La Iglesia en las Periferias, Reportajes

Impulsando a estudiantes de la Sierra

La Iglesia en las Periferias

Por: Karen Assmar Durán

De entre las muchas obras que las Voluntarias Vicentinas realizan a favor de los más necesitados, destaca la llamada “Albergue Casa de Estudiantes de la Sierra San Vicente de Paúl”, instituida en 2014 por insistencia del joven ingeniero Erick Zubía Sotelo, empleado administrativo de Servicios de Educación del Estado, quien desconocía los alcances del reto que asumió y que ningún maestro quiso aceptar: trasladarse a vivir -con todo y familia- a El Venadito, donde sería profesor de telesecundaria.

Olvidados de… casi todos

Distante 3-4 horas en camioneta de la cabecera municipal Guadalupe y Calvo, El Venadito es uno de los muchos poblados olvidados en la Sierra Tarahumara, donde el control del narcotráfico, la pobreza extrema, la violencia intrafamiliar, los embarazos prematuros, son el pan de cada día; donde las oportunidades no existen y ni siquiera la escuela contaba con luz y baño.

Empezando por lo material, el maestro Erick logró que se instalara la energía eléctrica y un sanitario; pero sus sueños de progreso para esos jovencitos y jovencitas no terminó ahí. Platicándolo con su madre, la Sra. Merced Sotelo, le entusiasmó para apoyar a aquella comunidad, a la que las Vicentinas llegaron para entregar uniformes deportivos y despensas: “Nadie nunca nos había dado nada”, les dijeron. La ayuda no quedaría ahí, sino que se buscó la manera de que algunos de esos jóvenes pudieran continuar con sus estudios de educación media superior en la capital del Estado. Así fue como en agosto de 2014 llegaron los primeros cuatro estudiantes: tres muchachas y un muchacho, para cursar la preparatoria y una carrera técnica en el CONALEP, bajo el patrocinio de las Voluntarias Vicentinas.

Merced y su compañera Lety Meléndez forman actualmente parte del grupo de nueve Voluntarias que hoy atienden el albergue. Ellas compartieron para Notidiócesis algunas de las dificultades pero también las muchas satisfacciones que desde hace ya cinco años han vivido al recibir a jóvenes de la Sierra que anhelan superarse a través del estudio.

Los primeros cuatro

Lety y Meche señalan que cuando los jóvenes recién llegaron a Chihuahua fue difícil hasta hacerles hablar, “porque vienen hablando en su lengua: tepehuán, tarahumara, mixteco”. No obstante, “con los cuatro primeros nos propusimos hacer un plan piloto que incluyó, además de estancia temporal y alimentación, un hogar. Se les dio nivelación en la escuela en materias como matemáticas, inglés y computación; en cuestión de espiritualidad se les daba temas, catecumenado”. Señalan que al principio las chicas “vivieron mucha discriminación, les llegaron a decir ‘indias’; pero los directivos y maestros tuvieron un compromiso grande y acogieron a estas niñas impresionantemente. También ha habido un cambio enorme de cuando llegaron a cómo están hoy. Nos da mucho gusto porque han respondido a la oportunidad que aquí se les está dando”.

Las tres jóvenes lograron graduarse del CONALEP en 2017: Rocío, Tatiana y Sonia, quienes pusieron todo su empeño para avanzar en sus estudios; no así el joven, quien decidió volver a su comunidad al terminar el primer semestre. De esta situación las Vicentinas decidieron que sólo recibirían mujeres, de 14 a 22 años, y al día de hoy son 17 las hospedadas: 12 estudiando en el CONALEP y cinco más universitarias.

De la prepa a la universidad

“Cuando estas tres niñas se reciben y empiezan a saber que pueden, nos dicen que quieren seguir estudiando, ¿cómo negarnos cuando hemos sido testigo de todo su esfuerzo? Luego luego nos movimos a buscar apoyos”. De este modo lograron que el director de la URN se comprometiera a becarlas pagando únicamente el seguro escolar, aproximadamente $1800 pesos por cada una, y en la UACH también les apoyan con la inscripción y se paga por el seguro una cuota menor.

