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Construir la paz, abrirse a la vida

Recorrido del Papa en Japón

Por: Cristina Alba Michel

Japón, uno de los más anhelados destinos pastorales de Papa Francisco, le recibió el 23 de noviembre en el aeropuerto de Tokio. Terminada la bienvenida se reunió el viajero con obispos japoneses: fue la única cita ese día, durante la cual evocó los 470 años de la llegada de San Francisco Javier, y “a los cristianos ocultos de la región de Nagasaki, que mantuvieron la fe por generaciones a través del Bautismo, la oración y la catequesis: auténticas Iglesias domésticas que resplandecían en esta tierra, quizá sin saberlo, como espejo de la familia de Nazaret”.

Velen por los jóvenes, Obispos

Aquel primer día pidió el Papa a los obispos cuidar de los jóvenes, lo propio que el Nuncio en México pidió a nuestros pastores: los jóvenes sufren sin una firme esperanza, no le ven sentido a la vida.

Ocúpense de ellos, enséñenles “la cultura del amor” para así luchar “contra su desesperación”.

Recordemos que Japón es uno de los países con más suicidios entre jóvenes y mujeres. Nuestra Patria no queda atrás, porque la segunda causa de muerte juvenil es el suicidio: vale la pena poner en práctica el consejo del Papa. Contra una cultura “de la eficacia, el rendimiento y el éxito”, realizar “la cultura de un amor gratuito y desinteresado capaz de brindar a todos, y no sólo a los que ‘llegaron’ [a una vida ‘exitosa’, n. de r.], posibilidades de una vida feliz y lograda”.

Sostener al inocente que sufre

El domingo 24, Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, las ciudades víctimas de las bombas atómicas recibieron la visita del Vicario de Jesús. Primero Nagasaki, en el Estadio de beisbol, fue escenario de la multitudinaria Eucaristía donde el Papa denunció las armas nucleares y rindió homenaje a los mártires de aquellas tragedias.

La homilía fue para reflexionar en el Evangelio del Buen Ladrón, quien “crucificado junto a Jesús, lo reconoció y lo proclamó Rey”.

Retomó el tema de las bombas atómicas, cuando “estas tierras experimentaron, como pocas, la capacidad destructora a que puede llegar el ser humano, por eso como el buen ladrón queremos vivir ese instante donde levantar nuestra voz y profesar nuestra fe en la defensa y el servicio del Señor, el Inocente sufriente. Queremos acompañar su suplicio, sostener su soledad y abandono, escuchar una vez más que la salvación es la palabra que el Padre nos quiere ofrecer a todos: ‘Hoy estarás conmigo en el Paraíso'”.

Un instante que destrozó miles de vidas

Se trasladó más tarde a Hiroshima, donde “de tantos hombres y mujeres, de sus sueños y esperanzas, en medio de un resplandor de relámpago y fuego, no ha quedado más que sombra y silencio. En apenas un instante, todo fue devorado por un agujero negro de destrucción y muerte. Desde ese abismo de silencio, todavía hoy se sigue escuchando fuerte el grito de los que ya no están”.

Estaban con el Papa en el parque del Memorial de la Paz. Él dejó claro: “reitero que el uso de la energía atómica con fines de guerra es hoy más que nunca un crimen… Seremos juzgados por esto…  ¿Cómo hablamos de paz mientras construimos nuevas y formidables armas de guerra? ¿Cómo podemos hablar de paz mientras justificamos determinadas acciones espurias con discursos de discriminación y de odio? […]La verdadera paz sólo puede ser una paz desarmada”. El Papa suplicó, a Dios y a los hombres: “¡Nunca más la guerra, nunca más el rugido de las armas, nunca más tanto sufrimiento! ¡Que venga la paz en nuestros días!”.

Una mano amiga

Las víctimas de la triple catástrofe de 2011, que sacudió Japón con terremoto, tsunami y accidente nuclear de la planta de Fukushima, se encontraron con Francisco el lunes 25 de noviembre.

Fueron miles las víctimas, y queda aún mucho por reconstruir, además de los corazones. La oración del Vicario de Cristo fue por los más de 18 mil que murieron y los desaparecidos. Y añadió estas palabras: “nadie se ‘reconstruye solo’, nadie puede volver a empezar solo. Es imprescindible encontrar una mano amiga, una mano hermana capaz de ayudar no sólo la ciudad, sino la mirada y la esperanza”. 

Más prójimo y menos selfies

No sólo las bombas atómicas matan personas. Hay actitudes cotidianas que asesinan la autoestima, la vida misma de alguien sin matarlo. En Japón, el bullying es un grave problema como también el desprecio por el extranjero y el discapacitado. Narcisismo, excesiva preocupación por una imagen perfecta, desprecio por quienes no caben en los cánones estéticos, raciales, utilitarios: “Mirar con desprecio a una persona es mirarla de arriba hacia abajo” y sólo hay un caso cuando es “lícito mirar así”, cuando se trata de “ayudarla a levantarse”.

El Santo Padre les dijo a los jóvenes, con quienes celebró este encuentro, “si de verdad quieren crecer, deben dejar de vivir para ellos mismos y vivir para los demás… menos selfies, dejar más espacio al otro… No ‘para qué vivo’ sino ‘para quién vivo. Con quién comparto mi vida'”.

Consumismo, ¡cuánto oprime y encadena el alma!

Misa en el Tokyo Dome. Unas 50 mil personas con el Papa que envía un fuerte mensaje a una de las economías más desarrolladas del planeta: las personas no se definen por lo que son capaces de producir.

“¡Cuánto oprime y encadena el alma el afán de creer que todo puede ser producido, conquistado o controlado! El hogar, la escuela y la comunidad, destinados a ser lugares donde cada uno apoya y ayuda a los demás, están siendo cada vez más deteriorados por la competición excesiva en la búsqueda de la ganancia y la eficiencia”. Dios, en cambio, propone “confiar y buscar un sentido más amplio de la vida… reconsiderar nuestras opciones cotidianas para no quedar atrapados o aislados en la búsqueda del éxito a cualquier precio, incluso de la propia vida… Acojan la vida como se presenta, con toda su fragilidad y pequeñez”. Den la “bienvenida a todo lo que no es perfecto, puro o destilado, mas no por eso menos digno de amor. ¿Acaso alguien por ser discapacitado o frágil no es digno de amor?, ¿alguien, por ser extranjero, por haberse equivocado, por estar enfermo o en una prisión, no es digno de amor?”.

Última visita

La Sophia University, a cargo de jesuitas, fue la última visita del Papa, quien dialogó con sus hermanos, visitó sacerdotes ancianos y enfermos, convivió con los estudiantes y profesores. Así despidió el país del Sol Naciente al peregrino de Roma.

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