Santo de la Semana

San Patapio de Constantinopla

Nació el año 380 en el seno de una devota familia cristiana de Tebas (Egipto). Sus padres le educaron según la fe, por lo que desde niño adquirió “espíritu de poder, de amor y templanza” (2Tim 1,7), lo cual se evidenció aún más mientras crecía, dando ejemplo a los demás de gobierno de sí mismo y de pureza.

Sus padres le procuraron además una excelente educación académica con maestros traídos de Alejandría para instruirle en matemáticas, filosofía y retórica, formación que le permitió discernir sobre la transitoriedad de este mundo y optar por un modo de vida austero. Asistió además a la famosa Escuela de Alejandría, donde su maestro Dídimo le inspiró aún más para desear el camino ascético, de modo que decidió abandonarlo todo, repartir su herencia entre los pobres y retirarse al desierto donde vivió varios años como solitario.

Sus días transcurrían entre la piedad, la oración y el estudio, pero sin olvidarse del prójimo que pasaba por el lugar y al que ofrecía hospitalidad y descanso en su humilde morada, y pudiera luego continuar el camino. También aprovechaba la ocasión para, con consejos espirituales, encaminar las almas hacia su salvación.

La fama del ermitaño Patapio se extendió rápidamente y muchos le buscaban para escuchar de su boca las enseñanzas del Evangelio; sin embargo, cuanta más gente se allegaba, más trataba él de ocultarse. Viendo entonces que no podría conservar la paz y soledad que su alma anhelaba, partió hacia Constantinopla el año 428.

En su camino a la capital del Imperio de Oriente se detuvo en Corinto (Grecia), donde habitó una cueva por aproximadamente 7 años. Cuando al fin llegó a Constantinopla, se afincó en la zona de Blanquerna (en la actual Estambul, Turquía), donde por un tiempo vivió tranquilamente entregado al ayuno, la penitencia y la oración.

De nueva cuenta descolló por su vida santa y humilde, lo que atrajo numerosos visitantes a los que Patapio aconsejó y también tuvo ocasión de realizar en el nombre de Cristo y con sólo trazar la señal de la cruz varios prodigios: a un niño ciego le devolvió la vista, curó a un hombre prominente que padecía hidropesía, liberó a un joven de un espíritu inmundo que le atormentaba cruelmente, curó a una mujer que sufría de cáncer de mama…

Puesto que cada día eran más los que querían ser sus discípulos, Patapio dispuso se construyera el monasterio llamado “de los Egipcios”, donde recibía a todos los que buscaban de Dios sanidad, consuelo e instrucción por medio de su siervo.

Tras una vida adornada con la virtud y los milagros, durmió Patapio en el Señor el año 463. Fue sepultado en Constantinopla y durante la invasión otomana su cuerpo fue llevado a una pequeña cueva en Corinto, según su deseo. En este lugar, detrás de un muro, fue descubierto el año 1904 en estado incorrupto y emanando un suave aroma.

Especialmente venerado en Oriente, el Martirologio Romano inscribe su festividad el 8 de diciembre.

San Patapio de Constantinopla

(380-463)

Ermitaño y monje, natural de Tebas (Egipto), quien después de repartir toda su herencia entre los pobres se retiró al desierto, donde llevó vida de piedad, penitencia y caridad, ya que a cada persona cansada que pasaba por su morada le ofrecía hospitalidad y descanso para que pudiera luego continuar su camino, y aprovechaba para edificar las almas y encaminarlas al Cielo.

Célebre por su santidad de vida y hacedor de milagros, esta fama le acompañó hasta Constantinopla, donde fundó el Monasterio de los Egipcios donde recibió a los muchos que deseaban ser sus discípulos.

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