El segundo Obispo de Chihuahua

Por: Karen Assmar Durán

En 128 años que tiene la Iglesia particular de Chihuahua, como Diócesis de 1891 a 1958 y desde entonces como Arquidiócesis, han pasado ocho pastores entre Obispos y Arzobispos. José de Jesús Ortiz, el primer Obispo nombrado en 1894 y trasladado a Guadalajara en 1901; Nicolás Pérez-Gavilán, elegido en 1902 y fallecido aquí en 1919; Antonio Guízar, quien ha tenido el episcopado más largo, primero como Obispo desde 1920 y después como Arzobispo a partir de 1958, su salud le obligó a retirarse sin renunciar al pastoreo de la Arquidiócesis, período durante el cual estuvo de Administrador apostólico y Arzobispo coadjutor el señor Luis Mena Arroyo, de 1962 a 1969. Obispo auxiliar de Chihuahua fue Monseñor Francisco Espino Porras, de 1943 a 1961.

En 1969 asumió el arzobispado don Adalberto Almeida y en 1991 entregó la estafeta a Mons. José Fernández, quien previamente había llegado como coadjutor al inicio de 1989. Luego de 18 años de pontificado de don José, en 2009 asumió como tercer Arzobispo Monseñor Constancio Miranda Weckmann, nuestro actual pastor.

En esta semana es bueno recordar al segundo Obispo, justo a 100 años de que el Justo Juez lo llamara a su presencia: don Nicolás Pérez-Gavilán y Echeverría murió el 3 de diciembre de 1919 en Chihuahua, la ciudad de la que fue Obispo durante 17 años, aunque vivió un calvario porque la Revolución y las ideas anticlericales lograron expulsarlo de la Diócesis, por lo cual vivió en el exilio algunos años, mismos que le ocasionaron deterioro a su salud.

En tiempo de Monseñor Pérez Gavilán fue seminarista nuestro santo chihuahuense, pero por su enfermedad no pudo ordenar sacerdote al P. Pedro de Jesús Maldonado; pero sí le dio las dimisorias correspondientes para que el Obispo más cercano le ordenara, recibiendo el santo mártir la ordenación presbiteral en la Catedral de El Paso, por el Obispo de aquel lugar Mons. Anthony Schuler, SJ.

Don Nicolás nació en Durango y para aquella Iglesia local fue ordenado sacerdote. Por él, Durango y Chihuahua se hermanaron por segunda vez; la primera fue porque la diócesis de Chihuahua fue desprendida de aquella, de la que se convirtió en sufragánea. Recordémosle con agrado y admiración. Ya los coterráneos que lo conocieron han fallecido, pero muchos dejaron testimonio de él; por esas obras podemos conocer el testimonio de quien fue el segundo obispo chihuahuense. A cien años de que el Señor lo llamó, oremos por su eterno descanso, que el Señor le premie por su vida gastada por la Iglesia Católica en Chihuahua.

Oremos: Señor, Dios de misericordia, lleguen hasta ti las súplicas que te presentamos a favor de tu siervo el Obispo Nicolás, que Jesucristo, tu Hijo, en quien puso su esperanza y cuyo Evangelio anunció, le reciba eternamente en su compañía. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Que el Señor dirija nuestros pasos.

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