Reportajes

Un sacerdocio del pueblo y para el pueblo

Jubileo dorado del P. Camilo Daniel Pérez

Por: Karen Assmar Durán

Perteneciente al Clero de la hermana Diócesis de Cuauhtémoc-Chihuahua, el P. Camilo Daniel Pérez es un sacerdote muy conocido y apreciado en esta Arquidiócesis. Ha sido con ocasión de su 50º aniversario de Ordenación que Notidiócesis charló con el festejado, quien comparte para nuestros lectores sobre sus muchas vivencias a lo largo de cinco décadas de fecundo ministerio.

En la orfandad

Nacido el 30 de enero de 1944 en el Mineral de Ocampo, Camilo fue el más pequeño de cuatro hijos de Evaristo Daniel y Ana María Pérez, familia que vivió la tragedia de perder al padre cuando el bebé contaba con apenas seis meses de edad.

Al enviudar, doña Ana se cobijó bajo la protección de familiares en Cuauhtémoc: “Mis hermanos no tuvieron mucha oportunidad de estudiar como la tuve yo, porque como mi mamá quedó viuda muy joven y no se volvió a casar, entonces mis hermanos se pusieron a trabajar. Hasta cierto punto yo fui el más protegido de la familia, y mi hermano mayor prácticamente fungía como mi papá y nos cuidaba a los demás hermanos”.

Sus tres hermanos: Eduardo, Manuel Ángel y Eva, al igual que su madre, ya fallecieron.

Monaguillo y seminarista

En la capital manzanera el pequeño cursó sus estudios de primaria y acudía al catecismo a la entonces parroquia de San Antonio, cuyo templo estaba en construcción. Fue entonces cuando una catequista le propuso: “‘Oye Camilito, ¿no te gustaría ser monaguillo?’ ‘Pues sí’, le dije. ‘Bueno, mañana te presentas con el padre en Misa de 7am y le dices que quieres ser monaguillo'”. Ese lunes el chiquillo -lo recuerda muy bien-, se aprontó en la sacristía ante el párroco P. Jesús Esquivel, de feliz memoria: “Me presenté y le dije que quería ser monaguillo, y él le dijo a otro que estaba ahí: ‘Consíguele una sotana y una cota que le quede’, y a partir de ahí me hice muy amigo del padre, casi casi él fue como un papá para mí, un gran sacerdote, muy dedicado. La parroquia era todo el pueblo y tenía como unas 20 comunidades que él visitaba; en las chanzas que yo tenía lo acompañaba a los pueblitos, a los ejidos, para la celebración de la Misa”.

Confesó que fue su figura sacerdotal, su trato amable, generoso y bondadoso para con todos, lo que le motivó a ser sacerdote. A ello abonó el que en una de las ocasiones que acompañó al P. Esquivel a Chihuahua capital, fueron al Seminario: “Mientras él arreglaba sus asuntos yo tuve chanza de ver el Seminario; me animó mucho ver a los seminaristas estudiando”.

No pasó mucho tiempo cuando en un encuentro que dirigieron en Cuauhtémoc los padres Vicente Gallo y P. Alfonso Payán -en aquel tiempo responsables de la Pastoral Vocacional- y al cual acudieron muchos niños, al pedirles que levantaran la mano los que quisieran ir al Seminario y ser padrecitos, “yo luego luego la levanté. Me acuerdo que un amiguito me decía: ‘No levantes la mano, porque te van a llevar’, y yo le decía muy animado: ‘Qué le hace, que me lleven'”.

De este modo, apenas concluyó la primaria, el 14 de septiembre de 1957 Camilo ingresó al Seminario de la mano del P. Esquivel, el sacerdote que tanto admiraba. Su madre, afirmó, “me imagino que habló con el padre; pero nunca me dijo ‘¡qué bueno, mijo, vete!’, ni nunca me dijo ‘no te vayas’, permaneció como neutral; nada más me dijo: ‘Recuerda que a quien tú le debes es a Dios, ten en cuenta que todo es para Dios’, y me dio la bendición cuando me fui”.

Del Seminario a México

Recordó que eran más de cien los niños que ingresaron, y aunque era muy pequeño, tenía conciencia de a lo que iba: “Lo único que me desanimaba era lo largo de los años”.

