Hagamos lío, Miscelánea

¿Será 2020 un buen año?

Hagamos lío

Por: Héber Gpe. Hermosillo Sánchez

Enero es un mes lleno de deseos, propósitos y esperanzas; a muchos nos emociona y desde el primer minuto, al ritmo de las doce campanadas y las doce uvas, vamos lanzando al aire sueños y “compromisos personales” para el año que comienza.

Junto a esto, en los diferentes medios de comunicación y redes sociales, los especialistas en turno hacen pronósticos y especulaciones de todo lo que nos puede deparar el año en temas tan variados como la economía y política, hasta el color de temporada y las tendencias en nombres para los recién nacidos; otros van todavía más allá y hablan de las terribles “profecías” poniendo nuevamente en boca de muchos los nombres de Nostradamus y Malaquías.

En este sentido, considero natural querer conocer lo que está por venir, y hacer pronósticos leyendo los signos de los tiempos; sin embargo, me encuentro muy a menudo con personas que parecieran ser agoreros de desgracias, para las cuales los tiempos siempre están o vienen mal.

Pero estos sentimientos no son nuevos, son tan viejos como los mismos calendarios y como el mismo ser humano. Ya San Agustín hace casi 1600 años corregía a quien echaba la culpa de las propias desgracias a “los tiempos”, diluyendo la responsabilidad personal y social sobre los mismos. Así hablaba el obispo de Hipona: “Malos tiempos, tiempos difíciles -así dicen los hombres-. Vivamos bien, y serán buenos los tiempos. Los tiempos somos nosotros; como somos nosotros, así son los tiempos” (Sermón 80,8).

¿Queremos que sea bueno 2020? ¡Hagamos que sea bueno! Pongamos manos a la obra y pasemos del propósito al hecho, del sueño a la realidad.

Entre las cosas que más preocupan a los jóvenes para este nuevo año están la guerra, los problemas ambientales y la incertidumbre social y política derivada de ideologías politizadas. Si bien es cierto que la solución a estos problemas no es fácil, e incluso no se ve cerca la disposición de la mayoría para corregir el rumbo, como jóvenes católicos no podemos simplemente quejarnos en redes sociales, es preciso empezar a caminar, aunque sea con pasos pequeños, en una dirección distinta.

Propongo tres acciones concretas y simples, aunque no siempre sencillas, para contrarrestar estos problemas que nos inquietan; seguramente no cambiaremos toda la realidad, pero, por lo menos, nuestro entorno próximo será mejor:

1. Si te preocupa la guerra, fortalece tu capacidad para dialogar. Vivimos en una cultura donde el diálogo es ya casi inexistente. Pocas personas están dispuestas a ofrecer argumentos y a dejarse convencer por los argumentos de los demás cuando la evidencia los respalda. Y en el mismo sentido aprender a escuchar. ¿A cuántos no nos ha pasado que ya tenemos el contraargumento o la respuesta antes de que el otro termine de hablar? Los monólogos alternados difícilmente construyen. Muchas veces creemos que ganamos una discusión cuando no nos mueven de nuestra postura o cuando el otro se enoja y se va (tal vez por nuestra intransigencia), cuando en realidad se gana es porque ambos aprendemos y nos acercamos a la verdad. Una verdad que nuestra capacidad de comprensión seguramente no agota.

2. Si te preocupan los problemas ambientales y que se estén quemando miles de árboles en Australia, en tu vida disminuye los desperdicios, compra sólo lo que necesitas y dale un uso adecuado a las cosas. Estoy seguro que ninguno de nosotros se va a morir por no tener un celular nuevo cada año, o por no gastar en los promociones aprovechando las pretendidas rebajas.

3. Si te preocupa la incertidumbre social y política, nada vamos a ganar solo compartiendo memes o alimentando la polarización entre los que apoyan y los que no, mejor dedica una hora de tu tiempo a conocer los mecanismos de participación ciudadana para darle seguimiento al trabajo de nuestros representantes en las labores de gobierno, sean del partido que sean. Por ejemplo, entrar a www.monitorkarewa.org y ver cómo se ejercen los recursos de nuestro municipio.

El 2020 será un buen año si nosotros somos buenos, a imitación de aquel que pasó “haciendo el bien” (Hch 10,38); y seremos buenos haciendo bien las cosas pequeñas que nos tocan, y en la medida de lo posible, con una sonrisa.

-El autor es miembro de las Juventudes Agustino Recoletas de la Parroquia Cristo Sumo y Eterno Sacerdote.

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