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La lengua y la Biblia

Por qué soy católico

Por: Paco Pérez

Una fábula clásica llamada “Lo mejor y lo peor” cuenta de un rico mercader griego que tenía un esclavo muy sabio llamado Esopo. Cierta vez, para probar su buen criterio, el mercader le ordenó:

— Toma, Esopo: aquí están estas monedas; corre al mercado y compra los mejores ingredientes para un banquete. Quiero agasajar a unos amigos así que consigue la mejor comida del mundo.

Cuando Esopo regresó con un atado de lengua, preguntó el amo:

— ¿Fue lo mejor que encontraste?

— ¿Qué hay mejor que la lengua, señor? -dijo el esclavo-. La lengua nos une a todos cuando hablamos; sin ella no podríamos entendernos. La lengua es el instrumento de la verdad y la razón. Gracias a la lengua podemos expresar nuestro amor. La lengua es el órgano del cariño, de la ternura, de la comprensión. Es la lengua la que expresa los versos de los poetas, las ideas de los grandes filósofos. Con la lengua se enseña, se persuade, se instruye, se reza, se explica, se canta, se describe, se elogia, se demuestra, se afirma. Con la lengua decimos “madre”, “patria” y “Dios”. Con la lengua decimos “sí”, con la lengua decimos “¡te amo!”, ¿puede haber algo mejor que la lengua, señor?

— ¡Muy bien, Esopo! -exclamó convencido el amo- te concedo la razón. Pero el mes que viene tendré que dar una comida para unos opositores políticos que son gente dada a la intriga, así que irás de nuevo al mercado y esta vez traerás lo peor que puedas encontrar.

Llegado el día volvió Esopo del mercado y, para sorpresa de su amo, traía otro atado de lengua.

— ¡¿Queeé?! ¿Lengua otra vez? -exclamó-. ¿No dijiste que la lengua era lo mejor que había?

— La lengua, señor, -respondió Esopo bajando la mirada- es lo peor que hay en el mundo. Es la fuente de todas las intrigas, el inicio de todos los procesos, la madre de todas las discusiones. Es la lengua la que separa a la humanidad, la que divide a los pueblos. Es la lengua la que usan los malos políticos cuando quieren engañar. La lengua es el órgano de la mentira, de la discordia, de los malos entendidos. Es la lengua la que miente, la que estafa, la que blasfema, la que insulta, la que provoca, la que calumnia, la que seduce, la que corrompe. Con la lengua decimos “no”, con la lengua decimos “¡te odio!”. Ahí está, señor, por qué la lengua es la peor de todas las cosas.

El cerebro

Hasta aquí la fábula, ¡estupenda!, pero vale la pena hacer una precisión: la lengua no lo hace por sí misma. La sola lengua sólo es carne de cadáver. Para que sea lo que Esopo dice debe estar conectada a un cerebro de quien recibe su determinación. Y en todo caso, quien está detrás de ella es el responsable del mensaje. Pero la moraleja es incuestionable: lo mejor que tenemos, mal usado, es lo peor. Por eso, si a mí me lo preguntaran, yo diría que lo mejor y lo peor es la Biblia, con la misma aclaración: todo depende de quién viene atrás y del uso que le da.

Porque, ¡ojo!, la Biblia, como la lengua, nunca viene sola. Hay una inteligencia detrás que te la ofrece, la traduce e interpreta. La fórmula luterana de “sola scriptura”, es falsa; o como decía Chesterton, la sola Biblia es nada más tinta y papel. ¿Quién está detrás? Siempre hay un grupo, una “denominación”, un líder. Al igual que la lengua, la Biblia llega a decir lo que el cerebro que la opera manda.

Así, lamentablemente se ha convertido en el instrumento base de la manipulación sectaria. Un líder hábil (o una organización) de manera fácil puede convencer a sus adeptos de que la Biblia es “lo único” pero, claro está, interpretada por él y haciendo creer al incauto que su lectura es la “buena”.

Esto siempre será así. No hay manera de que la Biblia opere por sí misma. Su mensaje queda determinado por el grupo al que asistes o el líder a quien oyes. De este modo, aunque el texto no cambie, hay lecturas “luteranas”, “calvinistas”, “pentecostales”, “bautistas”, “metodistas”, “anglicanas”, y diez mil etcéteras más, hasta llegar a las de los grupos de más reciente factoría, de los que hay una asombrosa variedad: los de “dejen de llorar”, los “testigos de las postrimerías”, los “simplemente cristianos”, los “odres remendados”, los “protegidos de Yavé” y otros que ya ni sé. Todos usan la Biblia como su fundamento, pero en ellos se encuentra conectada a cerebros que le son ajenos y por ello artificiosamente articulada.

El Cuerpo

Porque la Biblia no se escribió para que hablara desarticulada de un cuerpo o en forma independiente de él. Pero sólo hay un cuerpo en el que el Nuevo Testamento adquiere su sentido pleno, su lugar exacto. Es el cuerpo del que forma parte de modo natural, dentro del cual se formó y del que es el órgano propio con el que expresa su pensamiento, su ser y su misión: la Iglesia Católica. La Biblia sólo dice su mensaje profundo cuando está conectada al cerebro y al corazón de la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo.

Fuera de ella sólo es un libro; el más excelso, ciertamente, pero por lo mismo el más frecuentemente utilizado por intereses mezquinos o delirios de iluminados. Así como Dios dio la lengua para la comunicación y la hemos vuelto la herramienta de la discordia, dio la Biblia para la unidad de la fe y la han convertido en el peor instrumento de la desunión. Babel: la lengua y la Biblia manejadas para servicio de líderes sectarios.

Pero para quedarse con la Biblia hay que hacer creer que la Iglesia es la villana de la historia. Para muchos protestantes ese es el eje de su predicación.

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