Realizó el curso Previo, cuatro años de Humanidades (secundaria y prepa), tres de Filosofía y cuatro de Teología, “se me hacía eterno, pero una de las cosas interesantes del Seminario es que están jóvenes con jóvenes, es decir, entre estudio, oración, deporte y actividades, iba asimilando la vida del Seminario”.

Dos de los cuatro años de estudios teológicos los cursó en el Seminario Conciliar de México, como alumno en el Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos (ISEE). Al respecto, comentó: “Estar en México me abrió un panorama muy interesante sobre el Concilio Vaticano II, que comenzaba una ‘revolución’ cristiana católica y vivirlo en esa metrópoli, con todo lo bueno y no tan bueno que pudiera haber, a mí me ayudó bastante”.

El anhelado sacerdocio

Según lo acostumbrado, Camilo recibió las Órdenes menores y el subdiaconado; fue ordenado diácono en la capilla del Seminario de México por el Sr. Obispo Francisco Orozco Lomelí, el 29 de junio de 1969.

Regresó a Chihuahua como maestro formador en el Seminario y el 20 de diciembre de 1969 el Sr. Arzobispo Adalberto Almeida y Merino les confirió a él y a Nicolás Ibarra el sacerdocio: “Recuerdo que ese día yo me sentía muy en paz, sereno, tranquilo; no recuerdo que haya estado con miedo o pensando qué va a pasar, sino como una consecuencia lógica de todo mi caminar: ¡Al fin!”.

El neosacerdote fue enviado en 1971 a estudiar la licenciatura en Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma y, aprovechando que la universidad tenía una extensión en Jerusalén, cursó en la Ciudad Santa todo un semestre: “Estudié un poco el idioma hebreo y cuestiones de geografía y arqueología bíblica. Fue una experiencia muy bonita, muy interesante porque fue ir conociendo los diferentes lugares y los pasos por donde anduvo Jesús y algunas zonas del Antiguo Testamento donde anduvieron los Patriarcas”.

Compartió que volvió a Tierra Santa hace tres años por dos cosas: para hacer unos ejercicios espirituales en preparación a este jubileo y para atender la invitación de una universidad española a participar en un encuentro de profesores. “Me aventé dos meses en Jerusalén. Yo traía la inquietud de hacer el libro que he estado presentando Tras las huellas de Jesús, el Cristo, que es una narración novelada de la vida de Jesús desde el punto de vista humano, el Jesús histórico”. Sacándole tiempo al tiempo, dijo, en dos años se concretó esta obra presentada en varias ciudades y agotado su primer tiraje, de modo que habrá que esperar la segunda edición.

De nuevo al Seminario

Regresó de Roma en 1974 directo al Seminario, donde pasado un año le nombraron rector. “Cuando estaba de rector atendía la capellanía de Santa Rosa, ahí formé un grupo de jóvenes que éramos entre cien y doscientos. Yo estaba chavalón, así que haz de cuenta que fui pandilla con ellos: hacíamos una cosa y otra, claro que mi obligación principal era con el Seminario, pero esos jóvenes a muchos de ellos yo los casé o fui alcahuete, porque ahí se conocieron varias parejitas”.

Cabe mencionar que el viernes 29 de noviembre, un nutrido número de quienes conformaban ese grupo se reunieron para celebrar con el P. Camilo su jubileo, ofreciendo la Eucaristía en Santa Rosa y participando en posterior convivencia.

Primera parroquia

En 50 años de ministerio, tres han sido sus parroquias: la de Anáhuac, la Catedral de Cuauhtémoc y la co-Catedral de Madera, pero ha tenido muchas encomiendas principalmente en el campo social.

En 1981 llegó a la parroquia de San José Obrero, en Anáhuac, donde se ubica la planta de celulosa, ponderosa y viscosa o fibra sintética. Ahí, debido al cierre de parte de la planta y el consecuente despido de unos 1000 empleos directos y la pérdida de otros 5000 indirectos, el P. Camilo apoyó a la comunidad para afrontar la difícil situación económica encabezando proyectos de trabajo cooperativo que han sido muy exitosos. Destacó tres debido a su importancia y permanencia:

1) Una cooperativa de consumo que comenzó como una tiendita con cinco señoras encargadas y que se transformó en un súper muy bien organizado y regulador de precios en la región.

2) Una funeraria con todos los servicios, que actualmente tiene varias capillas y cumple con todos los requisitos de ley.

