Comentario al Evangelio

José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor

Comentario al Evangelio del IV Domingo de Adviento (Mt 1,18-24)

Por: P. Silvestre Méndez Morales

Ya desde el inicio de su evangelio, San Mateo designa en la persona de José un importante protagonismo en la obra de la redención de Dios. Así, conforme a su obra el autor presenta a Jesús (v. 16) como nacido de María por obra del Espíritu Santo y entra, mediante José, en la dinastía de David, el cual lo toma bajo su patrocinio, bajo su cuidado, como hijo adoptivo. Por esta misión que Dios le encomienda la figura de José asume un papel preponderante desde el nacimiento de Jesús.

El pasaje corresponde al segundo relato de la infancia. El primer relato (vv 1-18a) habla del acontecimiento del nacimiento de Jesús sin hablar de cómo fue engendrado. Ahora se da respuesta a ese cómo. Más aún, el relato nos presenta la misión de José con relación a la Virgen María y a Jesús aun cuando especifica el evangelista que José no tuvo intervención activa en la concepción de Jesús.

El pasaje en su inicio (18a) nos ofrece una narración que tiene como centro a Jesús. Se trata de un relato cristológico aun cuando aparecen de inicio María, su madre, desposada con José. Así, Jesús como centro en el relato es presentado concebido por el Espíritu Santo, Mesías davídico, salvador de los pecados del pueblo y más aún se le pone el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.

Dios actúa mediante prodigios admirables: aparece un mensajero de Dios, un ángel, en el sueño de José; Dios manifiesta su voluntad en ese sueño; Jesús no sólo es hijo de Abraham y de David (según la genealogía que el evangelista presenta al inicio de su obra), sino que por encima de todo y lo más importante es el Hijo de Dios como lo afirma el autor: “Y una voz que venía del cielo decía: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco” (3,17).

Al inicio del relato expresa el evangelista que María estaba “desposada” con José, esto es, aún no convivían como esposos pero ella ya estaba comprometida con José, como se diría ahora: “Estaba pedida en matrimonio”.

A continuación, San Mateo devela el gran misterio: María ha concebido por obra del Espíritu Santo, no ha intervenido varón alguno. José piensa dejarla en secreto, pues sabe que no ha intervenido en la concepción. Es el Espíritu Santo quien acompañará a Jesús a través de su ministerio. La concepción virginal de María es expresión de la filiación divina de Jesús. Así lo afirma también Lucas (1,26-38). Por lo cual, José recibe la misión de ser “padre adoptivo” de Jesús, su protector. Y con respecto a María, el Señor le pide a José que la reciba. Deja con claridad el evangelista que Jesús nace por obra del Espíritu Santo, es el Hijo de Dios.

Así, el evangelista nos viene a decir quién es Jesús y por tanto, de modo implícito José y María habrán de abrirse generosamente al Plan de Dios renunciando al proyecto de ambos que ya lo tenían visualizado: casarse como todo matrimonio en su tiempo. José y María dan cabida a la voluntad de Dios, como lo dice el evangelista: “todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había anunciado el Señor” (v 22). 

El evangelista nos muestra la apertura de corazón de María, pero también la plena disponibilidad que muestra José para que sea, no ya su proyecto personal de casarse, sino la firme convicción de hacer la voluntad de Dios.

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