Artículos, Caminando con el Papa

¿A dónde va la luz de Dios?

Caminando con el Papa

Por: Cristina Alba Michel

I. El Papa y el Evangelio

¿A dónde va la luz de Dios?

Hoy reseñamos para ustedes un pequeño fragmento de la Homilía del Papa Francisco en la Misa de Epifanía 2019:

– “La luz de Dios no es para quien brilla con luz propia. Dios se propone, no se impone; ilumina pero no deslumbra. Solemos confundir su luz con las luces del mundo. Seguimos los resplandores del poder y la fama convencidos de servir así al Evangelio. Pero Dios no está allí. Su luz tenue brilla en el amor humilde”. Nosotros, la Iglesia, “no somos el sol de la humanidad. Somos la luna, que a pesar de sus sombras refleja la luz verdadera, el Señor. La Iglesia es mysterium lunae y el Señor es la luz del mundo. Él, no nosotros”.

– Y, ¿a dónde va la luz de Dios? “La luz de Dios va a quien la acoge. La luz divina no impide las tinieblas que cubren la tierra, pero resplandece en quien está dispuesto a recibirla. Por eso el profeta interpela a cada uno: ‘Levántate y resplandece, porque llega tu luz’ (Is 60,1). Es necesario levantarse, disponerse a caminar o quedaremos parados como los escribas de Herodes que sabían donde había nacido el Mesías pero no se movieron. Es necesario revestirse de Dios hasta que Jesús se convierta en nuestro vestido cotidiano. Para ello es necesario despojarse de los vestidos pomposos, de las luces terrenas del éxito y el poder”.

– Los magos sí se levantaron, “para ser revestidos de la luz. Sólo ellos ven la estrella, no los escribas, ni Herodes, ni ninguno en Jerusalén. Para encontrar a Jesús hay que tomar un camino alternativo, el suyo, el del amor humilde, y mantenerlo”. Más aún, los magos “una vez que encontraron a Jesús ‘se retiraron a su tierra por otro camino’. Distinto al de Herodes, alternativo al mundo, peregrinos por los caminos de Dios. Porque sólo quien deja los propios afectos mundanos encuentra el misterio de Dios”.

II. Glosas y noticias

¡Ya vienen los magos!

– Ya vienen los magos. Vienen siguiendo la estrella sorprendente, la que alumbra la oscuridad de las galaxias con su rara luz, el astro que se levanta desde Jacob, que señala el cetro naciente de Israel, astro que brilla por el vencedor de Jacob (Cf. Nm 24,17-19).

Vienen desde tierras lejanas, han dejado atrás sus comodidades, seguridades y opiniones. Han dejado atrás la calidez de su hogar, la evidencia de lo que hasta ahora conocían, la satisfacción de sus logros, el éxito de sus descubrimientos. Han dejado atrás todo eso, y mucho más, para adentrarse en un sendero que jamás habían andado, sin más certeza que la de haber creído en el signo poderoso del Rey anunciado desde los orígenes de las generaciones.

– Ya vienen los magos. Vienen de tierras lejanas, de pueblos distintos, distantes de la Judea, de Belén, de la cuna del caudillo valiente de Israel (Cf. Mi 5,2). Con ellos vienen sus más cercanos, cercanos en el valor y en la fe aunque no siempre en la sangre. Son amigos, ayudantes, compañeros y otros más que también creyeron -al escuchar las ardientes palabras de los magos- en esa nueva luz del cielo que reverbera en el astro misterioso, y decidieron partir ellos también.

En algún momento de la travesía todos los peregrinos se encuentran, se alegran, se fortalecen, intercambian su gozo y su esperanza, y siguen adelante.

– Visten los magos con mantos de realeza, pues un amor nuevo -la caridad que ha llegado al mundo- les mueve a encontrar al retoño de la raíz de Jesé, al Príncipe sobre quien reposará el espíritu del Señor, el que se ceñirá con la justicia y la fidelidad (Cf. Is 11,1-5). Están en camino, buscando al que alegra a la hija de Sión, a la hija de Jerusalén, al que suprimirá el arco de la guerra, proclamará la paz a las naciones y dominará de un mar al otro, hasta los confines de la tierra (Cf. Zac 9,9.10).

– ¡Ya vienen los magos!, y atrás de ellos un séquito de creyentes. Le llevan en sus manos regalos al Recién Nacido -bien que les pese a todos los Herodes, Césares y tiranos de ayer y de hoy-: oro porque es el Rey poderoso, incienso porque le saben Dios, mirra porque es la raíz que florece en tierra seca (Cf. Is 53, 1-10), el varón de dolores, el cordero aplastado por el sufrimiento que llevaría sobre Sí los pecados de todos los hombres.

Pensar

¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti! Las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad a las naciones, pero sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti. Las naciones caminarán a tu luz y los reyes al esplendor de tu aurora” (Is 60,1-3).

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