Carta del Director, Editorial

En Navidad, Jesús nos enseña a compartir la vida

Carta del Director

Llegó la época más esperada por muchos. De por sí, parece que ahora el tiempo avanzara más rápido y la Navidad de este año ya está a la vuelta de la esquina. Y parece, también, que en el ambiente que se forma en las calles, escuelas, centros de trabajo, parques y plazas, pero sobre todo en cada hogar cristiano, el tema es precisamente la Navidad.

Sin embargo muchos no comprendemos el verdadero significado de la Navidad. Qué es la Navidad. Por eso me permito recordárselo a ustedes: Aquí y en China, en la Tierra y en la Luna, en el Sol y en el Universo, la Navidad es Jesús, es celebrar su nacimiento, alegrarnos porque Dios mismo envió a su Hijo, encarnado por obra del Espíritu Santo en María, la Siempre Virgen, como lo anunció Isaías.

Esta época tan llena de luces espectaculares, de árboles enormes con extravagantes adornos, de la invasiva mercadotecnia que hace a muchos gastar más de lo debido; época de las comidas y bebidas al por mayor, muchas veces carece de lo esencial porque se olvida de Jesús, que vino a hacerse uno de nosotros pero no en el sentido del consumismo y la pachanga, sino en el sentido más puro y perfecto del amor fraterno.

Si nos fijamos bien en la escena de los nacimientos, Jesús vino al mundo en donde vivían los animales, vino a nacer en la pobreza extrema de su tiempo, porque no hubo lugar en las casas. O quizás San José no tuvo los medios para pagar a los posaderos, pues recordemos que la Santa Familia vivía en Nazaret, distante de Belén 157 kilómetros, que es la distancia aproximada entre Chihuahua y Camargo. Imaginen, venir José caminando con María embarazada, la travesía se hace sumamente complicada. Fueron migrantes por primera vez, porque lo serían después cuando fueron a Egipto para salvar a Jesús.

Preparemos con esmero los regalos y la cena espléndida del 24 por la noche, pero pongámonos en los zapatos de otros hermanos que como María y José no pueden acceder a una comida digna al día, mucho menos pueden dar algún obsequio a sus seres queridos.

La Navidad es el gran momento de compartir con los más desfavorecidos mirando en ellos el rostro de Jesús: esto sea lo que nos mueva para celebrar su Nacimiento. ¡Compartiendo con el prójimo compartimos con el mismo Jesús! Salgamos y demos la vuelta, caminando o en el vehículo y seguramente vamos a encontrar a alguna persona con necesidad en este día de Navidad. Y si no tenemos la fortuna de encontrarlo, en los hospitales, asilos, orfanatos y albergues sí que los hay, de a montón.

Hace cuatro años experimenté una Navidad distinta, cuando a mi esposa que iba a ser operada el día 23 se le pospuso la cirugía para el día 24. Como era una operación ginecológica, yo no podía quedarme al pendiente de ella en la habitación, pues esas son las reglas. Mi suegra, a quien le agradezco infinitamente, la cuidó y también vivió ella una Navidad muy diferente a las otras. Me quedé afuera del hospital hasta entrada la noche. Aquella ocasión mi cena navideña fueron dos tamales y un café, porque un grupo de buenas personas visitaron el lugar y compartieron aquello. Pero éramos muchos los que estábamos aguardando noticias de nuestros enfermos. Agradecí, como ahora lo hago, el Nacimiento del Señor porque descubrí la mano amorosa del Padre en aquellos voluntarios y su rostro en aquellos desconocidos con quienes me tocó compartir la Navidad.

Hoy, a nombre propio y de mi familia, de los que colaboramos en Notidiócesis, pido al Niño Jesús toque los corazones de todos para saber compartir el amor y los bienes que Dios nos da, con quienes más lo necesiten; pido que seamos fraternos todos y construyamos un mundo más justo para todos, y así obtendremos una muy Feliz Navidad.

Luis Efrén

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