La Iglesia en las Periferias, Reportajes

Un ministerio querido por Dios

La Iglesia en las Periferias

Por: Karen Assmar Durán.

Una enfermedad, una prodigiosa pero lenta sanación, un libro donde está plasmado el testimonio de quien hoy encabeza el ministerio y además una asociación, queridos por Dios mismo pues todo es para Su mayor gloria.

Enfermedad

“Yo soy Rosa María Chávez León y el Señor me permitió nacer en una familia católica. Al pasar de los años me casé, porque mi proyecto de vida siempre fue formar una familia, porque yo sentía que mi realización estaba en el amor de una familia. Me casé a los 18 años de edad con Daniel Aguilar y tuvimos tres hijas: Daniela, María Teresa y Elizabeth”.

Así se presentó Rosy para Noti, quien compartió que la enfermedad continuamente estuvo presente en su vida desde los embarazos. En marzo de 1996 “me diagnosticaron cáncer en el páncreas. Después de operarme y hacerme todos los estudios, me desahuciaron, me dieron sólo 6 meses de vida. Viví ese proceso de la enfermedad con todo lo que conlleva el cáncer: tener una vida sedentaria, no poder valerme por mí misma, depender totalmente de mi esposo; ese proceso me llevó a tener un encuentro profundo, muy grande con Dios, porque tuve un tiempo privilegiado de oración”.

Sanación, lenta pero segura

Compartió que en mayo de ese mismo año tuvo la oportunidad de asistir a un congreso en Juárez donde estuvo presente el P. Emiliano Tardiff(+), una de las figuras más importantes del Movimiento Carismático: “Éramos como 30 mil personas en el estadio ‘Benito Juárez’, y es ahí donde recibí la palabra de profecía. Dijo el P. Tardiff: ‘Diez de las personas que tienen cáncer se van a sanar; en este momento no pueden dar testimonio, lo sabrán en el siguiente estudio. Su recuperación va a ser muy lenta y sólo con las pruebas podrán testificar’. Efectivamente, tal como lo dijo, a mí me sucedió”.

Al desahuciarla, Rosy se mantuvo sin tratamiento, nada de medicamentos. Seis meses más tarde se realizó una tomografía cuyo resultado fue que el tumor seguía del mismo tamaño. “Yo permanecía en cama, no aceptaba alimentos, tenía dolores día y noche, me levantaba un ratito cuando mi esposo me quería sacar a que me diera un poco el aire, pero los dolores no me dejaban”.

El proceso de enfermedad lo vivió en casa, con su esposo e hijas pequeñas de 4, 8 y 11 años: Todo me llevó a reconocerme frágil, limitada, y a saber que no hay nadie en quien esperar más que en Dios”.

Pero pasaron 16 años de una vida sedentaria: “No salía más que acompañada por mi esposo, sólo me ponía de pie para ir a la iglesia y a los grupos a darles testimonio, porque aunque la sanación no estaba médicamente declarada, según los médicos ya debía haber muerto. Fue un proceso largo que utilicé para encontrarme con Dios, y Él me fue hablando del libro, de compartir el testimonio, era algo que tenía en el corazón y que no me lo podía callar, porque sabía que era un milagro que Él me participaba, era su plan conmigo y de mí hacia los demás”.

El libro y la muerte

La muerte llegó hace once años, pero no para Rosy sino para su amado esposo Daniel a causa de un infarto. La sanación del cáncer ya estaba obrada en ella pero este trágico episodio la sumió en depresión y la llevó de nuevo al hospital para, por segunda vez, ser intervenida del páncreas. Mas el milagro ya estaba hecho: el tumor estaba calcificado. “A partir de ahí dejo de tener los dolores por el cáncer y empiezo a hacer vida normal”, aseveró.

Además, el libro estaba inconcluso, como Dios mismo se lo hizo saber en revelación y el P. Dizán Vázquez se lo confirmó cuando se acercó a pedirle su asesoría. ¿Qué faltaba? Cerrar el capítulo de Daniel. “A mi esposo le dedico un capítulo en el libro, fue una persona extraordinaria y creo que no pudo haber hombre mejor, porque para mí fue modelo de esposo: nunca renegó de mi enfermedad, siempre me atendió con gusto, con amor”.

