Comentario al Evangelio

El nuevo lugar de encuentro

Comentario al Evangelio del XXXIII Domingo Ordinario

Por: Mons. Luis Carlos Lerma Martínez

En el penúltimo domingo del tiempo ordinario escuchamos una parte del discurso escatológico de Jesús en el evangelio de San Lucas. Jesús está en la ciudad santa de Jerusalén, en el templo. Nos relata el evangelista que algunos estaban admirados de la belleza de las piedras del templo de Jerusalén y de las ofrendas votivas que lo adornaban, a lo cual, Jesús les dijo que vendría un día en que todo sería destruido. Recordemos que uno de los motivos de condena a Jesús fue que, según decían los miembros del sanedrín, destruiría el templo y en tres días construiría otro. Los malentendidos no son propios de nuestra época, siempre han acompañado la historia del hombre.

En el evangelio de San Juan (ver Jn 2,13-22), después de que Jesús purificó el templo, es cuestionado con esta pregunta: “¿Qué señal nos ofreces como prueba de tu autoridad para hacer esto?” Y Jesús les respondió: “Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré de nuevo”. Entonces, Jesús nunca dijo que él destruiría el templo. Lo que dijo fue casi una provocación, como invitando a los judíos o a quien quisiera, que destruyeran el templo de Jerusalén, el lugar destinado por el pueblo de Dios para el encuentro con Dios, y Jesús se encargaría de levantar un nuevo sitio de encuentro.

El mismo evangelista San Juan nos dice que el templo del que hablaba Jesús era su propio cuerpo. Es decir, que la persona de Jesús es el nuevo lugar de encuentro con Dios. Los tres días hacen referencia a su muerte, sepultura y resurrección. Jesús resucitado es el nuevo templo, el nuevo lugar de encuentro con Dios, el mejor, único y excelente nuevo templo, lugar de encuentro con Dios. La carta a los Hebreos también nos habla de esto mismo.

En su discurso escatológico, Jesús anuncia, pues, la caducidad del templo de Jerusalén, y con ello, del culto, con todo y sacerdocio levítico, del antiguo testamento. Y el nacimiento de un nuevo templo, con un nuevo culto, un nuevo sacerdocio, un nuevo pueblo de Dios.

Este proceso es doloroso. Él mismo lo sufrió y no nos engaña, nosotros también lo sufriremos. Pasa por el engaño, la mentira. Con lenguaje apocalíptico nos advierte de acontecimientos que pueden tambalear, desestabilizar, infundir miedo. Todo está contemplado en el proyecto de Dios. Es la oportunidad de dar testimonio de nuestra fe, de dejarnos conducir por el Espíritu Santo, de perseverar hasta el final, hasta la consumación de la salvación. Es la oportunidad de vivir cristianamente nuestra vida, de saber de qué estamos hechos, qué calidad de frutos damos, qué tan sólidamente estamos cimentados.

El pasado domingo 20 de octubre, el evangelio terminaba con una pregunta de Jesús: “cuando venga el Hijo del hombre (Jesucristo) ¿creen que encontrará fe sobre la tierra?”. Bueno, esta es la oportunidad de poder presentarnos ante nuestro Señor y Salvador triunfalmente desbordantes de fe.

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