Artículos, Por qué soy católico

El vuelo del cuervo

Ante la evidente ventaja del cuervo, al pavo sólo le queda echarle en cara sus defectos.

Por qué soy católico

Por: Paco Pérez

Es doctrina bíblica que Cristo nos salva por su inmenso amor, no por méritos nuestros, para que nadie se gloríe. Así lo dice San Pablo.

Es doctrina de Lutero compartida por muchos de sus seguidores, que el hombre es irremediablemente un degenerado y eso ya ni Dios lo quita; por eso no puede haber santos. Cristo pagó por nuestros pecados y nos perdona pero, según ellos, nos deja tan percudidos como antes y su tratamiento es como cubrirnos con una capa para ocultar nuestro pecado y hacernos aceptables a los ojos del Padre.

En colaboraciones anteriores he tratado de mostrar cómo en la práctica (incongruente) muchos protestantes nos achacan la podredumbre sólo a los católicos, mientras ellos se glorían de su buena conducta, contrariamente a lo que dice San Pablo y les enseña Lutero pero en consonancia con el resto de la humanidad. Al igual que los fariseos del Evangelio, ellos nos ven como a cuervos en un escenario donde ellos son pavos, porque son los “buenos”.

No me molesta que lo sean ni los juzgo, pero advierto cierto peligro en ello. ¿Qué nos enseña el Evangelio? Debemos huir del pecado y uno de los más nocivos es la presunción, que nos imposibilita para reconocer a los demás. Los fariseos, en el Evangelio, suelen ser gente presuntuosa que exhibe los signos visibles de la excelencia y la virtud, pero que tal vez está carcomida por pasiones y vicios ocultos. Las palabras más duras del Evangelio se dirigen en su contra. No los imitemos.

Insisto: no se trata de juzgar a nuestros hermanos; los que conozco son excelentes personas y no tengo interés en deteriorar su imagen, sólo me preocupa poner de relieve ciertas inconsistencias de su doctrina y hacer ver cómo, al leer la Biblia con ideas preconcebidas, corren el riesgo de dejar de lado realidades muy sustanciales.

Qué dice la doctrina

Según la doctrina protestante, la salvación se opera cuando una persona cree en Jesús y lo acepta como su Salvador. Desde ese momento se operará un cambio en su vida porque Dios mismo se hará cargo de manejarlo, de tal manera que en lo sucesivo su conducta será intachable.

Según la doctrina católica/bíblica, la aceptación de Jesús es sólo el inicio. Lo decisivo de la vida cristiana está en el “sígueme”, que es un imperativo radical y tiene una serie de consecuencias que serán distintas para cada persona según su situación; además, siempre habrá la posibilidad de fallar. Testigos privilegiados de esto son Pedro y Judas.

Un requisito básico para alguien que quiera ser buen católico es que sea muy realista en cuanto a su condición de ser humano, frágil y pecador. A ese realismo algunos le llaman humildad. No se trata de una simple pose: los católicos nos reconocemos pecadores porque lo somos. Abandonados a nuestras propias fuerzas, pronto caemos; pero creemos que con la Gracia de Dios sí podemos llegar a ser santos, no por méritos nuestros sino porque Cristo es poderoso y nos limpia a fondo de nuestro pecado. Sólo que este proceso requiere también un esfuerzo de nuestra parte; por eso Cristo insiste: “Permanezcan en mi amor”.

Somos pecadores oscuros y feos pero en la Iglesia encontramos plenitud de vida. Los Sacramentos son la ayuda sencilla y portentosa que Cristo quiso dejarnos como prenda de su presencia entre nosotros y de su alianza con la humanidad. Quien cree en su Palabra, cree también en ellos porque…

En ellos quiso darte

alas para ayudarte

a remontar el vuelo.

Viene pues muy al pelo

la fábula de Iriarte.

Aquí te la presento

tal como la recuerdo:

Pues, como digo, fue el caso, y va de cuento,

que a volar se retaron un pavo y un cuervo.

Al término fijado, ¿cuál llegó primero?

Lo sabrá quién de ambos haya visto el vuelo.

— Aguarda -dijo el pavo al cuervo de lejos-,

¿sabes lo que estoy viendo? Que eres prieto y feo.

Escucha: también veo -le gritó más recio-

que eres un pajarraco de muy mal agüero.

¡Y además me das asco, grandísimo puerco!,

pues tienes por delicia comer cuerpos muertos.

— Eso no viene al caso -le respondió el cuervo-,

aquí sólo se trata de ver qué tal vuelo.

Sacramentos, medio para la santidad

Sólo quiero poner de relieve lo maravilloso de los Sacramentos que nuestros hermanos separados rechazan. La Confesión y la Eucaristía son como las alas fuertes de los cuervos, los medios que Dios nos ha dado que nos permiten remontarnos a las alturas; no porque merezcamos tales medios, sino porque Cristo nos los ha merecido y los ofrece gratis.

Habrá quien piense que no los necesita, pero no es éste el mensaje de Dios comunicado en la Escritura. Nosotros sólo podemos, libremente, recibirlos o rechazarlos; y, al hacerlo, lo recibimos o lo rechazamos a Él. Pero, como dice Juan, a los que lo reciben les da el poder de llegar a ser hijos de Dios (Jn 1,12).

Gracias a esas poderosas alas muchos hombres han alcanzado insospechables alturas de santidad, en eso consiste ser hijos de Dios y de eso se trata el ser católico; pero es lo que molesta y desespera todavía más a los protestantes, pues afirman que santos no puede haber… Entonces, ¿quién los entiende?

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