Comentario al Evangelio

La misión del Bautista

Comentario al Evangelio del III Domingo de Adviento (Mt 11,2-11)

Por: Mons. Luis Carlos Lerma Martínez

El tercer domingo de Adviento, el evangelio de San Mateo nos presenta a San Juan Bautista, el precursor de nuestro Señor. En la cercana espera de la celebración del nacimiento de Jesús, Juan Bautista tiene mucho que enseñarnos.

La misión de Juan está muy clara, preparar el camino al Señor (ver Mt 3,3). Juan sabe muy bien quién es Jesús, pues había recibido una señal que le indicaría a quién le prepararía el camino. Leemos en Jn 1,32-34: “Juan dio testimonio diciendo: -Yo he visto que el Espíritu bajaba desde el cielo como una paloma y permanecía sobre él. Yo mismo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquél sobre quien veas que baja el Espíritu y permanece sobre él, ése es quien bautizará con Espíritu Santo”. Y como lo he visto, doy testimonio de qué éste es el Hijo de Dios”.

Antes de saber para quién trabajaba, Juan le decía a la gente que se le acercaba: “Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno a quien no conocen. Él viene detrás de mí, aunque yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias” (Jn 1,26-28). Y después de saber quién es Jesús y que para él ha estado preparando al pueblo, les anunciaba: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A éste me refería yo cuando dije: “detrás de mí viene uno que es superior a mí, porque existía antes que yo”. Yo mismo no lo conocía; pero la razón por la cual yo bautizo con agua es para que él se manifieste a Israel” (Jn 1,29-31). También afirmaba acerca de Jesús: “Es necesario que él crezca y que yo disminuya” (Jn 3,30).

Así que, si Juan Bautista envió a unos discípulos suyos a preguntar a Jesús: “¿Eres tú quién tenía que venir, o debemos esperar a otro?” (Mt 11,3), no es porque dudara, o se hubiera decepcionado de Jesús, sino que quería que sus discípulos conocieran de primera mano el testimonio del mismo Jesús, de sus propios labios, que en Jesús se cumplen las Escrituras Sagradas. Fue lo mismo que hizo el día de la resurrección con los discípulos de Emaús, que “empezando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que decían de él las Escrituras” (Lc 24,27).

La respuesta de Jesús es “vayan y cuenten a Juan lo que están oyendo y observando (esto los convierte en testigos; 1Jn 1-3); los ciegos ven (Mt 9,27-31), los cojos andan (Mt 9,1-7), los leprosos quedan limpios (Mt 8,1-4), los sordos oyen (Mc 7,31-37), los muertos resucitan (Mt 9,18-26) y a los pobres se les anuncia la buena noticia (Mt 5,1-7,29)” (Mt 11,4-6). Con esto, Jesús les dice que se está cumpliendo lo que decía el profeta Isaías: “¡Ánimo, no teman!; miren a su Dios… viene en persona a salvarlos. Se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán, saltará el cojo como un ciervo, la lengua del mudo cantará” (Is 35,4-6). Jesús es Dios en persona que ha venido a rehacer lo que él mismo ya había hecho muy bueno (Gn 1,31).

¿Quién es este niño del que próximamente celebraremos su nacimiento en la liturgia del 25 de diciembre? Juan Bautista nos dice que es el anunciado y esperado por siglos, consignado en las Sagradas Escrituras, él viene a hacer nuevas todas las cosas (Ap 21,5). ¡Dichoso el que no se sienta defraudado por Jesús! (Mt 11,6).

Saludos y bendiciones desde el Santuario de Guadalupe de Chihuahua.

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