Miscelánea

Jesús que nace es el Señor

Por: Cristina Alba Michel

“Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos y toda lengua proclame ‘Jesucristo es el Señor…'”  (Fil 2,9-11).

1. Se arrodillaron primero María y José. Se arrodillaron los pastores y los animales del establo, y los Ángeles de Dios embelesados ante el pesebre. “¡Ha nacido el Señor, el Mesías, el Salvador!”.

Se arrodillaron, más tarde, los magos al hallarlo en los brazos de la Madre, y felices predicaron de regreso en su tierra, a despecho de Herodes.

Lo contaron alegres los pastores en sus villas: ¡Ha nacido el Señor, y es un Niño de carne! ¡Dios está con nosotros!

Así resonó y resuena este mensaje navideño, Villancico de villancicos, Luz que rompe siempre de nuevo las tinieblas del mundo, Gozo derramado por Dios para los hombres, Salvación que el Espíritu germinó de la purísima entraña de María: Jesús Niño, el Señor, ¡ha nacido hoy! El Verbo se desposó con la carne humana y entró en la historia, en el tiempo, en tu tienda y tu casa, para llevarte a su vida, a su eternidad, al espacio y morada de la Trinidad.

2. En China, las fuerzas gubernamentales van sustituyendo en las iglesias las imágenes sagradas por el retrato de Xi Jinping. Los lugares de culto opuestos al control del Estado son clausurados, las iglesias administradas por el Gobierno se utilizan para adorar al Partido Comunista.

En Corea del Norte hace un año, el Presidente quería celebrar en Navidad a su propia abuela. ¿Habría que poner el rostro de los dictadores sobre el del Niño en el pesebre? En ese caso, ¡los animalitos querrán marcharse! Ellos tienen claro quién es su Señor.

Para los occidentales el Feliz Navidad se pierde y en su lugar entra el “felices fiestas”. En la cuna del Niño se acuestan consumismo, materialismo y hedonismo junto a los ídolos de hoy: celulares, tablets, trapos, mascotas, alcohol y lidercillos de segunda o peor.

3. Se veía venir. Hace 19 años, el entonces Cardenal Ratzinger presentó la declaración Dominus Iesus, en español El Señor Jesús. En ella les recuerda a los católicos “la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia”. ¿Por qué? Por la aparición, multiplicación y auge del relativismo religioso que “difunde cada vez más la idea de que todas las religiones [e ideologías e ídolos] son para sus seguidores vías igualmente válidas de salvación”, una opinión que está “sumamente difundida no sólo en ambientes teológicos, sino también en sectores cada vez más amplios de la opinión pública católica y no católica”.

En la práctica, eso significa el “rechazo de la identificación de… Jesús de Nazaret con la realidad misma… del Dios viviente”. Si lo traducimos a un lenguaje coloquial, es como afirmar que Jesús de Nazaret no es Dios, sino solamente uno de tantos profetas que han hablado de Dios, uno de tantos a través de los cuales Dios habló. De hecho, conocemos católicos que piensan que el resto de las religiones del mundo “son complementarias a la Revelación cristiana” y eso NO es así. Hemos llegado a un grado tal, que vi un sitio en internet donde los niños escriben su cartita no a los magos, ni siquiera a Santa, sino al mismísimo Satán.

4. Quienes piensan así concluyen que la fe de la Iglesia es fundamentalista, que atenta contra la tolerancia y la libertad, consideran que la Evangelización “ofende” a los no cristianos y la sustituyen por un diálogo eterno, intrascendente, sin cabida para proclamar el Señorío de Cristo. En estos casos -señaló Ratzinger- el mismo diálogo ecuménico o interreligioso se convierte en “ideología”. Y las ideologías están muertas, sea que duren más o menos en la mentalidad colectiva, son muertos que producen otros muertos. En cambio la verdad de Cristo da la Vida en virtud del Espíritu de Cristo.

5. Debe existir respeto por quien piensa distinto, tolerancia, pero cuando “tolerancia y democracia” son absolutizados, se oponen a Dios y a su Cristo. Y surgen otros “nombres de salvación”, y se piensa que Dios se reveló no sólo en Jesucristo sino también en otras muchas figuras históricas, religiones, espiritualidades, etc. Esto, para un católico, significa renunciar a la Verdad.

El católico debe tener muy claro que “La estima y respeto por las religiones del mundo, así como por las culturas que han enriquecido la promoción de la dignidad del hombre y el desarrollo de la civilización, no disminuye la originalidad y unicidad de la revelación de Jesucristo y no limita en modo alguno la tarea misional de la Iglesia”.

6. ¡La Iglesia existe para evangelizar! Es su vocación y da sentido a su existencia. Debe confesar siempre ante todos que Jesús es el Señor. Su responsabilidad es enorme: ¡hacer transparente la acción de Cristo ante los ojos de los no católicos y de los no cristianos! Plasmarla en sus relaciones y el diálogo, que los otros se pregunten: “¿Qué tienen estos, que nos hace vivir?”. Sea la respuesta: “a Jesús”, nuestra herencia, perla preciosa y vida eterna.

¿Y si no evangelizo ni confieso? “¡Ay de mí!”, dice Pablo, porque Jesús es el Señor, el Niño del pesebre es el Mesías, el Hijo de Dios en la carne, Alegría de la Iglesia, su Canto de júbilo. Por Él se arrodilla, le acoge, le adora. Con María, José, los ángeles, pastores y magos proclama: ¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres amados del Señor!

7. Jesucristo es Señor ayer, hoy y siempre. No se ha dado otro nombre por el cual podamos salvarnos. El suyo es el Nombre sobre todo nombre, y ante Él se arrodillarán todos los pueblos de la tierra.

¡Feliz Navidad!

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