Finalmente, bajo el título de Testigos de Cristo resucitado. El cumplimiento de sus promesas, Rosy publicó el libro en mayo de 2016, prácticamente 20 años después de aquella prometida sanación. Tardó en animarse a sacarlo a la luz porque pensaba que la gente diría que estaba loca: “El Señor me decía que hiciera lo que me había pedido, que yo sabía lo que tenía que hacer y que lo haría para gloria suya, independientemente de que me criticaran: ‘Busca mi gloria, busca mi gloria’, me decía; pero no me atrevía, porque a mí me importaba mi imagen”.

FEESCA y SMARTD

Libro en mano Rosy compartía su testimonio en parroquias y grupos, pero el Señor le pedía más: el anuncio evangélico. “Empiezo a buscar un ministerio y encontré el de Sanación y Liberación, para que me dijeran qué era eso del anuncio evangélico que el Señor quería que yo llevara a los demás, porque no sabía qué quería decir eso. Tuve que investigar para saber qué era lo que el Señor quería y me hablaba de todo este ministerio que ahora está formado: FEESCA, significa FE, ESperanza y CAridad”.

Buscando siempre consejo y la aprobación de la Iglesia, Rosy se acercó a quien es hoy su director espiritual, Mons. Luis Carlos Lerma.  

El ministerio FEESCA lleva a grupos en retiro, parroquias, conferencias, congresos, el anuncio del Evangelio, la Buena Noticia, donde Rosy comparte su testimonio que tiene la promesa de sanación de parte del Señor. Colaboran con ella sus hijas, sus yernos y amigos de la iglesia que, al igual que Rosy, “todo lo que hacemos es para que los demás conozcan a Dios”.

FEESCA es evangelizar, pero para llevar a la práctica lo que el mismo Evangelio anuncia Rosy asumió la dirigencia de una asociación civil establecida por el P. Cuco López en Durango: SMARTD (que significa Santa Martha Durango). A esta agrupación se han unido su familia y amigos, entre ellos compañeras de trabajo e incluso su jefa, para llevar a cabo pequeñas acciones que hacen vida su lema: “Transformando vidas”.

Así, por medio de SMARTD han impartido en un centro de rehabilitación lo que llaman “Teoterapia” y también han llevado ayuda material a colonias periféricas. En los hospitales se han hecho presentes llevando alimentos: burritos, lonches, tamales, pan dulce, café, etc. Llegaron a ir al Hospital Central y al Infantil, pero hoy están fijos en el Morelos y acuden los martes 2º de mes a las 8am y los jueves 1º y 3º de mes a las 7pm, todo ello con sus propios recursos y con lo recabado de la venta de los libros, cuyo costo es de $130 pesos que se utilizan para proseguir con la labor del ministerio y la asociación. 

La invitación final

“Les hago una invitación de parte del Señor a este proyecto que es un darnos y dar a un poco de todo lo que nosotros tenemos y que Él nos da para compartir con los que menos tienen, los que están en mayor necesidad, porque cuando compartes, ese bien se multiplica, dando del corazón y sin esperar nada a cambio, sólo para que la gente conozca a Dios, lo reconozca y le dé mayor gloria”.

Testimonio

Magaly Solís lleva 15 días con su papá en el Hospital Morelos, es de Parral. Gabriela tiene a su hijo internado hace una semana y Guadalupe Ordoñez lleva tres semanas con su mamá en el Hospital. Todas ellas se han visto beneficiadas con la labor que Rosy y sus colaboradores realizan a través de FEESCA y SMARTD: “Estamos muy agradecidas, es mucha ayuda para las personas, sobre todo para las que vienen de fuera, porque es bien difícil tener un enfermo y a veces no alcanza el dinero para los gastos. ¡Qué bueno que estén viniendo y que Dios les dé más!”.

Ministerio FEESCA y SMARTD, AC

Transformando vidas llevando a la práctica el Evangelio.

Si te interesa colaborar, ¡comunícate! 614-398-2323. Búscanos en Facebook.

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