Artículos, Caminando con el Papa

Cuatro columnas

Caminando con el Papa

Por: Cristina Alba Michel

I. El Papa y el Evangelio

Piedra sobre piedra

Columna dañada por agua de mar.

-Del 13 al 14 de noviembre se inundó la ciudad de los canales, Venecia. La Basílica de San Marcos no se libró de la catástrofe, sus exquisitos mosaicos de mármol quedaron expuestos a la destrucción del agua salada, que amenaza debilitar la cripta que soporta el cuerpo de la iglesia: se teme su colapso.

Tres días después, el evangelio del día narra el discurso de Jesús sobre el final de los tiempos, pronunciado frente al templo de Jerusalén, aquel bellísimo edificio admirado por propios y extraños. “Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: ‘De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido'” (Lc 21,5-6). Los discípulos quieren saber cómo y cuándo. Jesús responde con lenguaje apocalíptico, explicó en su homilía diaria el Papa:

-Jesús “no se refiere tanto al final de la historia, sino más bien, la finalidad de la historia”. Alerta sobre catástrofes, guerras y persecuciones, pero da aliento: “ni un solo cabello de vuestra cabeza se perderá” (v. 18). Sea esta la esperanza cristiana en medio de una historia llena de violencia, adversidades y catástrofes, todo lo cual “sucederá para que deis testimonio” -prosigue Jesús y remarcó el Santo Padre, añadiendo-: “los discípulos de Cristo no pueden permanecer esclavos de temores y angustias… están llamados a vivir la historia, a detener la fuerza destructiva del mal con la certeza de que la ternura providencial… del Señor acompaña siempre su acción de bien”. Más aún, esa “es la señal de que el Reino de Dios viene a nosotros”.

-Siempre “el Señor nos llama a colaborar en la construcción de la Historia convirtiéndonos en pacificadores y testigos de esperanza… con la certeza de que el poder de su Espíritu doblegará las fuerzas del mal sometiéndolas al poder del amor de Dios”. Así, el derrumbe de las estructuras sea la señal de la necesidad del amor de los testigos.

II. Glosas y comentarios

Cuatro caminos, cuatro columnas

-No se ha realizado “oficialmente”, pero late un cisma bajo la desobediencia y ataques al Papa, bajo los intentos por hacer de la Iglesia Católica otra, extraña a Cristo y su Evangelio.

El Cardenal Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, habló de ello en una conferencia magistral el 17 de noviembre. Nombra “cuatro caminos para salir de la crisis en la Iglesia”.

La Iglesia “descansa sobre cuatro columnas”, a continuación:

Primero la oración. “debe convertirse en nuestra respiración más íntima… de frente a Dios. Aquel que reza se salva, aquel que no reza está condenado, dijo San Alfonso. Una Iglesia que no lleva la oración como el bien más precioso, corre hacia la pérdida de sí misma”. Esta oración consiste en “estar en silencio y adorar… arrodillarse con frecuencia ante el Santísimo”.

Segundo, la doctrina católica. “No debemos inventar… la unidad de la Iglesia. La fuente de la unidad nos precede. Me duele ver tantos pastores vender la doctrina católica y crear confusión, pérdida y división entre los fieles. Debemos una enseñanza clara, firme y estable al pueblo cristiano… Eso no significa que estamos condenados al fijismo. Pero toda evolución debe ser una mejor comprensión y profundización del pasado… Aquellos que anuncian con gran estruendo el cambio y la ruptura son falsos profetas… ¡mercenarios introducidos de contrabando en el rebaño!

Tercero, el amor a Pedro. “El Papa es el portador del misterio de Simón Pedro… un misterio de fe. Desde las primeras horas se teje la trama de la Historia de la Iglesia: hilo de oro de las decisiones infalibles de los pontífices, sucesores de Pedro; hilo negro de los actos humanos e imperfectos de los Papas, sucesores de Simón. Jesús quiso entregar su Iglesia a un hombre… Recuerden las palabras de San Agustín: ‘Cuando Pedro bautiza, es Jesús quien bautiza. Pero cuando Judas bautiza, ¡es todavía Jesús quien bautiza!’. Y si pensáis que vuestros sacerdotes y obispos no son santos, ¡entonces sed vosotros santos por ellos! Haced penitencia, ayunad vosotros”.

Cuarto, la Caridad fraterna. Dijo el Vaticano II: “‘La Iglesia es el sacramento de la unidad del género humano’. Sin embargo, tanto odio y división la desfiguran. Es momento de encontrar un poco de benevolencia entre nosotros… El corazón de un cristiano que vive la fraternidad y el encuentro, halla su amalgama en la caridad, o el Amor que Dios ha revelado. ‘Una Iglesia sin la caridad no existe'”.

Pensar

El amor es superior… es más poderoso, porque es Dios: Dios es amor. Los mártires cristianos son un ejemplo para nosotros… son hombres y mujeres de paz a pesar de que fueron perseguidos. Nos dan una herencia que debemos conservar e imitar: el Evangelio del amor y de la misericordia” (Homilía matutina, noviembre 17, 2019).

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