Comentario al Evangelio

Ser agradecidos

Comentario al Evangelio del XXVIII Domingo Ordinario (Lc 17,11-19)

Por: Mons. Luis Martín Barraza Beltrán

En el contexto de la curación de una de las enfermedades más terribles de aquel tiempo como lo era la lepra, el evangelio de hoy nos enseña lo que es la fe verdadera. En el entendido de que la enfermedad era consecuencia del pecado personal o de su familia, la lepra denunciaba a lo peor de los pecadores. Lo más difícil para un leproso era la interpretación que se hacía de su enfermedad como un despreciado de Dios y un marginado de la comunidad. Los leprosos eran muertos en vida.

Se supone que quien fuera rescatado de esta situación no le quedaría de otra sino agradecer, no hacerlo pondría en cuestión la calidad humana de esta persona. Estaríamos frente a alguien demasiado egoísta que sólo ve por sus propios intereses. El agradecimiento no enriquece al que lo recibe, en este caso a Jesús, ni empobrece al que lo ofrece. Saber agradecer es ganancia para quien lo hace. Ya lo dice el dicho “es de bien nacido ser agradecido”. Lo contrario también es cierto.

Por ello una actitud básica que se debe inculcar para formar seres humanos es enseñarles a ser agradecidos. Son conscientes de esto muchos padres de familia o educadores que ponen atención a que sus hijos o alumnos reaccionen con gratitud frente al más mínimo don. Saben que de esto depende en gran medida su felicidad. La persona agradecida siempre encontrará motivos para estar alegre, porque será muy sensible a percibir que todo lo que es y tiene es un regalo. De aquí seguirá que pueda ser más solidaria, más compartida. Quien, por el contrario, se forma en la actitud de que todo se merece y que es poco lo que recibe, será alguien que siempre estará reclamando “las migajas” que se le ofrecen. Obviamente estas personas tenderán a ser resentidas, amargadas, siempre se estarán quejando de todo y, por tanto, serán poco solidarias.

Jesús, al ejemplo de un buen padre de familia, nos quiere enseñar a ser agradecidos. Más aún, relaciona profundamente la fe con la alabanza y la gratitud. Ser creyentes es vivir en la actitud de que la vida y su sustento lo recibimos de Alguien. Si somos honestos tenemos que reconocer que lo mejor de lo que somos y tenemos es gratis. Lo que nosotros aportamos a nuestra vida es secundario: “¿No es más importante la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? (Lc 12,23). Podemos procurarnos el alimento, pero no la vida, el vestido, pero no el cuerpo.

En el texto que meditamos, quien es reconocido por su fe fue quien regresó alabando a Dios y dando las gracias. Hay muchos creyentes a la hora del pedir. No hay tanta fe a la hora de adorar y bendecir. Recibimos más cuando agradecemos que cuando pedimos. Este leproso recibe la bienaventuranza de la fe. Ese hombre agradecido, demuestra que es capaz de valorar la presencia de Jesús no sólo porque le es útil, sino porque es sumamente bueno en sí mismo. La fe verdadera es saber regocijarnos en la existencia de Dios y en los signos de su presencia antes de que me sean útiles.

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