Artículos, Escala de Jacob

Madre, une a tus hijos

Escala de Jacob

Por: Cristina Alba Michel

“Ella está allí en cada generación de la Iglesia, intercediendo ante su Hijo por sus hijos, llevándolos hacia Él activamente, unidos como uno en Él”.

1. Le dijo María a su Juan Dieguito: “Sábelo, ten por cierto, hijo mío el más pequeño, que yo soy la Perfecta Siempre Virgen Santa María, Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive […]. Yo en verdad soy vuestra Madre compasiva, tuya y de todos los hombres que en esta tierra estáis en uno, y de las demás variadas estirpes de hombres”.

Las dulces palabras de María fueron cumpliéndose desde el primer momento. A lo largo y ancho de todo lo que hoy es México y por toda la América hacia el norte y hacia el sur, en la entera Hispanidad, la devoción a su sagrada imagen se arraigó en todos los pueblos que formaron el Nuevo Mundo. ¡Se unían, por fin, después del tremendo choque inicial!, y lo que los comprometidos frailes no consiguieron, lo consiguió la Reina del Cielo desde un principio. La imagen guadalupana nunca fue extraña para ninguno; de todas partes llegaban visitantes a buscar en ella aliento y consuelo, a presentarle sus dones y acciones de gracias. Los unos miraban a su dulce “Madrecita”, venida para remediar sus males, su pena, su abandono. Los otros miraban a la Inmaculada Madre de Dios, la doncella del Génesis que aplasta la cabeza de la serpiente, y la mujer del Apocalipsis vestida de Sol.

Muy pronto, aquel Acontecimiento que en un primer momento no tuvo el beneplácito de varios notables misioneros, anidó en cambio en el corazón de Obispos y Papas.

2. El 7 de octubre de 1571, 40 años después de las apariciones y antes de comenzar la Batalla de Lepanto que dispersó el peligro de los turcos sobre Europa, el gran San Pío V comenzó su propia batalla espiritual justo enfrente de una copia de la imagen de la Señora de Guadalupe mexicana: Delante de ella imploró la victoria, y delante de ella añadió al Ave María sus palabras finales: “Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”. ¡Otra imagen de la Señora del Tepeyac acompañaba a los combatientes desde la nave capitana!, llevándoles a la victoria.

Otros pontífices que han tenido que ver con Nuestra Señora son Clemente IX, Benedicto XIII, León XIII, Pío X, Pío XI y Pío XII.

Mas sin duda el Papa Benedicto XIV supo expresar el asombro de sus predecesores y sucesores, cuando sorprendido ante la copia de la sagrada tilma, realizada por el pintor novohispano Miguel Cabrera, entre lágrimas exclamó: “¡No ha hecho cosa igual con ninguna nación!”, y tres años después -en 1754- ordenó solemnizar la fiesta del 12 de diciembre con oficio y Misa propios.

3. El fenómeno no se detiene, y en el año 2011, por primera vez en la Basílica de San Pedro, el entonces Papa Benedicto XVI celebró una Misa Solemne en honor a Nuestra Señora de Guadalupe. De nuevo lo hizo al año siguiente y el Papa Francisco ha continuado en este tenor.

Y no solamente el mundo Hispano, también hoy en los Estados Unidos se le rinde un bello tributo a Nuestra Señora a través de la Misa de las Américas, celebración litúrgica que une el culto a la Inmaculada Concepción, patrona de los Estados Unidos, y el culto a su advocación como Nuestra Señora de Guadalupe, patrona y Reina de México y emperatriz de América y de la Hispanidad. Esta Misa ha sido escrita con textos en latín, español, inglés y náhuatl: se reúne así el rito latino extraordinario con el rito nuevo u ordinario, se reúnen también el mundo hispano y el mundo anglo, y se integra en ambos al mundo indígena, a los habitantes originarios de las Américas, representados por la lengua de Juan Diego.

4. Es verdad que desde aquella vez en Zaragoza, cuando el Apóstol Santiago vio a la Santísima Virgen sobre un pilar, y todas las subsiguientes manifestaciones marianas reconocidas ya por la Iglesia, la Madre de Dios “ha aparecido en todos los rincones de la tierra… especialmente en momentos turbulentos y amenazantes de la historia, presentándose a sus hijos para amonestar y consolar, para exhortar y revelar, para llamar a la oración y a la penitencia, para que todos sus hijos puedan ser conducidos más profundamente al corazón de su Hijo, para que ‘sean uno'”. Pero es verdad también que nunca antes “Dios se había revelado a Sí mismo a través de su Madre para ganar un nuevo pueblo cristiano para Sí”, como se reveló en el Tepeyac.

Hoy, a casi 500 años de distancia del Acontecimiento Guadalupano, vemos con más claridad aún que ese nuevo pueblo no incluye sólo a indígenas y españoles: Ella vino para abrazar y reunir bajo su manto a todos sus hijos.

La Misa de las Américas

Escrita por Frank La Rocca, compositor del Instituto Benedicto XVI, la Misa de las Américas está compuesta por 16 coros mixtos, órgano, cuarteto de cuerdas, campanas y marimba. Está escrita en español, latín, inglés y náhuatl -este último corresponden a la oración del Ave María- y, aun cuando se compuso para el rito latino antiguo, incorpora himnos mexicanos marianos tradicionales, en especial la Guadalupana. Esta mezcla de elementos de la antigua tradición litúrgica con elementos locales, expresa justo lo que Nuestra Señora del Tepeyac quería, la unión y la unidad bajo Cristo.

Se presentó la obra por vez primera el 8 de diciembre de 2018 en la Catedral de San Francisco. Este año, el 16 de noviembre se celebró con carácter nacional justo en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, en Washington.

El inspirador de esta Misa es el actual Arzobispo de San Francisco, Monseñor Salvatore Cordileone -de ahí que la primera se celebrase en su Arquidiócesis- para honrar a la Santísima Virgen en sus dos advocaciones más veneradas en América y unir así a las iglesias hispanas y angloparlantes a través de la Liturgia y de sus respectivas tradiciones de música sacra.

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