De las chicas universitarias cuatro estudian Nutrición y Gastronomía y una más va en 4º semestre de la carrera de ingeniero horticultor. Dichos estudios los pueden aplicar de diversas maneras en sus comunidades, si ellas deciden volver: “Queríamos un servicio que no fuera sólo el hospedar y alimentar, sino que cambiara sus vidas y la de los suyos”. Además, aseguran que todas son muy buenas niñas: “Nuestros hijos están siendo criados en un mundo donde se les está proporcionando todo y valoran poco, donde tener comida o un auto es lo más natural, pero estas niñas valoran todo y nosotras sólo les damos un empujoncito, porque esta obra es de Dios y se dio porque Él así lo quiso”.

Como en familia

Con las primeras jóvenes se corrió la voz de que las Vicentinas de Chihuahua apoyaban a las chicas que querían seguir estudiando; y es que el albergue les proporciona gratuitamente, atendiendo a su dignidad y con cariño, “un lugar seguro, climatizado, con su mobiliario, en donde se alojen mientras dura el semestre, con área para sus estudios y para asear su ropa personal”. También se les provee de lo necesario en cuanto a material escolar: uniforme, libros, cuadernos, artículos de papelería, etc., transporte escolar diario, ida y vuelta hacia el CONALEP; obviamente el alimento diario: desayuno, comida y cena, así como asesorías en diversas materias, clases de música, catequesis y catecumenado, “lográndose con ello una educación integral, espiritual, moral y positiva”, que les permita sentirse como en familia.

Las mismas Voluntarias se convierten en auténticas tutoras de las jóvenes, asistiendo a las juntas con maestros y directivos y, a la vez, están en constante comunicación con los padres para informar sobre el estado y evolución de sus hijas.

“Cuando las recibimos, les cuesta mucho estar al nivel de quienes ya están aquí estudiando; a ello se suma el que la vida es muy dura allá en sus comunidades. Un ‘te amo’, ‘te quiero’, son palabras que no dicen, no están acostumbradas a decirlas, ni tampoco a los abrazos, pero poco a poco se van soltando, hablando, riendo, bailando, porque ya se sienten en familia, son nuestra familia, y es un gusto verlas que regresan felices de la escuela”.

De generación en generación

A la fecha van tres generaciones de graduadas del CONALEP, institución que las ha apoyado condonándoles la inscripción. Y aunque ellas pueden decidir qué carrera realizar, todas han optado por la carrera técnica en Contabilidad.

Comentan Meche y Lety que la rutina diaria de lunes a viernes incluye levanto a las 5am para el baño y desayuno; el transporte, donado por la campaña Redondeo de Alsuper, llega a las 6:15am, las lleva al CONALEP y las recoge a la 1:30pm. Las de universidad se trasladan en camión, porque tienen diferentes horarios.

Entre 2:30-3pm comen, hacen tarea y les dan luego clases de nivelación o de apoyo jóvenes de servicio social, alumnos del Tec de Monterrey, Tec Milenio y de Psicología. Los sábados reciben clases de música, catecumenado y espiritualidad, y en ocasiones han participado en retiros, el más reciente con las Hnas. Clarisas Capuchinas. También ya fueron por primera vez al cine, invitadas por un benefactor que les consiguió a todas boleto para ver “Inesperado”.

Se turnan en distintos roles para cocinar, lavar trastes y hacer el aseo, en tanto que todas lavan su ropa y asean sus camas. Es importante también cumplir el reglamento, el cual incluye:

-No novios

-Salidas limitadas al ciber, al súper…

-Pedir siempre permiso.

-Salir juntas, tres o cuatro, pero nunca solas.

-No materias reprobadas.

Una sola desobediencia es motivo de envío a casa. “La responsabilidad es grande, pero todas las Vicentinas que se han unido a esta obra, se han enamorado de ella”, señalan. Hortensia Morales Portillo, Esperanza Ojeda, Belén Córdova, Verónica Tamayo, Irma Chávez, Julieta Gandarilla y Zulema Burciaga, conforman el resto del equipo.

