Santo de la Semana

San Artaldo

Arthaud o Arthold -en su lengua natal-, llamado también Artaldo o Artoldo -en castellano-, nació en el castillo de Sothonod en Valromey (Francia), el año 1101.

Hijo único, fue educado según la costumbre y enviado en los primeros años de su juventud para su instrucción a la corte del duque Amadeo III de Saboya.

Todos se hacían lenguas de su bondad y auguraban para él un brillante porvenir; sin embargo Artaldo, muy piadoso y aplicado en el estudio, decidió abandonar el mundo y tomar el hábito de los monjes cartujos en el monasterio de Portes, comenzando lo que llegaría a ser una larga vida de oración, silencio, soledad y clausura, notas características de la Orden religiosa.

Siendo novicio tuvo sus primeros éxtasis y luego de ser ordenado en 1123 celebraba la Misa con gran devoción, alcanzando grandes consuelos de Dios.

Al cabo de pocos años, pero muy avanzado en experiencia y santidad, fue enviado por el prior de la Gran Cartuja (Grande Chartreuse) a fundar un monasterio de su orden en su natal Valromey. Se estableció con seis monjes compañeros suyos en Portes en una soledad agreste donde sólo los animales salvajes se habían aventurado antes, sitio conocido con el significativo nombre de “El Cementerio”. Poco después el fuego consumió el monasterio, por lo que Artaldo decidió construir uno nuevo en otro lugar, con mejores condiciones para la vida cartuja, ubicado a orillas del río Arvières, en Lochieu. 

En la nueva Cartuja, fundada en 1132 y dedicada a Nuestra Señora (Notre-Dame d’Arvières), la comunidad continuó su vida sencilla y callada, que Artaldo cultivó en sus monjes durante más de 50 años.

La pequeña y humilde celda del cartujo no contuvo la inmensa fama de santidad de que gozó en vida, a quien incluso el mismo Papa acostumbraba consultarle; por ello no fue de extrañar que el clero y el pueblo de la diócesis de Belley le eligiesen como obispo, no obstante sus vehementes protestas y ser octogenario.

Renuente a aceptar aquella cruz, su primera reacción fue huir a una cueva para orar; pero los clérigos que habían ido a buscarle al monasterio fueron guiados hasta su escondite por una luz sobrenatural. Debido a tal portento al prior de Arvières no le quedó de otra más que aceptar con humildad dicha encomienda. Así en 1188, a sus 87 años, Artaldo fue consagrado obispo, renunciando al episcopado dos años más tarde, tiempo en que fue para su grey un prelado solícito y ejemplar.

Volvió a su monasterio de Arvières donde, crecido en años y virtudes, murió el 6 de octubre de 1206 a los 105 de edad. Previamente había exhortado a sus monjes: “Creced en virtudes, a fin de que la santidad se perpetúe de edad en edad en esta Casa por las buenas tradiciones que dejaréis a los que vendrán en pos de vosotros; amaos los unos a los otros; que la caridad sea el lazo que os una a todos siempre en Jesucristo”.

Aprobado su culto en 1834 por el Papa Gregorio XVI, su festividad litúrgica es el 6 de octubre.

San Artaldo de Belley

(1101-1206)

Monje cartujo y obispo de Belley, fundador de la Cartuja de Arvières, de la que fue prior por más de 50 años. Era octogenario cuando, muy a su pesar, fue elegido obispo de Belley, diócesis que rigió santa y sabiamente durante breves dos años, ya que debido a su avanzada edad renunció y entonces pudo volver a su anhelada vida monástica, en el silencio, la oración y la soledad, falleciendo en olor de santidad a los 105 años de edad.

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