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Jesús es su nombre, Emmanuel su misión

Esta es nuestra fe

Por: P. Martín Solórzano, FMAP

¿Por qué al Mesías se le llamó Jesús, si el profeta Isaías (7,14) había anunciado que se llamaría Emmanuel?

El sentido de la profecía

Es importante hacer una aclaración sobre el sentido bíblico de una profecía. En el ambiente popular, una profecía se entiende muchas veces como la predicción del futuro; el profeta sería entonces el que adivina o predice lo que sucederá en el futuro. Por el contrario, la profecía bíblica no se entiende en sentido mágico. El profeta en la Biblia es el que habla de parte de Dios, el que medita los acontecimientos a la luz del proyecto divino; por tanto, anuncia un fracaso o alguna dificultad si la persona no cambia de vida, o bien, anuncia salvación o bendición si la persona hace lo que Dios le indica en su Palabra.

Cabe aclarar también que, según la profecía, ésta puede tener dos sentidos:

Sentido originario: El profeta realiza una predicación que tiene fundamentalmente un sentido originario; es decir, que se refiere y se cumple en los días cercanos al profeta. Se trata del significado de las palabras del profeta dirigidas a un pueblo determinado, en el mismo tiempo del profeta.

Sentido pleno: Sabiendo que se trata de una Palabra inspirada por Dios, la palabra que pronuncia el profeta puede tener un sentido más profundo, que supera la conciencia del mismo profeta. Un sentido querido por Dios y que se cumple en plenitud en un tiempo posterior a la vida del profeta. En el caso de las profecías de la Biblia, su sentido pleno se cumple en la persona de Jesús.

Conocido esto, el pasaje de Isaías 7,17 manifiesta los dos sentidos:

-En el sentido originario, el profeta habla al rey Ajás pidiéndole que, ante el temor ocasionado por el asedio de Asiria, confíe en Dios; sin embargo el rey no quiere acudir a Dios, pues piensa que los ha abandonado, que ya no está con ellos, entonces decide buscar ayuda en Egipto. Por eso el profeta le anuncia el nacimiento de un hijo. La mujer o doncella encinta es la esposa del rey y el hijo es Ezequías, que en su momento detuvo el asedio de Asiria, y entonces el pueblo pudo ver que “Dios estaba con ellos” (Emmanuel).

-En el sentido pleno, esa profecía se cumple en Jesús. La doncella virgen que está encinta es María. Jesús es el Emmanuel, el Dios con nosotros.

El cumplimiento de la profecía

Los primeros cristianos y los evangelistas vieron en el nacimiento de Jesús, el Verbo de Dios hecho carne (Jn 1,14), el cumplimiento de la profecía de Isaías (Mt 1,22-23).

Ahora bien, el sentido de una profecía no está en la mera repetición de las palabras, sino en el cumplimiento de lo que esas palabras significan. Por ejemplo, Is 9,5 dice que el Mesías se llamará “Consejero admirable”, “Dios fuerte”, “Padre Sempiterno”, “Príncipe de la Paz”. ¿Cómo el Mesías tendría tantos nombres? Ezequiel 48,35 dice que la ciudad se llamará “Yahvé está ahí”; Zacarías 8,3 anuncia que Jerusalén se llamará “Ciudad de fidelidad”. Ni Ezequiel ni Zacarías anuncian una cambio de nombre de la ciudad, sino que en ella debe haber fidelidad y que Dios estará en medio de ellos.

En el caso del Mesías, no se está diciendo qué nombre deberán ponerle, sino el significado, la misión que deberá realizar el Mesías.

Le pondrán por nombre Jesús

Tanto a María como a José se les anuncia el nombre que deben ponerle: JESÚS (Lc 1,31). “Será grande, se llamará Hijo del Altísimo y será rey” (Lc 1,32), “porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21). El nombre de Jesús (Yeshua) en hebreo significa “Yahvéh salva”. Se quiere insistir en que Dios realiza su salvación a través de su Hijo Jesucristo y, por tanto, que Jesús es el Salvador.

Jesús, el Emmanuel

De igual manera, al ser Jesús el Verbo de Dios que se hace carne y habita entre nosotros, se cumple plenamente en Él la profecía de Isaías: Emmanuel, Dios-con-nosotros. Porque en Jesús el Padre Dios se hace cercano a nosotros, y también porque Jesús, verdadero Dios, está en medio de nosotros y ha venido a traernos la salvación.

“Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz. Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre”. (Is 9,5-6)

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