Artículos, Caminando con el Papa

Y todo era muy bueno…

Caminando con el Papa

Por: Cristina Alba Michel

I. El Papa y el Evangelio

La naturaleza amada por Jesús

Jesús amaba la naturaleza. ¿Cómo negarlo, si por amor “todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de cuanto existe”? (Jn 1,3). A través de las parábolas evangélicas descubrimos detalles de su alma contemplativa. Como cuando habla de los pájaros del cielo, de los lirios del campo, de los brotes de la higuera y de la mies blanca. A fuerza de contemplar a los agricultores, sabe cuándo es tiempo de sembrar, cómo se abren los surcos, cómo siembra el sembrador; conoce dónde cae la semilla, el tiempo de cosechar, cómo luce la cebada madura y cómo se atan las gavillas, cargándolas en carretas o a lomo de asno.

Conoce los signos del cielo y la tierra sobre la llegada de la primavera y el tiempo de lluvias, el crecimiento de la vid con sus sarmientos y frutos, la poda, el lagar y la vendimia.

Él mismo se compara con la vid y explica, de manera sencilla como hombre del campo, la vida divina que está ofreciendo a la humanidad: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en Él, da mucho fruto… el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca” (Jn 15, 5.6).

También el Reino, y su propia misión, los explica Jesús con palabras simples nacidas de su contemplación de la naturaleza y de las cosas cotidianas de la vida humana. De ahí que diga que el Reino de Dios es como una semillita de mostaza que se convertirá en el árbol más grande, o como la levadura en la masa, la alegría de la mujer que encuentra su moneda, la sal, y la lámpara puesta sobre el candelero. Él mismo es el pastor que da la vida por sus ovejas, y las ovejas conocen su voz, y Él las llama, a cada una, por su nombre. Y sale a buscar a la que está perdida pero no deja el rebaño a merced de los lobos.

Él se compara con el grano de trigo que muere en la tierra para dar mucho fruto.

No vengan pues, ahora, esos locos a decir que el Papa es hereje por convocar el Sínodo amazónico; más bien son “herejes” quienes han utilizado el Instrumentunm laboris para introducir ideas no católicas.

II. Glosas y comentarios

Comienza el Sínodo amazónico

El 6 de octubre arrancó el Sínodo de la Amazonia que terminará el próximo día 27. El tema: “Amazonia: Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral“. Para la Iglesia, preocupada por la vida de los pueblos originarios que sufren por el deterioro o despojo de sus tierras, y también por la falta de pastores, de misioneros, de la Eucaristía.

Para una ecología integral, es decir, que incluya el bienestar no sólo de las tierras y su riqueza, sino sobre todo del ser humano, y de los que habitan dichas tierras, pero no siempre pueden alimentarse de sus frutos por abusos de otros.

Participan en el Sínodo obispos de los nueve países amazónicos, jefes de Dicasterios de la Curia romana, gente nombrada especialmente por el Papa o por la Unión de Superiores Generales, Consejo pre-sinodal, expertos, auditores (mujeres y hombres), delegados fraternos e invitados especiales.

En enero 2018 Papa Francisco habló a los pueblos amazónicos del Perú: “La Amazonia es tierra disputada desde varios frentes: el neo-extractivismo y la fuerte presión por grandes intereses… que apuntan su avidez sobre petróleo, gas, madera, oro, monocultivos agroindustriales. Por otra parte, la amenaza… viene también por la perversión de ciertas políticas que promueven la ‘conservación’ de la naturaleza sin tener en cuenta al ser humano… a ustedes… que habitan en ella. Sabemos de movimientos que en nombre de conservar la selva, acaparan grandes extensiones de bosques y negocian con ellas” volviéndolas inaccesibles a los pueblos originarios. “Esto provoca asfixia a sus pueblos, migración de las nuevas generaciones… Hemos de romper el paradigma histórico que considera la Amazonia como la despensa inagotable de los Estados sin tener en cuenta a sus habitantes”.     

Pensar

“Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya… Y los bendijo Dios y les dijo: ‘Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; manden en los peces del mar y en las aves del cielo y en todo animal…   sobre la tierra… vean que les he dado toda hierba de semilla… todo árbol que lleva fruto de semilla; para ustedes será de alimento. Y a todo animal terrestre, y ave de los cielos y a toda sierpe sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde doy de alimento’. Y así fue. Vio Dios cuanto había hecho, y todo era muy bueno” (Cf. Gén 1,27-31).

Share this Story
Load More Related Articles
Load More In Artículos

Check Also

El vuelo del cuervo

Por qué soy católico Por: Paco Pérez Es ...

Anuncio