Reportajes

“Vivimos de la fe y el sacrificio de los mexicanos”

Entrevista con el P. Sergio, Misionero de Guadalupe

Por: Cristina Alba Michel

Con motivo del Mes de las Misiones, octubre, que este año 2019 el Santo Padre ha destacado como un mes misionero extraordinario, el P. Sergio Chavira, misionero de Guadalupe (MG), de vacaciones en su patria chica concedió a Notidiócesis una entrevista. No es la primera que tan amablemente le concede a nuestro semanario, pero siempre es una gran alegría el que nos comparta un pedacito de su vida misionera.

Como un plus, este año se cumple el 70 aniversario de la fundación del Seminario Mexicano de Santa María de Guadalupe para las  Misiones Extranjeras, cuyos sacerdotes misioneros en él ordenados son muy bien conocidos como Misioneros de Guadalupe, puesto que el Instituto fue consagrado por los obispos fundadores bajo la protección de Nuestra Señora del Tepeyac.

-¡Muchas gracias, padre, por su tiempo! Para quienes no le conocen, ¿quién es el padre Sergio Chavira?

“Soy Misionero de Guadalupe, chihuahuense, nacido en Ciudad Camargo el 15 de mayo de 1951. Allí también me ordenó el Sr. Arzobispo José Fernández Arteaga el 19 de julio de 1997. Recuerdo bien que aquel verano, en vista de que también se ordenarían seis diáconos del Seminario local, yo me estaba cuestionando si ordenarme en Camargo, mi ciudad natal, o en Chihuahua, con los muchachos, a quienes conocía un poquito. Me acerqué, pues, a Monseñor Fernández. Se me antojaba en Chihuahua, porque pensaba: ‘Seis para la Diócesis y uno para las misiones extranjeras’. Pero Don José me dijo: ‘¿Cuándo quieres ordenarte en Camargo?’. Así que fue su decisión, y yo la respeté”. 

-¿A dónde le enviaron después de la ordenación?

“A los tres meses ya estaba en la misión de Hong Kong. Mi ordenación fue el 19 de julio de 1997, prácticamente acabo de cumplir mi 22º aniversario, y el 22 de octubre ya estaba en Hong Kong, a donde mis superiores misioneros me asignaron”.

A propósito de aniversarios, los Misioneros de Guadalupe cumplen el 7 de octubre 70 años de haber sido fundados por los Obispos de México. ¿Qué siente por formar parte de esta gran familia?

“Bueno, pues, siento que yo… llegué tarde a esta vocación concreta, aunque desde pequeño, desde el seno de mi madre traigo la vocación. Pero la decisión mía ya fue tardísima. Jesús me invitaba desde la escuela, estuve con los jesuitas en el Instituto Regional en Chihuahua, de 1959 a 1968, y desde entonces ellos, los padres, nos invitaban a ingresar a su Seminario en Puente Grande, Jalisco. Íbamos a los retiros de San Ignacio en Camargo y qué sé yo… pero nada de sacerdocio. Le sacaba. ¡Hasta los 38 años entré por fin al Seminario!”.

¿Al Seminario de los jesuitas?

“No, estuve con los padres de la Madre Teresa de Calcuta, los Misioneros de la Caridad, en Tijuana. Con ellos estuve dos años y medio. Salí, aunque no por mi voluntad, sino porque me dijeron que veían en mí vocación para misionero, pero no en la congregación de los Misioneros de la Caridad. La pregunta anterior, que no respondí bien, era: ‘¿qué se siente…?’. Siento que llegué tarde, primero, a la vocación, a la decisión del Seminario; y luego, tarde llegué con los Misioneros de Guadalupe. Con ellos he estado los últimos veintisiete años, ¡y muy contento!, muy contento por celebrar estos 70 años de aquella iniciativa de los Obispos de México, quienes entonces nos fundaron por su compromiso de enviar sacerdotes al extranjero. Y ahí estamos, en la misión”.

-Desde su perspectiva, ¿qué significa este aniversario para la Iglesia en México?

“Si partimos de que los obispos nos fundaron a los Misioneros de Guadalupe, eso quiere decir que la Iglesia pobre de México, con carencia de sacerdotes y de recursos, desde su pobreza y a través de los obispos, quiso compartir sacerdotes mexicanos para que fueran a países donde no se conoce a Jesús. Eso significa un logro de México, pues aunque los obispos nos fundaron, ¿quién nos sostiene? Nos sostiene el pueblo de México. Ellos con sus donativos nos sostienen. ¡Gracias!, agradezco a los mexicanos que a veces se privan de algo, que hacen un sacrificio para darnos un donativo mensual. Nosotros vivimos del sacrificio de los mexicanos y por medio de su sacrificio seguimos llevando el Evangelio aún después de 70 años. Esta fecha la celebramos juntos con México, con los padrinos y madrinas. Estamos juntos participando de este aniversario y de la misión”.

¿Entonces, esta obra de los Misioneros de Guadalupe es fruto de la fe del pueblo de México?

