Hagamos lío, Miscelánea

Manos listas para trabajar

Hagamos lío

Por: Iván Gallegos Olmeda

Hemos concluido la XXII Asamblea Diocesana de Pastoral bajo el tema central de los jóvenes. Durante dos días (y un largo trabajo previo) pudimos poner sobre la mesa las problemáticas de los jóvenes, además de sus fortalezas y las oportunidades para nuestra Iglesia.

¿Y después de eso qué? Las manos están listas para trabajar pero, ¿en qué, en dónde, quién nos coordinará?

Quiero decirles que no comenzamos desde cero. Nuestra Madre Iglesia ha trabajado para nosotros, nos da la base y el Papa Francisco nos lanza con su reciente exhortación apostólica Christus Vivit. Veamos:

Lo primero que hemos de definir, la Pastoral. Nuestros esfuerzos no se pueden dirigir de manera aleatoria a la juventud, y Monseñor Constancio Miranda nos convoca a trabajar con los jóvenes desde el interior de la Iglesia. Eso precisamente significa la palabra “pastoral”, el esfuerzo de guiar, como pastores, al Pueblo de Dios, en este caso a los jóvenes y siguiendo el modelo de “Iglesia en salida”, como ha dicho el Papa. Es decir, abrirse a los habitantes de todas las periferias, físicas y existenciales.

No somos una Iglesia que sale y abandona sus estructuras, que deja la puerta abierta y se olvida de su casa dejándola solitaria, a merced del polvo y las telarañas. Somos Iglesia en salida, pero eso se completa con “Iglesia que regresa”, es decir, llegan a ella más jóvenes de los que habían salido a la misión pastoral.

¿Qué sería de la parábola del Hijo Pródigo sin su regreso a la casa del Padre? ¿O acaso el Buen Pastor que salió por la ovejita perdida no regresa nunca a ver a las otras 99?

¡Pastoral! La Asamblea nos invita a organizar, estructurar, sistematizar, es decir, pastorear. Este no es un mandato gris, sino que está lleno de matices: jóvenes que evangelizan jóvenes. La Buena Nueva del Evangelio con nuevo color, olor y sabor. Siendo el mismo anuncio, el Kerigma, cada vez es totalmente nuevo.

Abandonemos las estructuras caducas, los caducos pensamientos. Nada de que “los jóvenes no son comprometidos”, “los jóvenes cargan las sillas, limpian la basura, sirven de meseros”, “con que estén aquí en la iglesia es suficiente, ¡como está el mundo!”.

Todo eso es caduco y los jóvenes necesitan novedad. Todos la necesitan. ¿Acaso nuestra Iglesia es caduca? ¡Nunca! Es siempre la misma pero sus métodos, sus herramientas, son nuevas. Nueva evangelización, nueva pastoral, nuevos ánimos en todo: parroquia, párroco, hogares, visiteo, apostolado, caridad, ¡evangelización! De un extremo a otro del territorio, enviados por la cabeza que es el párroco unido al obispo, pastor en nombre de Cristo y primer motivador de los jóvenes.

¡Pastoral!, esto es, procesos: no eventos y retiros solos, no misiones sin seguimiento. El Kerigma, no la moral y la doctrina aisladas. Catequesis que profundice el Kerigma y haga discípulos, no temas desconectados y aleatorios. Acción social, no frutos amargos y tristes. Vocaciones, no confusión de intereses desorientados. Eucaristía, no una reunión en la iglesia con desconocidos.

¡Pastoral! ¡Evangelización! ¿Cómo puede decirse rebaño de las personas que no conocen a su Pastor? Que nadie se pronuncie misionero si primero no es capaz de confesar con sus labios: “¡Amo a Jesús, mi Salvador y Señor!”, de todo corazón, en cualquier lugar, día y hora.

Me llamo cristiano porque conozco a Cristo, ¡me encontré con Él! Y todo lo demás me parece basura en comparación, dice San Pablo.

El amor nos empuja, si no hay misión no hay amor, si no hay amor es porque no hay evangelización, no hay encuentro, ¡no hay Jesús!

La Iglesia es una vela y su fuego es el Espíritu. ¡En su naturaleza está iluminar y calentar! ¿Hemos perdido nuestra luz y calor? ¡No estamos siendo Iglesia! Regresemos al primer amor en el Espíritu.

Vuelvo a decir: los jóvenes necesitan novedad, pero nada ni nadie más nuevo que Jesús. Sea este nuestro primer paso. Quiero por último hacer eco de las palabras de Monseñor Constancio: “no digamos ‘deberíamos’, lo estamos haciendo ya, hoy, ahora. Tú y yo. No mañana, no después, no otros. La mies está madura, los peces aguardan por valientes pescadores. Amén.

-El autor es miembro del Grupo Kerygma, evangelización juvenil.

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