Reportajes

Un misionero jamás se jubila

Entrevista con el P. José Bejarano, MG (Parte II)

Por: Karen Assmar Durán

En esta segunda y última parte de la entrevista que el P. José Bejarano Martínez, Misionero de Guadalupe, concedió a este semanario, aborda cómo ha sido la misión en Kenia (África): dificultades, fortalezas, oportunidades, retos…, e invita a celebrar con él, Dios mediante el año que entra, su 50º aniversario sacerdotal.

Asalta la curiosidad, ¿qué se hace llegando a una misión?

“Lo primero es el aprendizaje del idioma. Si uno no le pone ganas a un idioma, no lo va a aprender nunca aunque le den clases. A veces cuesta años el aprender bien, pero el primer idioma que aprendí, el maragoli, en 8 meses de estar en la misión ya lo entendía; como visitaba todos los días las casas, iba aprendiendo en la práctica. El kiswahili lo estudié por mi cuenta antes de ir a la escuela, identificaba palabras sueltas. El tercero, el massai, fue más difícil porque estudié nada más la tercera parte de la gramática: o estudiaba el idioma o estaba en el trabajo, no podía hacer las dos cosas”.

-¿Qué hace un sacerdote en la misión?

“Estuve como párroco en siete diferentes parroquias en 28 años de estancia en Kenia; ya casi al final pedí que me dejaran como vicario y ayudé en dos parroquias más.

Los sacramentos se celebran en la sede parroquial y en muchas comunidades. El rezo, a veces con las de la Legión de María, que estaba muy fuerte y nos ayudaban muchísimo para traer gente al catecumenado. Siempre hay formación para los que deciden bautizarse y buena parte del trabajo pastoral se hace con los catequistas, siempre son hombres. Tiene uno que visitar, conocer, formar a las personas humana y cristianamente, luego ver quién tiene madera de líder, invitarlo y formarlo como tal aprobado por la comunidad de cada pueblito. Para llegar a cierto pueblo se usa una camioneta; llegas y a caminar todo el día visitando familia por familia, y después se hace la reunión con los líderes para puntualizar asuntos, oración, Misa, y ya tarde se regresa. Como promedio mínimo se hace el visiteo en unas 4-5 horas; otras ocasiones se camina 6-7 horas y de ahí hacer visiteo otro tanto.

Lugar al que se llega, se construye. En una parroquia que mi hermano Pablo estableció (también sacerdote Misionero de Guadalupe, fallecido en 2016), cuando llegó había como 15 católicos y después que él promovió llegó a haber como 38 escuelas primarias, que quiere decir 38 lugares de culto, jamás nadie estableció más escuelas que él: se abren como kínder, llegan a ser primaria e iglesia, sirviendo para todo.

Se construye con ayuda de los bienhechores de México y de la gente del lugar, nunca es con puro dinero de acá, y mucho de nuestro trabajo es con los líderes, siempre tenemos consejo parroquial”.

Los líderes, ¿son los catequistas?

“No necesariamente, saben que es una posibilidad porque son cristianos muy practicantes, hombres respetados y queridos en la comunidad, listos, inteligentes. Sienten el llamado y acuden a un determinado pueblo para una formación, ordinariamente de un año completísimo de internado y en otros dura hasta dos años. Van con la mujer y los hijos al centro catequístico; a ellas también se les educa en muchos aspectos: humano, cristiano, familiar…, cosa que de ordinario no se hace por fuera para la mujer.

Cabe mencionar que los catequistas son de tiempo completo y según distancias y número de gente se les asigna un determinado número de pueblos. Se les paga un pequeño salario pero, más que por la paga, lo hacen por amor a Dios porque son gente muy entregada, con mucho fuego y son nuestro brazo derecho”.

Los catequistas, brazo derecho de los sacerdotes.

¿Por qué sólo son catequistas varones?