“Sí. Nace de su fe y de la respuesta a la fe, el pueblo le responde a esta invitación de los obispos, que es en primera instancia, la invitación de Jesús: ‘vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio’. Y pues ellos no lo hacen físicamente, no todo el pueblo puede ir a África o a Oriente, con nosotros, pero nosotros los misioneros somos los representantes del pueblo de México que misiona en diez países del mundo. Así, el mandato de Jesús se hace realidad en esa monedita que ellos cooperan, en ese billetito, y ellos están participando en la misión de Jesús”.

Padre, el Papa declaró que el mes de octubre de 2019 es un mes misionero extraordinario. ¿Qué nos puede decir?

“El Papa Francisco ha estado destacando hechos muy concretos: el Año de la Misericordia, el de la Familia y el de los Jóvenes [con motivo de los respectivos Sínodos, n. de r.]. Ahora toca a las misiones, porque todos somos misioneros. ¡La Iglesia es misionera por naturaleza!, y así como el Padre envió a Jesús a la misión, a traernos la Buena Nueva, Jesús envió a los Doce. Y los Doce a nosotros. Estamos en una cadenita donde el Padre es quien envía a todos los bautizados en la Iglesia católica y a todos los cristianos. Somos misioneros para llevar la Palabra a todos los rincones. Con este mes extraordinario, entonces, el Papa está destacando este hecho. Pensando sobre todo en esos países de Europa que trajeron la fe al Nuevo Mundo y hoy ellos necesitan de nosotros: en España ya hay padres mexicanos, monjas mexicanas, porque los europeos ya necesitan otra vez ser evangelizados. Así, en este mundo globalizado estamos evangelizándonos unos a otros. El Papa ve esa necesidad de enfatizar que somos misioneros y el mes de octubre es muy propicio, porque ya está también a las puertas el Sínodo de la Amazonia”.

Este Sínodo de la Amazonia, ¿tiene una implicación misionera?

“Sí. Definitivamente”.

¿Participará usted?

“No, no estaré presente, me regreso a Hong Kong, a mi misión”.

¿Tienen los Misioneros de Guadalupe algunas actividades planeadas por este Mes Misionero?

“Sí. Justamente el día 7 celebramos los 70 años desde aquel 7 de octubre de 1949. Durante todo este año hemos estado celebrando. De hecho publicamos un libro en el que aparece la historia de estos años, la historia y las experiencias de la misión. Algo así como la revista Almas, pero ‘en grande’. Yo aún no conozco el libro, ¡si contáramos en él los misioneros que han pasado, los muchachos que han entrado al seminario de las misiones, no sé cuántos cientos serían! Pero, ¿cuántos padres somos? Muy poquitos”.

¿A qué se debe, padre?

“Bueno, ‘muchos son los llamados y pocos los elegidos’, dice el Señor. Mas no porque Él nos deseche, sino debido a la libertad de cada uno. Porque cada uno es libre. Y así, entran muchos muchachos a los seminarios, en Chihuahua y en todos lados… pero también muchos se salen porque no ven la pasión de la entrega, la pasión del compromiso. Cada quien tiene su razón.

Así, nosotros celebramos a nuestra manera nuestro aniversario y la Iglesia celebra el mes misionero, pensando en la necesidad de misioneros”.

¿Qué ha sido en su vida de cristiano y sacerdote, la misión ad gentes?

“Como bautizado, me remite a mi esencia misionera: los cristianos somos misioneros. Lo de ad gentes es un añadido, es una característica especial. Los mismos padres diocesanos, de alguna manera, son ad gentes aunque en un sentido local. Como ahora Chihuahua tiene una gran población flotante, la misión de los padres diocesanos en cierto sentido se ha vuelto ad gentes. Pero los que estamos consagrados para ella en este Instituto de los Misioneros de Guadalupe, tenemos el objetivo concreto de ir a quienes no conocen a Jesús ni a Dios en Hong Kong, Kenia, Corea ¡y tanta gente de tantos otros países donde aún no se conoce a Dios!”.

¿Cómo es en Hong Kong la situación para los creyentes?

“Hong Kong regresó a la soberanía China en 1997, justo el año que yo llegué allí. Ese año se hizo la devolución de la colonia británica a China continental, para dar cumplimiento a un acuerdo firmado en 1984: éste dice que durante 50 años Hong Kong va a seguir gozando del estatus prevaleciente hasta entonces, es decir, con libertad religiosa, libertad política, ‘democracia’, y demás. No ha habido mucho respeto por ese acuerdo, pero en cuanto a religión, puedo decir que sí, que todavía hay libertad. El Cardenal, el Obispo, etc., se pueden expresar sobre la Iglesia en China. La Iglesia en China continental es la que está bajo mucha presión”.

Entonces, ¿a China continental ustedes no pueden ir abiertamente?

“Exactamente. Podemos entrar como turistas, entramos a dar clases de inglés, de español, a ayudar en hospitales, etc., pero de trabajo pastoral, nada. Es muy restringido eso para los extranjeros. Sí hay sacerdotes chinos, pero el gobierno los está monitoreando constantemente: qué dicen, qué predican los padres chinos en China para los chinos; que no vayan a estar hablando mal del gobierno, etc.”.

Continuará…

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