Miscelánea

Anacleto González Flores, patrono de los laicos

Por: Raúl Sánchez K.

El 20 de noviembre de 2005 Anacleto González Flores fue beatificado en Guadalajara, Jalisco. El 11 de julio de este 2019 fue declarado patrono de los laicos mexicanos. 

Seminarista

Nació en Tepatitlán, Jal., en julio de 1888 en una familia de pocos recursos. Segundo de once hermanos. De incuria y pobreza, arañada la miseria, fueron sus primeros años. Entrada su adolescencia, gracias a bienhechores, cursó Humanidades en el Seminario Auxiliar de San Juan de los Lagos, donde se ganó el mote de maestro o “maistro Cleto” por su destreza para las lecciones. No era su vocación el sacerdocio, pero sí el apostolado.

Abogado

En Guadalajara pasó a la Escuela Libre de Jurisprudencia. Había representado a Tepatitlán, al lado del Beato Miguel Gómez Loza, en la Convención del Partido Católico en la Perla Tapatía. 

Titulado, se privó de ejercer la abogacía para su provecho, limitándose a cubrir sus necesidades elementales para dedicar su tiempo a actividades apostólicas. Su conducta fue de una acción católico-social. Organizó sindicatos católicos e impulsó círculos de estudio para contrarrestar la ideología atea.

Devoto

Asistía a los oficios religiosos con gran unción. Quienes lo vieron, lo recuerdan con la vista fija en el Sagrario o, humillada la cabeza, lleno de inspiraciones ante el altar, con una quietud mística tras comulgar platicando largamente con Jesús.

En julio de 1917, con aprobación del Obispo, organizó la ACJM, Acción Católica de la Juventud Mexicana.

Periodista y orador

Fundó el semanario católico La Palabra, con mil trabajos. Colaboró para fundar La Época. Escribía diariamente para Restauración, de filiación católica. El Tiempo y El Heraldo recibieron numerosos artículos, y en la Ciudad de México, El País. Excélsior solicitó su colaboración, pero no aceptó que Anacleto defendiera la religión.

Publicó Gladium, órgano de la Unión Popular, que llegó a editar 110 mil ejemplares.

De palabra fácil, lenguaje castizo, imágenes llenas de luz, recuerdos y citas de historia felizmente aplicadas, ademanes, voz, cadencias…, todo le era natural. Fue orador y formador de oradores.

La Unión Popular

En 1922 se casó con María Concepción Guerrero Figueroa; fue esposo modelo y padre responsable de sus dos hijos.

Entabló gran amistad con el Arzobispo Francisco Orozco y Jiménez quien fue su guía espiritual. Propuso a los católicos la resistencia pacífica a los ataques del Estado contra la Iglesia. Lo designaron Jefe de la “Unión Popular”, de la cual fue uno de sus fundadores, con miles de afiliados.

Tras agotar recursos legales y cívicos para evitar que el Estado cometiera más abusos contra la Iglesia, apoyó los proyectos de la “Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa”, y fortaleció su espíritu con la oración y la comunión diaria.

La Cristiada

Apresado el 1º de abril de 1927, lo torturaron para exigirle, entre otras cosas, revelara el paradero del Arzobispo de Guadalajara. Respondía con convicción de morir a causa de la defensa de la Iglesia: “No lo sé, y si lo supiera, no lo diría”. Desarticularon sus extremidades, le levantaron las plantas de los pies y a golpes le desencajaron un brazo… lo traspasaron con el filo de una bayoneta.

Ante su cadáver, su esposa dijo a su hijo mayor: “Ese es tu padre. Ha muerto por confesar la fe. Promete sobre ese cuerpo que tú harás lo mismo cuando seas grande, si así Dios lo quiere”. Al sepelio asistieron cientos de personas.

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