Artículos, Caminando con el Papa

Familia, ¡levántate!

Caminando con el Papa

Por: Cristina Alba Michel

I. El Papa y el Evangelio

Familia, ¡levántate!

1. La Octava de Navidad ilumina el caminar de la Iglesia, y con la fiesta de la Sagrada Familia ilumina el sendero difícil de numerosas familias que luchan, ya por el pan de cada día en condiciones de grandes injusticias, ya por la supervivencia en medio de graves persecuciones, guerras, terrorismo y plagas ideológicas. El texto de Mateo para esta ocasión representa esa dolorosa actualidad, contándonos los planes malvados de Herodes para matar a Jesús y la pronta acción de José, que “se levanta” para llevar a su familia a Egipto, lejos del peligro del asesino.

2. Como ayer, hoy demasiados Herodes persiguen a Jesús, y en el intento de acabar con Él, dejan sembrados los campos de víctimas inocentes y de prófugos; estos últimos, como Jesús con sus padres, deben abandonar su tierra en busca de paz, de pan, de futuro. En su homilía por la fiesta de la Sagrada Familia -diciembre de 2013- reflexionó el Papa Francisco este mismo fragmento de San Mateo para destacar que “Dios quiso nacer en una familia humana, quiso tener una madre y un padre, como nosotros”, incluso “por el camino doloroso del destierro… José, María y Jesús experimentan la condición dramática de los refugiados, marcada por miedo, incertidumbre e incomodidades”.

3. “Por ello, mientras fijamos la mirada en la Sagrada Familia de Nazaret”, y recordamos en la oración -y cuando sea posible con la ayuda concreta necesaria- a las familias más necesitadas, pensemos cuánto nos ama Dios pues “Jesús quiso pertenecer a una familia que experimentó estas dificultades, para que nadie se sienta excluido de la cercanía amorosa de Dios. La huida a Egipto causada por las amenazas de Herodes nos muestra que Dios está allí donde el hombre está en peligro, allí donde el hombre sufre, allí donde huye, donde experimenta el rechazo y el abandono; pero Dios está también allí donde el hombre sueña, espera volver a su patria en libertad, proyecta y elige a favor de la vida y la dignidad suya y de sus familiares”. Como José lo hizo ayer, familia, ¡levántate hoy!

II. Glosas y comentarios

María es como Dios quiere a la Iglesia

1. Dios es la Fuente, el Origen, el Amor primero sin principio. El hombre, hecho por Él, se alejó de Él y de ese modo separó su destino del de su Creador: Adán y Eva perdieron el Paraíso.

Ante los tristes sucesos, el Señor no se quedó de brazos cruzados para ver morir a su criatura, sino que puso manos a la obra de la Redención, que comenzó con esta palabra: María, Madre de Dios.

Y explicó el Papa, en su homilía de hace dos años con motivo de la Solemnidad de María Madre de Dios: “Aquí está hoy, frente a nosotros, el punto de partida: la Madre de Dios. Porque María es exactamente como Dios quiere que seamos nosotros, como quiere que sea su Iglesia: Madre tierna, humilde, pobre de cosas y rica de amor, libre del pecado, unida a Jesús a quien custodia en su corazón y al prójimo en su vida”.

2. “Contemplemos a la Madre. En su corazón palpita el corazón de la Iglesia… Contemplando a la Madre nos sentimos animados a soltar tantos pesos inútiles y a encontrar lo que verdaderamente cuenta. El don de la Madre… es muy valioso para la Iglesia, que es madre y mujer… La madre sabe custodiar, unir en el corazón, vivificar. Para que la fe no se reduzca sólo a una idea o doctrina, todos necesitamos de un corazón de madre que sepa custodiar la ternura de Dios y escuchar los latidos del hombre”.

Pensar

Jesús, María y José: en ustedes… ponemos nuestra mirada con admiración y confianza; en ustedes contemplamos la belleza de la comunión en el amor verdadero; a ustedes encomendamos nuestras familias para que se renueven en ellas las maravillas de la gracia.

Sagrada Familia de Nazaret, escuela del santo Evangelio, enséñanos a imitar tus virtudes con una sabia disciplina espiritual; danos esa mirada limpia que sabe reconocer la obra de la Providencia en las situaciones diarias de la vida.

Sagrada Familia de Nazaret, custodia fiel del misterio de la salvación, haz que renazca en nosotros la estima del silencio, haz de nuestras familias cenáculos de oración y transfórmalas en pequeñas Iglesias domésticas. Renueva el deseo de santidad, sostén la noble fatiga del trabajo, de la educación, de la escuela de la comprensión y el perdón recíprocos.

Despierta en nuestra sociedad la consciencia del carácter sagrado e inviolable de la familia…

Que cada familia sea morada acogedora de bondad y paz para los niños y ancianos, para quien está enfermo y solo, pobre y necesitado. Jesús, María y José, con confianza rezamos, con alegría a ustedes nos encomendamos”. (Papa Francisco, oración en la fiesta de la Sagrada Familia, 2013)

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