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Encuentran en Cristo la alegría de sanar

En jornada de oración dirigida por Mons. Willie Peña

Por: Patricia Carrillo Gómez

Abarrotado lució el Auditorio Municipal el pasado sábado 2 de noviembre, lugar al que se dieron cita cientos de personas para escuchar la predicación de Mons. Willie Peña, sacerdote puertorriqueño que goza de gran aceptación en esta diócesis y alrededor del mundo, quien dirigió la jornada de oración titulada “La Alegría de Sanar”.

Familia Castañeda.

Entre cánticos, alabanzas, oraciones y adoración al Santísimo Sacramento, la jornada fue un rotundo éxito. Los asistentes reafirmaron su fe en Cristo el Señor, el único que puede sanar de cualquier enfermedad física o espiritual. Algunos de los asistentes compartieron su sentir de esta grata experiencia, como los integrantes de la familia Castañeda: “Nos gusta mucho la forma de predicar del padre Willie, es la primera vez que venimos, con sus anécdotas podemos vivir mejor los días tratando de ser evangelio para los demás”; así mismo Esther Padilla, Isabel y Lourdes Márquez comentaron: “Nos gustó mucho cuando dijo el padre Willie que somos una sociedad necesitada de sanación, desde el vientre de la madre y que las heridas que adquirimos mientras crecemos sólo las sanaremos con el Espíritu Santo”.

Encuentro carismático en Jiménez marcó su vida

Para Notidiócesis, Mons. Willie Peña compartió lo siguiente sobre sus visitas a Chihuahua:

“Hay acontecimientos que nos marcan de por vida y uno de ellos fue el encuentro en ciudad Jiménez, de hace años, en el cual vi la mano de Dios en todo lo que ahí se mostró. Uno de los ejemplos fue que esa tarde había una amenaza de lluvia  y todo estaba nublado y yo traía al Santísimo Sacramento de una capillita para exponerlo; cuando puse la custodia en un madero, se movió una nube y cayó un rayo de sol encima de ella, ¡mira, me erizo aún! Eso fue una cosa espectacular y para mí una experiencia maravillosa como cristiano católico y sacerdote. Repito: fue una bendición el haber conocido al padre Toño Ramírez (+)”

¿Cómo surgió su ministerio?

“Siempre he dicho sin una falsa humildad, que a mí me ha regalado Dios más de lo que merezco, y el haber aprendido a conocerme a mí mismo, me ha ayudado mucho los talleres, la pastoral, etcétera, yo sé quién soy, para mal o para bien y conozco mis virtudes y defectos, por eso oro constantemente porque sé la gran responsabilidad que tengo (mira mis manos frías, dijo) de que vengan a buscarme, porque creen en mí para una sanación física. Esto fue obra del Espíritu Santo literalmente. Toda la vida he sido organizador, desde la escuela movía gente de aquí para allá, se me daba ser presidente de los salones escolares y grupos de jóvenes de la parroquia. En una ocasión la maestra citó a mi mamá y le dijo: -‘tienes que tener mucho cuidado con este muchacho, ha levantado a todo el colegio y si cae en malas manos va a ser un gran peligro’-, y mi madre hizo todo lo posibles para que cayera en las manos buenas”.

¿Cómo combina sus responsabilidades sacerdotales?

“Soy párroco primeramente, y digo que este es mi ‘hobby‘; no juego golf, ni tenis, pero lo que tengo lo aporto siempre en servicio de quien lo quiera. Mi parroquia es Santa Bernardita en San Juan, Puerto Rico, e igual que otro párroco tengo que arreglar baños, luces y todo lo que se pueda presentar; mi comunidad es de puertas abiertas las 24 horas, ya que por gracia de Dios tenemos una capilla de adoración perpetua desde hace 15 años y aparte no cuento con vicario, pero lo que sí tengo es un gran equipo de laicos que coordinan los 34 ministerios que ahí existen, y les digo: ‘Miren, al único que pueden cambiar es a mí, ustedes se quedan, esta es su parroquia, esto es más de ustedes que mío, así que vamos juntos a enriquecer su comunidad’. Cuando tengo que viajar, dejó todo organizado, tratando de no ausentarme más de una semana, además que no salgo en los tiempos de Cuaresma o Adviento. Con el programa de televisión, digo que mi parroquia está extendida y la productora sabe mis prioridades, tengo con ella 19 años, tengo que grabar cuatro o cinco veces al año. Celebro mis Misas del domingo en Puerto Rico y viajo para llegar a Estados Unidos como a las 11pm, para el lunes comenzar a grabar hasta el jueves por la noche, haciendo 18 programas de una hora, y poder estar el viernes en mi parroquia celebrando misa de 7pm”.

Por último, agradeció a Mons. Luis Leonardo Padilla su hospitalidad: “Es un hombre que quiero y respeto mucho, un tremendo párroco. Además, quiero destacar que no sé lo que yo dejo en Chihuahua, pero lo que sé sé es que me llevo la acción de Dios que nos sobrepasa y nos deja con la boca abierta por su misericordia, pero sobre todo me llevo la cercanía que es extraordinaria, me hace orar mucho por México y admirar todo el amor por su Madre guadalupana”.

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