Editorial, En tinta china

Culpables

En tinta china

Por: Luis Efrén

Lamentables y desgarradores fueron los hechos ocurridos en Torreón el viernes 10 de enero. Muchos conocemos el tema: un niño de sexto de primaria disparó con arma de fuego a su maestra y compañeros de clase, luego el mismo infante se quitó la vida. Desearíamos que fuera un hecho ficticio narrado en un libro o novela, pero no. Fue real y sucedió en Torreón, en nuestro México.

Como pasa en estos casos, buscamos siempre culpables; por mi parte hoy me uno a la petición que hizo el Obispo de Torreón: elevemos al cielo la mirada y pidamos el don de la paz. No hay razón para buscar culpables, porque en esta situación lamentable, todos lo somos. Porque somos una sociedad permisiva con estos hechos, permitimos que nuestros hijos vean la televisión donde la destrucción de la vida impera.

Antes, lo más descabellado y sangriento que se podían ver eran las películas de los Almada en los cines, y una que otra que pasaban por la televisión abierta. Hoy las cosas cambiaron, permitimos que entraran en el día a día las narcoseries, las narconovelas. Hoy las portadas de los periódicos y revistas son para anunciar a cuántos mataron, cuántos fueron secuestrados. Se acabaron las buenas noticias en portada. La razón: no venden. Y lo común de hoy es ver sangre y muerte, la dosis diaria. Pero cuando pasan estas cosas, como lo sucedido en Torreón culpamos a los videojuegos, al gobierno. Con el perdón de Ustedes, ni los videojuegos ni el gobierno.

Todos tenemos algo de culpa porque le abrimos la puerta de nuestra sociedad y de nuestra casa a esa cultura de la muerte y del descarte. Aquel niño que disparó fue el producto de todo este consumismo de violencia y muerte. Por ello basta ya de hipocresía y paremos esta barbarie. Es hora de que como padres alejemos a nuestros hijos de esas cosas nocivas que he mencionado. Es necesario poner nuestra atención en los más jóvenes, buscar el diálogo con ellos para que no caigan en las garras de la destrucción.

Cuento esta experiencia. En la colonia donde un servidor vive, las familias son jóvenes en su mayoría. Hay también algunas familias que ya tienen hijos adolescentes y jóvenes. Hoy, viven cerca de mi casa (la casa de Ustedes) dos jóvenes que anteriormente vivían con su madre. Digo “antes” porque a la señora ya no se le ve seguido y al parecer vive en otro domicilio. Los jóvenes tienen menos de 20 años, uno trabaja y el otro no, pero tampoco estudia. Por tanto se mantiene de ocioso en su casa, lo que le lleva a drogarse y cometer delitos. Conocí a este joven cuando todavía estudiaba: su madre siempre fue muy permisiva con él, al grado de que cuando algunos vecinos reclamaban alguna vagancia, la señora lo escondía y defendía, no permitiendo que afrontara la situación.

Y así pasa en el resto de nuestra sociedad. Cuando pasan cosas malas nos escondemos para no enfrentar nuestra responsabilidad y buscamos culpar a otros. Pero pasa la crisis y seguimos igual o peor, no buscamos el remedio adecuado para afrontar lo sucedido y ser mejores personas.

Pidamos a Dios nos regale el don de la sabiduría, para poder llevar por buenos caminos a los más jóvenes y llegar a ser una sociedad llena de valores y virtudes. Y no dejemos de pedir el bendito don de la paz. Que el Señor dirija nuestros pasos.

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