Miscelánea

Es Adviento, ¡pónganse en camino!

Por: Diác. Xavier Hurtado Licón

Después de leer el Evangelio de San Juan, un hombre sabio dijo: “Yo sería cristiano a no ser por los cristianos”. Desafortunadamente es una cruda realidad. La gran mayoría de los que nos decimos cristianos -aunque algunos se hayan apropiado del nombre los católicos somos cristianos-  damos un pobre testimonio de vida, incluso damos antitestimonio con facilidad. No vemos el mal en estos días que nos toca vivir; por lo contrario, nos incluimos en una sociedad en la cual Dios está ausente.

El Evangelio de San Lucas (10,3)  nos dice: “Pónganse en camino”. Es decir, el católico no debe permanecer pasivo, ni ser apático. La vida se nos dio para ser felices allí en donde nos toca vivir, en las condiciones en que vivimos, y ser felices en familia, y ahí, donde nos desenvolvemos, dar testimonio de Jesucristo.

Debemos salir a predicar con nuestro servicio, con nuestra alegría, con nuestra paz. Debemos hacer que a toda la gente se le “antoje” ser católica de ver nuestra forma de vivir, en todas circunstancias, aún en la enfermedad.

El problema es que una multitud de bautizados no conocemos a Jesús, ¿por qué?, porque hemos sido bautizados pero nunca estudiamos nuestra fe. Y casi siempre son los padres los que no llevan a los niños al catecismo por flojera, apatía o indiferencia, cuando ellos están en una edad en que es importantísimo conocer las cosas de Dios: “Muéstrale al niño el camino que debe seguir, y se mantendrá en él aun en la vejez” (Proverbios 22,6).

Lamentablemente la mayoría somos católicos de eventos, es decir, de bautizos, Primeras Comuniones, Confirmación -a veces, ni eso, quince años, bodas y sepelios. Ni siquiera sabemos participar en las oraciones o alabanzas de nuestras Misas.

Otra gran cantidad de bautizados asiste a Misa los Domingos, incluso pertenecen a grupos o asociaciones, pero su comportamiento fuera de los recintos sagrados es el mismo -o peor a veces- que el de los no creyentes e incluso de los enemigos de la Iglesia. Es común verlos llegar a Misa y ser abusones para obtener un lugar para estacionarse, por citar sólo un burdo ejemplo. Algunos son verdaderamente violentos pero nada más entran a Misa y cambian, y cuando salen continúan con su comportamiento anterior: se ponen o se quitan la careta y ya sabemos con qué palabra fuerte les llama el mismo Jesús: hipócritas.

Tenemos así que no pocos bautizados son violentos, agresivos, oportunistas, chismosos. Basta salir a la calle y observar a la gente caminando o manejando, sus expresiones corporales son de enojo o, en el mejor de los casos, de apatía, indiferencia o depresión.

Y aún más triste es que sean pocos los casos de hombres y mujeres que con su vida dan testimonio del amor y la alegría de ser católicos. Parece que la gentileza y el amor al prójimo han caído en desuso.

El tiempo litúrgico de Adviento es un tiempo propicio para hacer cambios, empezando por conocer nuestra fe, profundizar en las Sagradas Escrituras, conocer a Jesús realmente presente en la Eucaristía, cambiar nuestra forma de vivir y de actuar. Es momento de conocer la gran herencia de nuestra fe católica y dejar actuar en nuestras vidas al Espíritu Santo que recibimos en el Bautismo.  ¡Es momento de ponerse en camino, pues ya está cerca el tiempo de la Salvación!

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