Artículos, Caminando con el Papa

La prueba final de la Iglesia

Caminando con el Papa

Por: Cristina Alba Michel

I. El Papa y el Evangelio

Siempre bajo Pedro y con Pedro

1. En el Evangelio aparece muy claramente que Pedro es aquel que Jesús quiso como roca para su Iglesia (Cf Mt 16,18). Aparece, así mismo, que Pedro en un momento dado, quiso desviar a Jesús de su pasión y muerte (Cf Mt 16, 23), e incluso negó a Jesús (Cf Mt 26,69-74). Ello ha ocurrido no solamente entre las páginas del Evangelio que narran un suceso de hace unos dos mil años, sino que se ha repetido a lo largo de la historia de la Iglesia. Han existido Papas valientes, santos, cobardes, pecadores, muy pecadores, tibios, muy santos, mártires, profetas… Y a pesar de sus errores y pecados PERSONALES, de sus miserias humanas o de sus grandes talentos, de su poca, mucha o ninguna capacidad para gobernar, la Iglesia ha subsistido y de su seno -de la gracia de los Sacramentos, de la acción del Espíritu Santo, de la fecundidad de la Palabra-, Ella ha dado a luz a grandes santos. Y el papado continúa hasta nuestros días.

2. Un tiempo después de constituirlo “roca” y darle las llaves con el poder de atar y desatar, el Señor se dirige de nuevo a Pedro: “Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido poder para zarandearlos como el trigo, pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos” (Lc 22,31). De nada vale que Simón le asegure que está dispuesto a dejarse matar por Él, Jesús insiste: “Yo te aseguro, Pedro, que hoy, antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces” (Lc 22,34). Esto significa que Jesús tenía previsto que Pedro fallaría como hombre, también como discípulo, pero jamás tuvo previsto buscar otra roca, porque la roca verdadera es Cristo mismo que sostiene el Primado mediante la acción del Espíritu Santo aunque Pedro se equivoque como pobre pecador que es personalmente.

3. Pero aún debemos decir más: “Pedro lloró amargamente”, después de sus negaciones. Sí, Pedro, en la persona de los Papas de la historia, sigue llorando sus errores, sigue pidiendo perdón, sigue necesitando oración… Y sigue recibiendo la confianza del Señor, su compasión, su perdón, su fidelidad.

Y porque los católicos verdaderos aman al Señor y defienden la fe en el Cristo de Dios, permanecen en la Iglesia, reconocen el magisterio del Papa y se refugian, en los momentos de oscuridad y confusión como éste que estamos viviendo, bajo la Cruz del Señor, donde está María en oración, donde el discípulo se fortalece junto a la Madre -figura y modelo de la Iglesia-; ahí, pegaditos al corazón de Cristo de donde brota la gracia de los Sacramentos y donde Jesús entrega su preciosa Palabra y su Espíritu. Después de esa hora el Señor resucitado volverá para consolar a su pequeño rebaño, y su luz incandescente iluminará de nuevo las tinieblas que rodean a la Iglesia y al acongojado Pedro que, si bien no deja de llorar sus pecados, tampoco ha dejado de confirmar a sus hermanos en la fe.

II. Glosas y comentarios

Junto a la Cruz del Señor

Una dura prueba, no sé si la final, atraviesa la Iglesia. No va a venir, ya está sobre Ella. Confusión, tinieblas, gritos e insultos la rodean. El Papa sufre. Los pequeños son escandalizados. La traición viene de adentro y los de afuera se sorprenden. Muchos quieren irse.

Algunos hermanos me han preguntado qué pasa. Sólo puedo asegurarles que es una prueba. Y, ante la prueba, fidelidad al Señor que de nuevo es conducido para ser crucificado. Lo vemos en la cada vez mayor persecución anticristiana, en los golpes al Vicario de Cristo y la tristeza que a veces asoma a sus ojos; él, pese a todo, sigue en pie de lucha sostenido por su amor a Jesús y a María, asistido por el Espíritu Santo aun si a veces hemos creído que no es así.

La Iglesia atraviesa una prueba difícil y se requiere perseverancia, valentía, fidelidad y oración, aferrarse a la Cruz bajo el manto de María, tomar la mano de Juan sin dejar de mirar al que traspasaron. “Las pruebas que nos rodean son sólo el comienzo. Apenas hemos comenzado los duros dolores de parto… a menudo escucho en mi corazón: ‘cuando el  Hijo del Hombre venga, ¿encontrará fe sobre la tierra?'”. Sí. Junto a María y a San Juan. (Cf. Mark Mallet, Defending Jesus Christ; octubre 31, 2019).

Pensar

Ustedes son los que han permanecido siempre conmigo en medio de mis pruebas. Por eso les confiero la realeza, como mi Padre me la confirió a mí. Y en mi Reino, ustedes comerán y beberán en mi mesa” (Lc 22,28-30). “Como mi Padre me la confirió a mí”, es decir, no sin la prueba, no sin la cruz de Cristo.

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