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¿Qué me dice hoy el Bautismo de Jesús?

Caminando con el Papa

Por: Cristina Alba Michel

I. El Papa y el Evangelio

Consagrados y ungidos

1. Juan le dice a Jesús que es él quien necesita ser bautizado. Jesús le responde que, “por ahora” justo es que se haga así.

“Jesús no tenía necesidad de ser bautizado”, y el Bautista lo sabía bien, lo que no sabía es que a partir de la presencia de Jesús en las aguas del Jordán, al abrirse los cielos y derramar la voz del Padre y la Unción del Espíritu Santo, el Señor “con su cuerpo, con su divinidad, en su bautismo bendijo todas las aguas, para que las aguas tuvieran el poder de dar el Bautismo”, y más adelante, el Resucitado pidió a todos “ir por todo el mundo a bautizar” (Homilía Bautismo del Señor, enero 12, 2014).

2. “El Bautismo nos introduce en el cuerpo de la Iglesia, pueblo santo de Dios. En este cuerpo, en este pueblo en camino, la fe se transmite de generación en generación: es la fe de la Iglesia”, y “no se puede ser cristiano fuera de la Iglesia, no se puede seguir a Jesucristo sin la Iglesia, porque la Iglesia es madre y nos hace crecer en el amor de Jesucristo”. 

Cuando Jesús con su santo cuerpo atravesó las aguas del Jordán, entró en nuestra muerte, para que nosotros, al recibir el agua en la pila bautismal para morir al hombre viejo, tuviéramos la Vida en Él, por Él, con Él.

3. El Bautismo del Señor nos recuerda que en nuestro propio Bautismo “somos consagrados por el Espíritu Santo. La palabra ‘cristiano’ significa esto, consagrado como Jesús en el mismo Espíritu en que fue inmerso Jesús en toda su existencia terrena. Él es el ‘Cristo’, el Ungido, el Consagrado, y los bautizados somos ‘cristianos’, consagrados, ungidos”.

Es por tanto “muy importante rezar al Espíritu Santo… todos los días. Pueden hacerlo con esta sencilla oración: ‘Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor’. Pueden hacerlo por sus niños [por sus hijos], además de hacerlo por ustedes mismos” (Homilía Bautismo del Señor, enero 11,2015).  

II. Glosas y comentarios

¿Qué me dice hoy el Bautismo de Jesús?

-La fiesta del Bautismo del Señor nos indica el fin del ciclo de la Navidad y nos introduce en el caminar cristiano del tiempo ordinario, de la mano de Jesús que se ha hecho completamente nuestro.

El Evangelio de este día presenta una clara Teofanía, en donde la presencia y manifestación de la Santísima Trinidad -más velada tras la carne humana en las festividades de la Navidad y de la Sagrada Familia- se muestra con gran belleza y ternura.

-La imagen del Espíritu Santo en forma de paloma, además, habla de la paz de Dios que quiere Él volcar sobre la humanidad entera, y la voz del Padre, una voz que abre los cielos y derrama la Unción del Cristo, desea congregar a todos los que serán hijos en el Hijo amadísimo.

-Aquel momento histórico palpita todavía, palpita hoy en el Año Litúrgico y ha sido inmortalizado en los lienzos de numerosos pintores; aquel momento plasma de nuevo en la hermosa Liturgia Católica la inmensidad de este Dios que es Amor, y el amor de cada una de las Personas de la Santísima Trinidad que abrazan en su Ser, en su Luz, a los hombres – pobres pecadores haciendo fila en los márgenes del sepulcro- para rescatarlos y elevarlos a la Vida divina, eterna y feliz; al instante del abrazo perfecto y del día sin ocaso, cuando: “El sol ya no será tu luz, ni la luna te alumbrará de noche: el Señor será para ti una luz eterna y tu Dios será tu esplendor. Tu sol no se pondrá nunca más y tu luna no desaparecerá, porque el Señor será para ti una luz eterna” (Is 60, 19-20).

Pensar

El Bautismo de Jesús que hoy recordamos, se sitúa en esta lógica de la humildad y de la solidaridad: es el gesto de quien quiere hacerse en todo uno de nosotros y se pone realmente en la fila con los pecadores; Él, que no tiene pecado, deja que lo traten como pecador…

Lo que dicta su humildad es el deseo de establecer una comunión plena con la humanidad, el deseo de realizar una verdadera solidaridad con el hombre y su condición. El gesto de Jesús anticipa la cruz, la aceptación de la muerte por los pecados del hombre“.

La voz del Padre atestigua que Jesús es obediente a Él en todo, y esta obediencia manifiesta “el amor que los une entre sí. Por eso el Padre se complace en Jesús”. La voz del Padre “alude también, anticipadamente, a la victoria de la Resurrección y nos dice cómo debemos vivir para complacer al Padre”, comportándonos como hijos, es decir, como Jesús. (Cf. Benedicto XVI; homilía Bautismo del Señor, enero 9, 2011).

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