Miscelánea

De cuatro y de tres

Reflexión de Adviento

Por: José L. Fierro

El año litúrgico tiene cuatro domingos de Adviento, pero nosotros podemos vivir además otros tres Advientos, que no domingos. Ello les parecerá extraño, mas trataré de comentar al respecto.

Primer Adviento: histórico

La Historia de Salvación se inició cuando Dios creó la luz (Gen 1,3-5) y terminará al final de los últimos tiempos en la segunda venida de N.S. Jesucristo.

Cuando nuestros primeros padres Adán y Eva cayeron en el pecado en el Edén al desobedecer a Dios, fueron arrojados del Paraíso; mas Dios les prometió un Redentor para borrar su pecado y el heredado por sus descendientes. Este Redentor sería Jesús -el Mesías-, descendiente de la mujer -la segunda Eva-, la Virgen María; ella le aplastaría la cabeza a Satanás, autor del engaño a la primera pareja humana. Por medio de sus patriarcas y profetas esta promesa Dios la recordó al pueblo de Israel constantemente a través de todo el Antiguo Testamento. A Abraham, Dios le dijo: “En un descendiente tuyo serán benditas todas las naciones de la Tierra” (Gen. 22, 18).

La esperanza en la promesa divina de la llegada de un Mesías, permaneció siempre viva en el Pueblo elegido y aun en pueblos gentiles esa luz no desapareció; prueba de ello fueron los Reyes de Oriente que vinieron adorar a Jesús nacido en Belén, como lo manifestó el profeta Miqueas (5, 2), en tanto que el profeta Isaías (45, 8) expresa ese ardiente deseo al señalar: “Que el cielo deje caer el rocío, lluevan las nubes al Justo, ábrase la Tierra y haga germinar al Salvador”.

Segundo Adviento: escatológico

El Nuevo Testamento se inicia con la Encarnación del Verbo Divino en el vientre purísimo de la Virgen María y su nacimiento como Hombre en el humilde pesebre de Belén.

Jesucristo funda su Iglesia, la alimenta en su caminar por el desierto de esta vida con su sagrado Cuerpo y Sangre: es el nuevo maná caído del cielo. En el Calvario expresa: “Todo está consumado”, y expiró (Jn 19, 30). La Redención de la humanidad se ha realizado y el cielo o paraíso vuelve a ser abierto (Ef 4, 8) para todo aquél que siga a Jesús tomando su cruz y negándose a sí mismo (Mt 16, 24).

Jesús promete a su Iglesia que al final de los tiempos “vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos” (2Tim 4,1), como lo proclama nuestro Credo. Es la espera del regreso de nuestro Señor como justo Juez, ya no como el Salvador nacido en Belén.

Tercer Adviento: personal

Está decretado que todos los seres humanos vamos a morir y después de esto el juicio (Heb 9,27). Por eso la Palabra de Dios nos proclama que hagamos todo lo agradable a Dios y a nuestro prójimo, mientras es de “día”, o sea mientras estemos vivos, porque llegada la “noche” (la muerte), ya nadie puede trabajar (Jn 9,24).

Como no sabemos cuándo será nuestra muerte, por ello debemos siempre estar preparados en Gracia para ese día que seamos llamados a Su Presencia, siguiendo el ejemplo de las vírgenes prudentes que tuvieron consigo sus lámparas con aceite para esperar al esposo (Mt 25,1-13).

Nuestro tercer Adviento es estar siempre vigilantes, porque no sabemos el día ni la hora en que dejaremos este mundo para ir a la eternidad.

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