Artículos, Escala de Jacob

¿Por qué lloras, María?

Escala de Jacob

Por: Cristina Alba Michel

El 31 de mayo de 1954, Ida Peerdeman recibió el siguiente mensaje, y se le pidió darlo a conocer a la Iglesia: “Cuando el último dogma de la historia mariana sea proclamado, entonces la Señora de Todos los Pueblos dará Paz, la verdadera Paz al mundo”.

1. Corría abril de 2018, a punto de concluir el año especial del Centenario de Fátima, cuando en Costa Rica, Guatemala y España varias imágenes peregrinas de Nuestra Señora de Fátima -y una de San José- lloraron lágrimas humanas. En México y Estados Unidos ese mismo año, sucedió algo similar en respectivas imágenes de la Virgen de Guadalupe, que lloraron lágrimas de un aceite perfumado semejante al de oliva.

Hace pocos días, en Nicaragua que sufre, otra imagen de Nuestra Señora derramó lágrimas.

En ninguno de los casos se ha descubierto fraude; en todos se trata de fenómenos “inexplicables por causas naturales”. Con prudencia, sin embargo, añadimos que la Iglesia no se ha pronunciado más allá y nos mantenemos en obediencia a ella.

2. Por otro lado, entre octubre y noviembre se solicitó nuevamente al Papa Francisco la proclamación del dogma de la Corredención de María. Sería el último dogma mariano en la historia, para coronar la misión y vocación de María -y de la Iglesia-. La solicitud se hizo en medio de esta crisis generalizada, eclesial y mundial, entre guerras, calamidades políticas, sociales y naturales que parecen multiplicarse. Todo esto, que ha de mantener alerta al creyente, debe mirarse desde la fe como dolorosos signos de los tiempos que sin embargo gritan la presencia y la acción de Dios en la historia. Y, relacionados con esas lágrimas de María, nos preguntamos por qué. ¿Por qué las lágrimas humanas y las lágrimas de aceite perfumado? ¿Por qué lloras, María?

3. ¿Es dolor, tristeza o indignación por los hijos que no quieren volver? ¿Lloras por los sufrimientos de la humanidad, por el abandono de la fe? ¿Acaso por la Iglesia, por los sacerdotes, por la rebeldía contra el Papa y las divisiones internas?

Puede ser. ¡Pero también de alegría se llora! Y dicen quienes han visto en persona “llorar” estas imágenes, ¡que María llora de alegría! ¿Por qué? Porque pese a todos los intentos en contra, “la Señora de Fátima atravesó victoriosa un siglo y hoy nos vuelve a hablar, ya no con palabras que puedan ser escondidas, sino mediante el elocuente lenguaje de las lágrimas, las cuales no serán puestas en secreto”. Como si Dios nos repitiera: “Estoy por hacer algo nuevo, ya está germinando, ¿no se dan cuenta? […] haré brotar agua en el desierto y ríos en la estepa, para dar de beber a mi Pueblo” (Is 43, 19-20).

4. Sí, el Espíritu grita que algo nuevo está germinando. Por eso traigo nuevamente a estas páginas el tema del eventual dogma de la corredención de María. Al hacerlo no pretendo dar mi opinión personal, sino hablar de los numerosos acontecimientos que parecen apuntar a que será pronto, entre ellos, los arriba mencionados.

Fieles, sacerdotes, obispos y cardenales que a sus predecesores y últimamente al Papa Francisco solicitan la proclamación del dogma, lo hacen unidos a Santa Teresa de Calcuta y San Juan Pablo II que lo deseaban; a San Maximiliano Kolbe que lo intuyó, a San Luis María Grignion de Montfort quien lo plasmó en sus bellos libros El Secreto de María y el Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen. Y a muchos más. Pero, ¿quién fue el primero en solicitarlo formalmente?

5. Fue Dios mismo quien primero lo pidió a la Iglesia a través de Nuestra Señora de Todos los Pueblos durante las apariciones ocurridas en Ámsterdam, Holanda, a mediados del siglo XX (1945-1959), reconocidas pronto por la jerarquía local. Todos los mensajes -excepto el dogma y la realización de la paz- se han cumplido. La Señora anunció guerras, catástrofes e ideologías y habló del futuro de la Iglesia y la humanidad. La devoción a María en esta advocación, y la oración que Ella nos dejó, corren por el mundo entero.

La última aparición ocurrió en mayo de 1959, y en 1973 de nuevo el Cielo insiste en el dogma que “traerá la verdadera paz”.

6. Así, en enero de 1975 la hermana Agnes Sasagawa, que vive aún, comienza a ser testigo de un fenómeno: una estatua de la Virgen María comienza a llorar. Lo hace durante 6 años 8 meses, la última el 15 de septiembre de 1981 ¡en la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores!

El total de lacrimaciones fue de 101. Destacamos que: la imagen que lloró era una talla en madera inspirada en la imagen de Nuestra Señora de Todos los Pueblos. El artesano que la hizo era un japonés budista, devoto de la imagen. El número 101 -le fue revelado a Sor Agnes- tiene que ver con el misterio de la corredención de María: el primer 1 es Eva, el cero es la eternidad de Dios, el segundo 1 es María, la Mujer de Génesis y Apocalipsis, la que vence a la serpiente o dragón.

Aprobados los fenómenos por la Iglesia y declarados por el entonces Cardenal Ratzinger “continuación de Fátima”, son también dignos de fe por la probada obediencia a sus obispos y superiores de la vidente. Como probada obediencia mostraron los pastorcitos antes y hoy la han guardado los fieles que han visto las recientes lacrimaciones.

7. Hoy ante nuestros ojos corporales y los de la fe el mensaje de Fátima cruza veloz el mundo. Se siguen multiplicando cenáculos, grupos del Rosario, iniciativas de consagración de fieles y parroquias al Inmaculado Corazón. Muchos, en lo escondido, se apuntan a la conversión, el ayuno y la penitencia. Cada vez más sacerdotes son ganados por María para ser más fieles a Jesús. Incluso ciudades y naciones están siendo consagradas a Ella, que parece decirnos: “en breve mi Inmaculado Corazón triunfará”. ¡No sin lucha, no sin dolor, pero la victoria será! Y aunque no sabemos qué significa “pronto” para Dios, sí sabemos que está “más cerca que nunca”, como dijo Ella en Ámsterdam.

¿Por qué lloras, Madre? ¡Misterio son tus lágrimas, de agua, de oliva y bálsamo! Ellas evocan las que derramaste en tu vida, sobre todo en el Calvario. Las lágrimas de aceite evocan la presencia en ti del Espíritu Santo, tu Esposo divino. Él, que lloraba contigo, te sostuvo de pie bajo la Cruz en la que Cristo, el único Señor y Redentor nos redimió. “Estaba, al pie de la Cruz, su Madre” (Jn 19,25).

Share this Story
  • Artículos Escala de Jacob

    ¿Por qué lloras, María?

    Escala de Jacob Por: Cristina Alba Michel El 31 de mayo de 1954, Ida Peerdeman recibió el siguiente mensaje, y se ...
Load More Related Articles
Load More In Artículos

Check Also

El futuro de la Iglesia

Solemnidad de la Inmaculada Concepción Por: Cristina Alba ...

Anuncio