“Por su cultura. El hombre africano, muy difícilmente en ambientes rurales y semi-rurales y aun en la ciudad, deja a la mujer decisiones importantes. No les parece que una mujer tenga responsabilidad propia, un trabajo ante la comunidad. Ordinariamente, si hay una reunión, los hombres son los que la hacen y la mujer no es invitada; ellos hacen y deshacen y deciden. En las tribus más atrasadas, como la massai, la mujer pierde hasta el nombre cuando se casa porque el hombre le pone otro que nada más él va a pronunciar; el pueblo, la comunidad, todo mundo cuando tenga hijos varones, la llamará ‘mamá de fulanito de tal’, y si tiene puras niñas se queda con el nombre que le da el marido. La mujer siempre está sujeta, hace el trabajo más duro.

Llegué a convencer a dos mujeres de ser catequistas y fueron muy buenas; no lo permiten pero lo toleran, porque es asunto de Iglesia. En una parroquia llamada San Pedro Mashuru establecí lo que nunca creí poder hacer: organizar una jornada el 8 de marzo para celebrar el Día Internacional de la Mujer. Se reunieron y hablaron sobre su ser de mujer, sus valores de esposa y madre, de lo que hacen en la sociedad, ¡imagínate esto en un ambiente en que la mujer es nada más una bestia de servicio, en el mejor de los casos para dar familia, cuidar los animales y hacer todo! Para una mujer escuchar aquello era un Evangelio no sólo de otro mundo sino de otro universo, algo inaudito, era como cambiar la mentalidad y las tradiciones de las culturas milenarias, muy muy difícil. Pero quedaron felicísimas y siguieron organizándola”.

Entonces, además de su labor pastoral, ¿promueven labor social?

“Depende de la diócesis: en lugares muy secos se trabaja para construir pozos y en otras zonas se establecen escuelas. Entre los massai establecí buena parte de una primaria, con la ayuda de Dios en primer lugar, y poca ayuda de la gente porque no les interesa dar educación a la niña; también hicimos un internado con ayuda de una bienhechora del Japón y con un donativo muy grande de Puebla construimos una secundaria.

Trabajamos mucho con los catequistas y los instruimos, los mandamos a cursos sobre muchos aspectos porque ellos son promotores de la comunidad”.

En su experiencia, ¿qué ha sido lo más difícil de estar en territorio de misión?

“Tanto así como difícil, no”.

-¿Ni la lengua?

“Nada. Aunque no tenga uno facilidades para el idioma, el primer lenguaje que se debe hablar es el amor, y si no hablas ése, no hablas ninguno aunque se hablen mil. Dios nos llama a amar, a servir amando y a amar sirviendo, y si no hacemos eso, en ninguna vocación nos vamos a realizar, ¡ninguna!”.

Ahí en Kenia, ¿hay persecución?

“Por parte de los musulmanes, sí. Tratan de bloquear la influencia de la Iglesia Católica, sus proyectos. En Tanzania es peor: queman iglesias o atacan públicamente con micrófonos y permiso del jefe a la Palabra de Dios, a la Iglesia, a Cristo y los cristianos, a todo lo que huela a Dios como nosotros lo entendemos. En ciertas partes llegan como si fueran los primeros, los únicos, los de la Iglesia verdadera, que no lo son, y quieren imponer y nos impiden el acceso a los fieles musulmanes, no permiten hablar abiertamente de Cristo ni siquiera dialogar en cosas comunes”.

¿Cómo superan este tipo de situaciones?

“Con la oración de todos ustedes, para apoyarnos en el trabajo con los catequistas, las comunidades y los líderes. Sabemos que mucha gente aquí en México está orando por nosotros, para que la Palabra de Dios llegue a todos”.

Pequeña comunidad cristiana de la tribu massai.

¿Tienen plazo específico para permanecer en una misión?

