Comentario al Evangelio

Un rey crucificado por amor

Comentario al Evangelio de la solemnidad Jesucristo Rey del Universo (Lc 23,35-43)

Por: P. Silvestre Méndez Morales

El evangelista nos presenta a Jesús crucificado. Esto significa la soberanía de Jesús que se expresa en el perdón. Un versículo antes del pasaje, San Lucas presenta al pueblo mirando. Es el pueblo que en otros momentos escuchaba a Jesús, acudía a él en gran multitud, buscaba su protección, pero ahora en este momento de la crucifixión ese pueblo se muestra como espectador, distante, ajeno a los acontecimientos

El relato nos recuerda lo que Jesús dijo a Pilato durante la pasión: “mi reino no es de este mundo”. Con esto Jesús viene a clarificar el concepto que los discípulos tenían sobre el mesianismo y realeza de Jesús. Hay que recordar el pasaje de la multiplicación de los panes, que dio pie a que la multitud lo quisiera elegir como rey, ante eso, Jesús pasó por entre ellos y se retiró de ahí. No se dejó llevar por los aplausos de la multitud, antes bien, rehuyó a ellos.

Jesús también expresó que ha sido enviado no para ser servido sino para servir. En ello manifiesta la plenitud de su realeza en la cruz que significa la plenitud de su entrega, la generosidad de su amor y bondad para con todos los hombres. Para nadie tuvo palabras de rechazo o condenación, sino de amor y compasión. De esta manera realiza Jesús nuestra redención.

En el prefacio de hoy proclamamos una loa a la grandeza del reinado de Jesús. Grandeza que la Iglesia proclama con solemnidad, reconociendo que este es el camino a seguir, un camino de humildad y sencillez, de entrega y de servicio, de perdón y de amor, de bondad y generosidad.

Ante Jesús crucificado, el evangelista muestra distintas reacciones conforme a los personajes ahí presentes. Por un lado, la multitud se mantiene expectante a lo lejos y no se involucra. Las autoridades le hacen muecas, se burlan de Él diciendo: “A otros ha salvado, que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido”. Los soldados también se burlan y le ofrecen vinagre, exclaman: “si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. Hasta uno de los malhechores insulta a Jesús mientras que el otro le reclama esa actitud pues ellos están crucificados con toda justicia mientras que “este ningún mal ha hecho”. Y le suplica a Jesús quien le promete el paraíso.

Este malhechor alcanzó a intuir por una fe incipiente que Jesús era el Mesías de Dios. En el libro del Génesis, ante el pecado de Adán y Eva se cerraron las puertas del paraíso; con su crucifixión, Jesús las abre a este “buen malhechor”. Finalmente, afirma el evangelista que todos los que conocían a Jesús estaban con él, presenciando todo, aunque desde lejos.    

Lucas nos exhorta a ser más que espectadores de lejos, a ser colaboradores de Jesús en el anuncio del Reino de Dios. Nos invita a vivir el reinado no como a cada quien le parezca o convenga, sino conforme al proyecto salvador de Dios. Y, finalmente la invitación a contemplar a Jesús crucificado como la plenitud del amor divino, el signo supremo de la redención universal para todos los hombres de todos los tiempos.

Exclamemos desde lo más profundo de nuestro corazón: ¡”VIVA CRISTO REY”!

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