Catequesis

La Eucaristía construye la Iglesia

Celebrar la fe

Por: Raúl Sánchez K.

“Has gustado la sangre del Señor y no reconoces a tu hermano. Deshonras esta mesa, no juzgando digno de compartir tu alimento al que ha sido juzgado digno de participar en esta mesa. Dios te ha liberado de todos los pecados y te ha invitado a ella. Y tú, aun así, no te has hecho más misericordioso” (San Juan Crisóstomo, Homilía 27 sobre 1Cor 4).

Pertenencia

La Iglesia se forma por la comunión eucarística:

“La iniciación al misterio de la comunión de la Iglesia, tiene que desembocar en el sentimiento de pertenencia a una comunidad que se considera la propia, y ella, a su vez, me acepta como miembro.

La pertenencia a la misma comunión lleva consigo una serie de lazos afectivos, la asimilación de valores comunes, el tener las mismas motivaciones, el reaccionar ante los mismos incentivos de parecida manera y el participar activamente en ella, según las aptitudes de cada uno” (Jesús Tomás Burgaleta, teólogo).

Sin discriminación

Por lo anterior se debe eliminar toda discriminación o diferencia entre los hermanos a tenor de Pablo y de Santiago (1Co 11,17-22.33-34; St 2,1-9).

“En la liturgia no se hará acepción de personas o de condición social, ni en las ceremonias ni en el ornato exterior, a excepción de la distinción derivada de la función litúrgica y del orden sagrado y de los honores debidos a las autoridades civiles, a tenor de la norma de las leyes litúrgicas” (Sacrosanctum Concilium, 32).

Sin divisiones

“Eviten toda apariencia de singularidad o de división, teniendo presente que es uno el Padre común que tienen en el cielo, y que todos, por consiguiente, son hermanos entre sí.

Formen, pues, un solo cuerpo, escuchando la palabra de Dios, participando en las oraciones y en el canto, y principalmente en la común oblación del sacrificio y en la común participación en la mesa del Señor” (Instrucción General del Misal Romano, 62).

Signos

“Muchos signos al celebrar la Eucaristía indican la comunión de vida: Celebrar como una familia el sacrificio del Señor para ofrecernos al Padre como miembros del mismo Cuerpo, participar juntos de la Palabra del Señor, romper el pan para comerlo en común, compartir el cáliz, orar en comunidad, ofrecer gestos de amor fraterno (sobre todo el abrazo de paz), proclamar la muerte del Señor y su presencia, comer de la misma mesa el cuerpo de Cristo, rezar unidos el Padre Nuestro, pedir al Padre su Espíritu para que nos haga una Iglesia (1Co 10,16-17)” (Carlos Ignacio González, S.J., Bendijo el pan y lo partió).

Contradicción

Será una contradicción terminar la Misa para volver a desparramarse como gente extraña, y no rara vez contrapuesta por clases, intereses, odios y rencillas.

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