“No, pero ordinariamente la mayoría logramos estar un mínimo de 6 años. A veces se nos pide estar en México dando algún servicio en el Seminario, vocaciones, oficinas, animación misionera y luego ya nos mandan. Yo volví por diez años en total, en que me pidieron otros servicios, como cuando me llamaron para apoyar en la Pastoral Universitaria y como catedrático en la Universidad Intercontinental”. 

¿Hay Misioneros de Guadalupe que no sean mexicanos?

“Hasta ahorita, no. Se nos manda a donde no se ha predicado el Evangelio, nos establecemos ahí, nos nombran párrocos sin que haya nada y luego ese lugar llega a ser parroquia. Lo ideal es que quede la comunidad formada para que esté dando frutos con líderes a todo nivel y con vocaciones para religiosos, religiosas, sacerdotes diocesanos y punto, jamás tomamos un africano o de otra nacionalidad para que sea Misionero de Guadalupe, sino que debemos promover las vocaciones nativas, nunca trabajamos por nosotros”.  

¿Cuándo dejó la misión en Kenia?

“Estuve allá hasta 2013. Ya tengo seis años aquí en México. Al cumplir los 70 años nos dan la posibilidad de regresar a cualquier misión donde hayamos trabajado, si nos aceptan allá. Podríamos estar en casa, en familia, en algún lugar del país trabajando en parroquia o a cargo de una si así se acordó con el obispo del lugar. Yo estuve dos años en la diócesis de Parral, apoyando en la parroquia San Bartolomé en Valle de Allende, y el Obispo don Eduardo Carmona me preguntó si quería ser párroco, pero yo sólo quería ayudar y estar con la gente. Ahora estoy en la casa para los padres enfermos en Colonia López Cotilla, Jal., porque me enfermé. Ya me recuperé y de ahí salgo a parroquias donde me llaman, atendemos una capellanía, hospitales, casas particulares, y tenemos una casa de oración donde recibimos a grupos en retiro”.

Este 21 de diciembre cumple 75 años de edad, ¿un misionero se retira?

“No, nunca, la vocación es eterna como el sacerdocio. Dios no se arrepiente de su llamado jamás, lo llama a uno para toda la vida y para la vida eterna también. La misión que te da es permanente porque su amor es así”.

¿Cómo ve al Instituto, en qué podemos colaborar?

“El Instituto está pasando por épocas difíciles porque tenemos pocas vocaciones, en ese aspecto tenemos retos muy fuertes. Necesitamos mucha oración, sería la mejor colaboración, para que haya más vocaciones, más vocaciones misioneras y específicamente para los Misioneros de Guadalupe. La manera de colaborar no sólo con nosotros sino con la obra misionera sería que tengamos más conciencia todos los católicos de que somos misioneros desde el Bautismo, no podemos por lo mismo pensar nada más en mi casa, mi familia, mi trabajo, mi país, y que ruede la bola, sino pensar qué puedo hacer por los demás, cómo construir un mundo más humano, cristiano en su verdadero sentido de plenitud en Cristo que sólo lo da la Iglesia Católica”.

¿Qué papel ha tenido la Virgen de Guadalupe en esta labor misionera?

“¡Esencial! Nuestro Instituto se llama de Santa María de Guadalupe para las Misiones Extranjeras, y desde nuestra formación nos vamos llenando de ese espíritu misionero a la manera de la Virgen en su advocación de Guadalupe, con amor, entrega y devoción, dándole el lugar tan importantísimo que tiene en la salvación como Dios la planeó; entonces, entre más nos unamos a Ella, seremos mejores instrumentos y el mundo será ganado para Cristo”. 

¡Gracias por su tiempo y felicidades por su próximo aniversario!

“Si Dios quiere el 14 de agosto próximo voy a cumplir 50 años de sacerdocio y lo vamos a celebrar aquí. Intentamos hacer una semana de animación misionera y vocacional, del 9 al 16 de agosto de 2020. Ya les haré llegar a su debido tiempo la invitación”.

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