El día que recibieron sus Sacramentos.

Maneras de apoyar

El cupo para hospedar es de 18 chicas, ya que la casa es muy vieja y necesita mucho mantenimiento. Por esta razón están en trámite para recibir un terreno donado por Gobierno del Estado, para construir ahí la guardería de hijos de presos y la casa de estudiantes: “Poder construir, es el sueño más grande que tenemos para poder recibir a muchas chicas que se quieran venir a estudiar”.

Para seguir funcionando el albergue requiere de mucho apoyo. Se reciben donaciones en efectivo y en especie, ya que se les proporciona todo, absolutamente todo: artículos de limpieza personal como shampoo, jabón de baño, cepillos de dientes, pasta dental, papel higiénico, toallas femeninas, crema corporal; artículos de limpieza general como jabón zote, pinol, cloralex; y alimentos de todo tipo que ellas puedan preparar.

Igualmente reciben donaciones de ropa de cama y para jovencitas, limpia y en buen estado, muebles como escritorios, computadoras en uso, etc. Aseveran que al recibirlas no sólo es mandarlas a la escuela, “es educarlas, formarlas, porque a la edad que tienen les tienes que hablar de muchas cosas y sus costumbres son otras. Pero ellas ya piensan diferente, y cuando llegue su tiempo sabrán que merecen personas que las quieran, las respeten, las valoren y no las violenten”.

Finalmente indican que, con sólo cuatro donadores fijos y un gasto mensual que asciende a casi $30 mil pesos, “no nos cabe duda que esta obra es de Dios y Él la tiene en sus manos, porque si por nuestra fe fuera, ya nos hubiéramos ido a la primera que no teníamos para algo, pero providencialmente llega. Aquí estamos comprometidas las dos: las Voluntarias y las estudiantes, somos una familia, y a ver cómo le hacemos pero primero Dios que nos dé la fortaleza para que ellas saquen adelante sus estudios y que puedan cambiar sus comunidades”.

Testimonios

Luz Elena Muni, 17 años, estudiante del CONALEP

“Ya llevo dos años aquí, quería seguir estudiando y salir con una carrera. Me gusta la Contabilidad, pero sí se me hace difícil. Todas las compañeras son mis amigas y me han apoyado mucho; por ellas y por las Vicentinas estoy aquí, estoy muy a gusto con ellas y me gusta estudiar”. Debido a sus buenas calificaciones Luz recibió como premio a su esfuerzo una laptop.

Adriana Luna, 15 años, estudiante del CONALEP

“Mi hermana está estudiando también aquí la preparatoria, va en 5º semestre y ella me convenció de venir porque hay más oportunidades. Fue duro separarme de mi familia pero aquí estoy muy bien. La escuela es un poquito difícil porque no es igual el rancho a una ciudad grande”.

Martina Gómez, 19 años, estudiante de la URN

“Estoy en el primer semestre de Nutrición y Gastronomía. Elegí esta carrera porque me gusta, me llama la atención y me gustaría aprender a cocinar más, para poner un restaurante o ser nutrióloga en mi comunidad.

Ha sido muy padre estar aquí, un gran cambio. Sí extrañamos mucho nuestra familia, pero tenemos que hacer un sacrificio para poder tener algo mejor, para llegar a ser alguien”.

Albergue para Estudiantes de la Sierra

Calle 20 de Noviembre y 12ª #1013 Col. Pacífico.

Para donativos en efectivo, No. de cuenta: 21505449189 Suc. 215003 de Scotiabank. Clabe: 044150215054491890 A nombre de las Voluntarias Vicentinas de Chihuahua, AC.

También están ofreciendo boletos con un valor de $100 pesos para el obsequio de $500 dólares; el número ganador coincidirá con las tres últimas cifras del Sorteo de la Lotería Nacional del 28 de enero.

Mayores informes a los teléfonos: 614-477-8970 y 177-2052.

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