Artículos, Caminando con el Papa

Inculturación no es sincretismo

Caminando con el Papa

Por: Cristina Alba Michel

I. El Papa y el Evangelio

La imperiosa necesidad de evangelizar

1. En su Evangelii Gaudium, Papa Francisco avisa de la “imperiosa necesidad de evangelizar las culturas para inculturar el Evangelio” (n. 69). Esto significa que, por bella que sea una cultura, siempre tiene necesidad de purificar ciertos aspectos que no son compatibles con el anuncio de Cristo. De hecho, todos los seres humanos necesitan de la salvación de Cristo, hayan oído hablar de Él o no, en Asia, en China, en España, México o la Amazonia. Porque, aún “en el caso de las culturas populares de pueblos católicos -añade el Papa- podemos reconocer algunas debilidades que todavía deben ser sanadas por el Evangelio: machismo, alcoholismo, violencia doméstica, escasa participación en la Eucaristía, creencias fatalistas o supersticiosas que hacen recurrir a la brujería, etc”. No se diga en el seno de las culturas indígenas. Amén de la idolatría, que indígenas y no indígenas siguen -¿seguimos?- practicando. Cada cual se fabrica sus propios ídolos: sea la pachamama, sea el alcohol, la violencia, la droga, el dinero, el sexo o el poder.

2. Por eso, vale la pena destacar de la misma Evangelii Gaudium otro párrafo: “‘no puede haber auténtica evangelización sin la proclamación explícita de que Jesús es el Señor’, y sin que exista un ‘primado de la proclamación de Jesucristo en cualquier actividad de evangelización'”, considerada la evangelización como la “predicación alegre, paciente y progresiva de la muerte y resurrección salvífica de Cristo” (EG 110). Es decir, el Kerygma. Tal hicieron los Apóstoles y lo ha hecho la Iglesia a través de los siglos. Y esa -dice Papa Francisco citando de nuevo a Juan Pablo II-: “debe ser vuestra prioridad absoluta” (EG 110).

Por lo tanto, en Asia, Chihuahua, Chiapas, Congo o la Amazonia, la principal labor misionera es el anuncio de Jesucristo Crucificado, Resucitado, Salvador y único Señor.

Y recordemos: el respeto de las culturas autóctonas no le quita ni una coma a lo dicho. Jesús es el Señor.

II. Glosas y comentarios

Inculturación no es sincretismo

1. Todos los pueblos de todas las épocas, al escuchar el Evangelio de Cristo, han tenido que abandonar algunas prácticas antiguas para entrar de lleno en la Vida Nueva. Al mismo tiempo, “en dos milenios de cristianismo -dice la Evangelii Gaudium de Francisco-, innumerable cantidad de pueblos han recibido la gracia de la fe, la han hecho florecer en su vida cotidiana y la han transmitido según sus modos culturales propios” (n. 116). Es decir, algunos elementos de las culturas, algunas costumbres y tradiciones, han debido abandonarse, otras en cambio han florecido, se han embellecido con el soplo del Espíritu Santo que ha encarnado en ellas a Cristo.

2. Naturalmente, necesario fue siempre abandonar los ídolos. Si alguien no los deja, entonces ni ha acogido el Evangelio ni Cristo es su Señor.

Mucho menos la Iglesia, a través de sus misioneros, sacerdotes o catequistas, debe apapachar costumbres que no puedan ser purificadas por Cristo. ¿Recuerdan a los niños mártires de Tlaxcala, que murieron por oponerse a la idolatría de sus pueblos de origen? Voluntariamente, a su temprana edad, prefirieron morir que suplantar a Cristo por los viejos ídolos. Como ven, inculturación del Evangelio no es igual a sincretismo religioso, y respetar una cultura no significa traicionar la fe recibida de la cual la Iglesia no es propietaria sino custodio.

3. Un ejemplo reciente ocurrió en estas últimas semanas, cuando el padre misionero español Christopher Hartley, dio testimonio de cómo los fieles de su nueva parroquia en Sudán del Sur (vecina a la frontera con el Congo, de la Diócesis de Tambura Yambio), durante el Credo de la Misa dominical quemaron los ídolos paganos que habían requisado esa semana entre la gente del pueblo.

Fueron casa por casa, sin avisarle antes al P. Christopher; a quienes tenían los ídolos, les preguntaban si querían ser cristianos o no. A los que decían que sí, se los recogían, con el resultado ya dicho. (Cf. www.es.aleteia.org; www.infocatolica.com).  

Pensar

En la evangelización de las culturas, en la inculturación del Evangelio, “es necesario proceder con extrema prudencia a fin de evitar que la originalidad cristiana resulte reabsorbida en las ideas pre-cristianas, mitologías, etc. De ahí que resulte digno de imitar el proceder de los Padres de la  Iglesia, que aun apreciando la cultura grecorromana, se opusieron a admitir los simbolismos provenientes de los cultos paganos hasta que la especificidad del culto cristiano se expresó de manera suficientemente clara y fue asimilada: sólo a partir de ese momento podían asumirse o incorporarse sin caer en el equívoco” (Cf. “El hecho religioso”, Gran Enciclopedia RIALP).

Aceptar a Cristo implica conversión: “tu corazón era mundano, pagano, se vuelve cristiano con la fuerza de Cristo. Cambiar, es la conversión. Una conversión que involucra cuerpo y alma… no un cambio que se hace con el maquillaje” (Papa Francisco, homilía, octubre 26, 2017).

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