Miscelánea

¿Qué sigue?

Por: Diác. Xavier Hurtado Licón

Hace muchos, muchos años, un ingeniero amigo mío al cual respeto y admiro mucho, me preguntó: “Xavier, ¿cuántos años estudiaste de kínder, de primaria, secundaria…?”, y continuó con el conteo; al final, haciendo la suma, volvió a preguntar: “¿Hasta qué edad piensas trabajar?”. Le respondí: “Hasta los sesenta”, andaba alrededor de los treinta. Continuó: “Te has preparado cerca de veinte años para trabajar hasta los sesenta, ¿crees en la vida eterna?”. La conclusión a sus cuestionamientos fue aplastante: ¿Cuánto te has preparado para la vida eterna?

Ciertamente invertimos con mucho sacrificio para que nuestros hijos estudien y lleguen a “ser alguien” en la vida, pero poco invertimos en formarlos en la fe. La fe se aprende en casa, en actos tan sencillos como poner con una oración sencilla el día en manos de Dios, dar gracias por los alimentos, al salir de viaje encomendarse a Dios, dar gracias por el día al finalizarlo, frecuentar los Sacramentos.

Cada día disminuye el número de niños que asisten al “catecismo” o a la “doctrina”, y los padres de los escasos niños que asisten creen que es suficiente con llevarlos y dejarlos ahí para que sus hijos conozcan sobre Dios, descuidando el ejemplo y la vivencia de la fe en casa.

Las nuevas generaciones tienen en realidad un prácticamente nulo conocimiento de la fe católica y por eso se ve con dolor cómo asesinos, violadores, criminales en toda la extensión de la palabra, son “bautizados”. Sí, sus padres asistieron al rito pero no los formaron con su ejemplo de vida.

Cuando asistimos a las celebraciones eclesiales de los difuntos, conocidas como exequias, podemos palpar de primera mano tanto la ignorancia religiosa como la falta de esperanza en Dios. Simplemente parecen pensar: “Se murió, se acabó”.

Vivimos sin pensar en el futuro, queremos todo de inmediato; eso nos lleva a buscar el placer momentáneo y comúnmente no medimos la consecuencia de nuestros actos. Basta ver con sinceridad la gran cantidad de matrimonios que fracasan.

“¿Qué sigue?”, es una pregunta inexistente. Entramos a primaria, sigue la secundaria y así, de repente, somos profesionistas. Aun batallando para colocarnos en un trabajo digno, con el tiempo lo logramos. ¿Qué sigue? Formar una familia, tener hijos, llevarlos a “triunfar en la vida”, la jubilación… Y, ¿qué sigue? Tarde o temprano la muerte. Y luego, ¿qué sigue? Si comprendemos la vida después de la vida, entonces seguirá una eternidad al lado de Dios, en paz, amor y alegría; pero si no nos preparamos, ¿sigue una eternidad sin Dios?, ¿acaso no es eso, en sí mismo, un infierno?

Preparémonos con tranquilidad para vivir en compañía de Dios desde esta vida, así viviremos ya desde ahora en la presencia de Dios, literalmente viviremos el Cielo en la tierra y, después de esta vida, en la eterna alegría. 

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