Editorial, En tinta china

Iglesia, liturgia y fiesta

En tinta china

Por: Luis Efrén Tarango Díaz

Día del Diezmo

El tercer domingo de diciembre la Arquidiócesis de Chihuahua lo instituyó como el “Día del Diezmo” para recordarnos la obligación -una obligación que nace del amor y la necesidad- que tenemos de cumplir el quinto Mandamiento de la Iglesia, de ayudarla en lo que Ella necesita. Es de vital importancia que todos apoyemos el caminar de nuestra comunidad católica, pues con la ayuda económica que ofrecemos se sostienen las actividades de la Curia diocesana y los proyectos de evangelización con carácter diocesano. Además, el diezmo es muy importante pues de él salen también las pensiones que se les otorga a los sacerdotes ancianos y enfermos, su estadía en la casa sacerdotal y lo que requieran para el cuidado de su salud. Ofrezcamos a la Iglesia, que tantos beneficios espirituales nos da, un poco de lo nuestro con generosidad. No es gravoso, solamente es un día de sueldo al año para los gozan de un empleo, para los que viven de ingresos propios se ha estipulado el 2% de las ganancias líquidas del año.

¡Alegría!

Celebramos durante el Adviento la preparación litúrgica que la Iglesia nos ofrece a todos para vivir el misterio del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios. Al tercer Domingo, que hoy vivimos, se le conoce como el de la alegría, más propiamente “gaudete”, una palabra latina que en español significa gózate o alégrate. En algunas iglesias se manifiesta con un distintivo particular, pues en vez del color litúrgico morado, el sacerdote o el diácono se revisten con casulla o dalmática color rosa; se anuncia con ese gesto visible que ya se acerca la hora de la fiesta, del gozo por el nacimiento del Señor. La antífona de entrada de la Misa lo muestra muy claramente: “Estén siempre alegres en el Señor, les repito, estén alegres. El Señor está cerca”, frase tomada del capítulo 4 de la Epístola de San Pablo a los filipenses. Por su parte la antífona para la Comunión dice: “Digan a los cobardes: ¡Ánimo, no teman!; miren a su Dios: viene en persona a salvarlos”, extraída del primer Isaías capítulo 35. Gocémonos pues en este domingo, porque se acerca la hora de la fiesta, se acerca ya el día en que conmemoramos el nacimiento de nuestro Señor y Salvador.

Las posadas

Comienzan esta semana las tradicionales posadas, para ser más específicos el día 16: justo nueve días antes de la solemnidad de la Natividad del Señor. Hoy día, apenas entra el mes de diciembre y es muy común decir en los ambientes laborales, de escuela o familiares, “vamos a una posada” o “para cuándo la posada”, pero en muy poquísimos casos el tal festejo es una verdadera posada; a lo que me refiero es que no faltan católicos que usen como pretexto la temporada y la palabra posada para reunirse, convivir, excederse en los alimentos y bebidas alcohólicas, pero ni por error mencionan ni recuerdan la razón de las fiestas de Navidad, Jesús. Hay otros todavía menos específicos que mencionan “convivencia decembrina”, “fiesta de fin de año” o simplemente “las fiestas”. Pero quienes profesamos la Fe católica, debemos darle el nombre correcto: si es pachanga, llamémosla pachanga; y si es Posada, pues que de verdad lo sea y no se utilice como pretexto. Cierto es que Dios nos quiere contentos, pero no desea que nos emborrachemos ni nos indigestemos. Ya está muy trillada la frase “todo con medida”, pero si la ponemos en práctica pienso que hasta vergüenzas podemos evitarnos. Además, las Posadas son para crecer en la Fe y el amor por el Señor Jesús. Que Él dirija nuestros pasos.

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