando con el Papa

Bienaventuranzas

Caminando con el Papa

I. El Papa y el Evangelio

Por: Cristina Alba Michel.

1. Terminada la serie Hechos de los Apóstoles, comenzó Francisco una serie de Catequesis sobre las Bienaventuranzas, exhortándonos a aprenderlas de memoria, pues “esta Ley que Jesús nos da ha iluminado la vida de creyentes y no creyentes”. De hecho, el contexto de su proclamación indica que son para toda la humanidad. ¿Cuál es este contexto?: A Jesús le seguían sus discípulos y una gran multitud. Al verla, subió una pendiente junto al lago de Galilea, abarcó a todos los presentes con su mirada y, como Moisés entregó la Ley antigua -los Diez Mandamientos-, Jesús entrega la Ley nueva que “desvela el camino hacia la felicidad”.

2. Tres partes tiene cada Bienaventuranza: “En primer lugar, la palabra ‘Bienaventurados’; luego, la situación en que se encuentran: la pobreza de espíritu, la aflicción, el hambre y la sed de justicia, etc.”. En tercer lugar “el motivo de esa bienaventuranza, introducido con la conjugación ‘porque'”.

Destaca el Papa: “el motivo de las bienaventuranzas NO es la situación actual, sino la nueva condición que los bienaventurados reciben como regalo de Dios, porque de ellos es el Reino, porque serán consolados, heredarán la tierra, serán saciados, serán llamados hijos de Dios”. Este tercer elemento es el motivo de la bienaventuranza o felicidad de estas personas.

3. “Bienaventurado… no se refiere a uno que tenga el estómago lleno, o que lo pase bien, sino a una persona que se encuentra en condición de gracia, que progresa en la gracia de Dios y en el camino hacia Dios: la paciencia, la pobreza, el servicio a los demás, el consuelo. Aquellos que progresen en estas cosas son felices y serán bienaventurados”.

“Siempre las Bienaventuranzas nos llevan a la alegría”. 

II. Glosas y comentarios

Sobre Papa Francisco

1. Tampoco la personalidad del Papa Francisco es como la muestra la película “Los dos Papas”, que le hace ver como una figura popular, un tanto locuaz. Para comenzar, Bergoglio no era un Obispo que sonreía fácilmente. Su sonrisa “brotó” después de su elección, aunque no por un problema de mal carácter. Lo han señalado varios personajes que le conocían antes de su elección: “le ha cambiado hasta el semblante… En el último tiempo era raro verlo sonreír”, dijo para el diario argentino La Nación Evangelina Himitian, autora de una biografía de Bergoglio, añadiendo: “‘Tiene dos caras […] Una es la cara de Bergoglio serio, con los bordes de los labios hacia abajo […]. La otra cara es de Francisco. ‘Esa no se la conocía en Buenos Aires […] sonriente, ojos abiertos, chispeantes'”.

2. “Era difícil arrancarle al Arzobispo una sonrisa y ahora Francisco sonríe mucho” -declararon otros, entre ellos sacerdotes villeros de Buenos Aires-, aclarando que no tendría muchos motivos para sonreír, estando como estaba comprometido en la denuncia de la trata de mujeres y otros temas escabrosos como el contraste de la opulencia y las villas miseria y la denuncia de los excesos de los poderosos.

La supuesta ruptura entre ambos pontificados es también falsa, como falso es proponerlo como el único y gran reformador. Su genialidad consiste en que es un pastor dinámico, creativo, comprometido y carismático. En cuanto a sus reformas, muchas están contenidas en el magisterio de su predecesor y fueron iniciadas por éste.

3. Tampoco le hacen favor poniéndolo como quien acoge todos los postulados de la mundanidad y la superficialidad. ¡Cuidado!, que al hacerlo así, puede concebirse equivocadamente la vida de la Iglesia con criterios vanos y hacer de Francisco un Papa mundano y progresista. Esto tampoco es cierto. Peor aún, puede conducirnos a percibir, como si fueran opuestas entre sí, Verdad y Fe. ESO NO ES POSIBLE, como no es posible aceptar que la Tradición -supuestamente representada en Benedicto- sea una colección de antigüedades que paralizan la Iglesia. La Tradición es la acción actual del Espíritu Santo, quien la guía “cada vez más profundamente en la comprensión de la Verdad de Cristo”, dijo Benedicto XVI.

Pensar

Cierto que a Papa Francisco le encanta el futbol. Pero, por decisión propia, ¡el Papa no mira la televisión desde 1990! Lo declaró él mismo en una entrevista para el diario argentino La Voz del Pueblo, el 25 de mayo de 2015. Cierto es que le gusta la pizza aunque por hoy extraña mucho comerse una. Pero también Joseph Ratzinger solía ir a algún café, y pedía con sencillez un sándwich, una limonada… y pastel de manzana.

Verdad que Francisco se siente bien “entre la gente”. Por eso decidió vivir en Santa Marta. Pero decir que a Benedicto XVI “no le gusta la gente” es falso. Sólo que uno se siente bien entre multitudes, y el otro, más tímido, prefiere los encuentros en un ambiente más reservado. Finalmente, los dos Papas se hicieron curas para estar con la gente y con Jesús, cada cual según su estilo y personalidad.

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