3) Vivienda digna, proyecto que bajo el nombre de “Hábitat para la humanidad” ayuda a que los hijos de Dios en necesidad tengan una vivienda digna donde guarecerse.

También en Anáhuac, el P. Camilo focalizó su atención para con los campesinos: trece comunidades de la seccional de Anáhuac muy marginadas. “Las comencé a visitar y darme cuenta de la situación abandonada en que vivían. Logramos, gracias a la Palabra de Dios, con material que yo mismo preparaba con dibujitos, una evangelización concientizadora, que ayudara a hacer crítica de la realidad que vivían… Eso les ayudó mucho ante todo para darse cuenta de su dignidad como personas y como hijos de Dios, para actuar organizados, unidos, ante problemas familiares y de otra índole; así logramos, por ejemplo, que se metiera la luz eléctrica o se perforaran pozos para tener agua o realizar diversos proyectos productivos” que han significado “mucho esfuerzo humano, mucha organización y mucha fe más que dinero”.  

En 1995 se erigió la Diócesis de Cuauhtémoc-Madera y el P. Camilo quedó incardinado allí. El año 2000 fue secretario ejecutivo de la Comisión Episcopal de Pastoral Social y en noviembre de 2005, después de 24 años en Anáhuac, fue nombrado párroco de la Catedral de Cuauhtémoc, cargo que recibió pero no asumió del todo porque le solicitaron nuevamente como secretario ejecutivo de Pastoral Social. Estando en este cargo acudió en mayo de 2007 a la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida, Brasil: “Fuimos dos sacerdotes invitados del país, un servidor y el P. Rodolfo Reza de Torreón. La Conferencia fue todo mayo y a partir de junio anduve ‘de tingo lilingo’ dando a conocer el Documento en todo México”. Fue también vicario general.

Diez años más tarde, en 2017, dejó de ser vicario general y recibió la parroquia de Madera, dedicada al Sagrado Corazón de Jesús. En esta población ” muchas familias han salido por la violencia pero también por cuestiones económicas de desempleo, y como a mí no se me olvida el trabajo cooperativo, estoy apoyando una cooperativa mueblera donde son puras mujeres las carpinteras, estamos por formar una cooperativa sotolera de tipo familiar y apoyo en lo que puedo. Se piensa que este tipo de cosas no le corresponde a la Iglesia, no le corresponde meterse en política, en lo social, pero… lean mi libro”.

Con su grupo de jóvenes de Santa Rosa, por él formado; hoy muchos de ellos ya son abuelos. Le acompañaron en la Eucaristía ofrecida el viernes 29 de noviembre y en su honor organizaron un festejo posterior.

Cincuenta años

Manifestó que todos estos años “se me pasaron muy rápido”, años de sacerdocio que “han sido al lado del pueblo y para el pueblo, con una óptica muy sencilla: si yo todos los domingos predico el amor de Dios y no lo practico, especialmente con aquella gente más maltratada de la vida, entonces no estoy siendo congruente con lo que estoy predicando. No debes ni puedes ser omiso; como dice un teólogo: ‘Le hemos quitado el mordiente liberador que tiene la Palabra de Dios'”.

No obstante, no dudó en afirmar que ha sido pleno y feliz en su sacerdocio y para explicarlo puso un ejemplo: “Como el niño que está en una alberca y quiere tirarse un clavado y no se anima, hasta que se anima y se lo echa y se da cuenta que qué suave y al ratito va y va, así me pasa a mí con mi sacerdocio: me eché el clavado a la alberca del compromiso social de la fe y descubrí un panorama que me gustaría que muchos descubrieran”.

Para concluir, dio gracias en primer lugar a Dios y en segundo “al pueblo que me formó como sacerdote. Sólo pido al Señor me siga ayudando a disfrutar el sacerdocio como lo he hecho hasta ahora”.

Festejos

El P. Camilo ha sido y será objeto de diversos homenajes, como el ya mencionado de Santa Rosa:

Anáhuac: santa Misa viernes 6 de diciembre, 6pm, parroquia San José Obrero.

Madera: santa Misa viernes 20 de diciembre, 12pm, co-Catedral Sagrado Corazón.

Cuauhtémoc: santa Misa viernes 17 de enero, 5pm, Catedral San Antonio.

¡Enhorabuena!

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