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Canossianas abren nueva casa religiosa

Dedicada a “María, Madre de los Pobres”

Por: Karen Assmar Durán

Con la bendición y traslación del Santísimo Sacramento, el 27 de octubre fue inaugurada la nueva casa religiosa de las Hijas de la Caridad Canossianas Siervas de los Pobres -conocidas como Hermanas Canossianas-, la cual se ubica en la colonia Vistas Cerro Grande y lleva como nombre “María, Madre de los Pobres”.

Situada en territorio parroquial de Jesús Misericordioso, correspondió al párroco P. David Valeriano Olivas llevar solemnemente el Santísimo hasta la casa, autorizada para su institución por el Sr. Arzobispo y bajo el cuidado y oración de toda la Provincia de Cristo Rey, que abarca comunidades canossianas de Norteamérica.

Para conocer mayores detalles de este importante acontecimiento tanto para la congregación -fundada por Santa Magdalena de Canossa- como para esta Iglesia particular, Notidiócesis charló con las tres religiosas que conforman la nueva comunidad: superiora Jocelyn Densing, filipina de nacimiento, y las chihuahuenses Leisly Yuritsi Delgado Carreón y Claudia Lorena Martínez Rodríguez.

Profesas desde el 6 de octubre de 2018, las Hnas. Claudia y Yuri son en todo nuevas, mientras que la Hna. Joy, con mayor experiencia religiosa, recién llegó al país. “Es mucha emoción pero también miedo por la gran responsabilidad; apenas tenemos un año de religiosas y ya somos parte de la historia de algo fuerte del Instituto. No tenemos experiencia pero de nuestra ignorancia el Señor se ha servido para hacer las cosas. Tú piensas que no van a salir… ¡y la Providencia llega! Todo eso te va confirmando que el Señor lo quiere y te pide que confíes plenamente en Él, porque es suyo”, expresaron las jóvenes junioras y actualmente estudiantes: Yuri de la licenciatura en Pedagogía y Claudia de la especialidad en Integración en las Problemáticas Familiares.

La casa se ubica en una zona periférica de gran marginación social pero muy conocida por las canossianas ya que a unas cuantas cuadras se encuentra EDYFICA, institución de educación y formación integral por ellas establecida, donde apoyan en todo pero especialmente en catequesis y el área de comunicaciones: publicidad, manejo de redes, correo electrónico, boletines, videos, etc.

De sus vecinos señalaron que “la gente es muy buena aquí, te cuidan y les da gusto que haya religiosas”. También manifestaron su deseo de atraer vocaciones, “que vean caras jóvenes, felices. Nosotras nos consagramos por amor y no porque nos obligaron, eso es la vida religiosa: sentirte libre y feliz en el lugar en donde estés”.

Finalmente, las tres se encomiendan a las oraciones de todos: “Recen mucho por nosotras, por esta comunidad que empieza y por el Instituto”.

Sister Joy, de Filipinas a Chihuahua

Con 33 años de religiosa, Jocelyn Lobitaña Densing, nació el 7 de mayo de 1959 en Don Carlos, provincia de Bukidnon, Filipinas.

“Cuando estaba en 5º grado quería ser religiosa, entrar al convento, pero era muy pequeña. Seguí estudiando hasta que terminé en Manila -la capital- mi carrera como maestra. Regresé a casa, distante casi dos horas en avión, y ya en mi ciudad natal conocí a las canossianas y mi deseo de ser religiosa renació”, platicó claramente en inglés, idioma oficial en su país, y compartió conocer también el tagalo y cebuano, dos de las más de 170 lenguas que se hablan en las Islas.

Con sus estudios, Jocelyn viajó de nuevo a Manila donde por un año fue maestra en la Canossa Academy, y al siguiente año ingresó al convento, tenía 21 años. “Mi familia no estuvo de acuerdo pero respetó mi decisión. Cuando me vieron feliz, alegre, ellos también lo fueron y se convencieron de mi vocación”.

Realizó su noviciado en la casa de formación San Juan (Manila); profesó sus primeros votos el 19 de mayo de 1985 y los perpetuos el 10 de junio de 1991. Ya como religiosa cursó en St. John Vianney Theological Seminary el Master of Arts in Pastoral Ministry, fue catequista y maestra de distintas materias en colegios, promotora vocacional, coordinadora de jóvenes y por 20 años superiora en diversas comunidades. “Y luego, un día, pedí un servicio temporal, y la Madre General decidió enviarme a México”. ¿Qué le movió a dejar su patria, su familia? Respondió: “El espíritu de Santa Magdalena de Canossa nos invita a hacer que Jesús sea conocido y amado, y donde quiera que estés lo puedes hacer pero, ¿puedes hacer más por Jesús? Mi respuesta fue precisamente realizar este servicio temporal, que es por cinco años”.

Cuando supo su destino, se sintió emocionada y feliz; y aunque no tenía idea dónde estaba Chihuahua, sí conocía algo de México porque alguien le regaló un libro sobre esta nación. Arribó apenas el pasado 7 de septiembre, pero “encontré en los mexicanos una calurosa bienvenida, alegría, hospitalidad, ¡soy feliz aquí!”.

Además de superiora de la nueva comunidad, es Sister Joy encargada de las “dos hermosas Hermanas junioras”, según sus mismas palabras; está aprendiendo el español y conociendo la comunidad parroquial, donde apoya en la catequesis con adultos.

Para concluir mencionó que son retos para ella tanto el idioma como el clima, muy frío en comparación con Filipinas; sin embargo, “estoy muy contenta aquí porque la gente es amigable, acogedora y todos han sido muy amables conmigo. ¡Estoy feliz de poder hacer que Jesús sea más conocido y amado, especialmente entre los pobres!”.

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