Artículos, Caminando con el Papa

El Canto de San Francisco… y la madre tierra

Caminando con el Papa

Por: Cristina Alba Michel

I. El Cántico de las Criaturas

¡Alabado seas, MI SEÑOR!

-Altísimo y omnipotente buen Señor, tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición. A ti solo, Altísimo, te convienen y ningún hombre es digno de nombrarte.

Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas, especialmente en el señor hermano sol, por quien nos das el día y nos iluminas. Y es bello y radiante con gran esplendor, de ti, Altísimo, lleva significación.

-Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas. Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento y por el aire y la nube, y el cielo sereno y todo tiempo, por todos ellos a tus criaturas das sustento.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego, por el cual iluminas la noche, y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.

-Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor, y sufren enfermedad y tribulación; bienaventurados los que las sufran en paz, porque de ti, Altísimo, coronados serán. Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar. Ay de aquellos que mueran en pecado mortal.

Bienaventurados a los que encontrarás en tu santísima voluntad porque la muerte segunda no les hará mal.

Alaben y bendigan a mi Señor y denle gracias y sírvanle con gran humildad”. (San Francisco de Asís, Cántico de las Criaturas).

II. Glosas y comentarios

El Canto de San Francisco… y la madre tierra

1. Algunos dentro de la Iglesia, incluidos clérigos, han tomado el “Canto de las Criaturas” de San Francisco de Asís como si fuera el permiso de la Iglesia para rendirle culto a la “Madre Tierra”. Varias facetas del humilde Santo son manipuladas para alentar ideas o acciones -hasta rituales- que rayan en lo pagano. Esas personas tienen perdido el espíritu de San Francisco, y parece que también el de Cristo, que el de Asís llevaba bien puesto.

2. De entrada destaco: En su Cántico, Francisco nombra a la tierra con minúscula: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra”; además, no la hace nuestra “madre” sino nuestra “hermana”, pues la tierra es una criatura y no una diosa fértil. Por añadidura, Madre ya tenemos: la Santísima Virgen María, la Inmaculada, “purísima y castísima” Madre de Cristo y de la Iglesia. Creo necesario colocar ambos adjetivos para destacar las cualidades de la Madre de Dios y de la Santa Madre Iglesia también, aunque el rostro de esta última luzca ahora ensombrecido por nuestros pecados. También Papa Francisco -en su Encíclica Laudato si‘- llama a la tierra “hermana”, y cuando la llama madre, tres veces, lo hace considerándola criatura de Dios.

3. De salida recuerdo: San Francisco escribió su Himno en 1225 con dos añadidos en 1226, año de su muerte. Se encontraba ya convertido en otro Cristo, había recibido los estigmas y estaba enfermo. Su cuerpo debilitado contrastaba con su caridad ardiente, humildad ejemplar y fortísimo espíritu. Estaba dando vivo testimonio de la vida y la muerte del Señor. Francisco yacía casi literalmente sobre la cruz, como Jesús.

Su Canto lo dirigió a Dios “por todos, por ti y por mí; por los hombres y los astros; por las criaturas y las plantas; por toda esta naturaleza que Cristo reconcilió y pacificó en su cruz”.

4. Para terminar: Cristo desde la Cruz nos heredó una Madre, y no era la tierra. Francisco, crucificado con Jesús, nos heredó “el silencioso canto que toda la creación le tributa a Dios, y la silenciosa melodía que Dios canta en la creación”. Papa Francisco en su Encíclica habla de la tierra como de una criatura de Dios, y fue Dios quien nos rescató con la sangre de Su Hijo, mediante la cual reconcilió consigo también todo el cosmos que el hombre hirió al pecar. Esto es cristiano y católico.

Pensar

Palabra y Anti-Palabra. En este momento histórico se está verificando frente a nuestros ojos un cambio de época. Se trata de algo apasionante, no obstante, muchos han decidido permanecer al margen: les gana la apatía, la indiferencia, la mera supervivencia, en vez de buscar vivir en plenitud los acontecimientos y tomar partido de uno u otro lado. Hoy resulta del todo necesario tomar partido a favor o en contra de esa nueva ética mundial mediante la cual quedaría asentado el Nuevo Orden Mundial, opuestos ambos a la propuesta de los Diez Mandamientos.

Dicho de otra manera, hoy se manifiesta al máximo la batalla entre la Anti-Palabra y la Palabra. Esta lucha se ve en lo pequeño, personal y cotidiano, como en las grandes relaciones públicas entre individuos, instituciones y naciones.

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