Artículos, Caminando con el Papa

Nosotros y el Espíritu Santo

Caminando con el Papa

Por: Cristina Alba Michel

I. El Papa y el Evangelio

Para ser valientes testigos

“Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre y Él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes” (Jn 14,15-16).

1. Lo anunciado por San Juan en el capítulo 14 de su Evangelio, Jesús lo cumple. Él envía, sobre los discípulos reunidos en oración junto a María y algunas mujeres, el Espíritu Santo, y transforma así a aquellos hombres pusilánimes y a veces un pelín interesados, en valientes y decididos apóstoles del Evangelio.

¿Qué pasó con aquel Pedro temeroso, que tiene que llorar su miedo y su arrepentimiento tras el canto del gallo? Sucede que ya no teme enfrentarse al Sanedrín ni a nadie, porque primero se obedece a Dios que a los hombres.

2. Así fue y así destacó el Papa “la impresionante valentía de los apóstoles a pesar de la prohibición de los judíos para enseñar en el nombre de Cristo. Los Doce mostraron poseer aquella ‘obediencia de la fe’, la cual querían suscitar en todos los hombres”. Todo gracias a que “a partir de Pentecostés ya no son más  hombres ‘solos’. Experimentan aquella especial sinergia que los hace descentrarse de sí mismos y les hace decir: ‘nosotros y el Espíritu Santo’. No pueden decir ‘yo solo’ sino ‘nosotros y el Espíritu Santo con nosotros’; ahora son hombres descentrados de sí mismos”. Ahora  ya no se dejan intimidar por ninguno, si acaso se escucha el canto de algún otro gallo, esto ya no produce otra cosa sino humildad y gratitud por el Don de Dios. Ya no huyen, ya no escapan. ¿Por qué? Porque ahora el Espíritu Santo está con ellos, en ellos.

3. ¿Qué pasa, entonces, con los cristianos actuales? ¿Acaso el Espíritu Santo los ha abandonado? ¿No será más bien que se le tiene marginado, limitado a una imagen en un marco o una estampita, en donde vemos qué lindos sus dones pero no le imploramos que venga, que acompañe las luchas, las soledades, las batallas, los desafíos, las penas y las alegrías, las derrotas y los triunfos?

Imploremos el Don del Cielo, el Espíritu del Padre y del Hijo, y así, “si nosotros tenemos dentro al Espíritu Santo, tendremos la valentía de ir hacia adelante, la valentía de vencer tantas luchas, no por nosotros sino por el Espíritu que está en nosotros”, exhortó el Santo Padre (Cf. Catequesis septiembre 18, 2019).

II. Glosas y comentarios

La dulzura del Espíritu

1. El camino a la unidad de las Iglesias cristianas en algunos tramos se llena de obstáculos y en otros se convierte en senda llana; hay en todo el trayecto buena y mala semilla; hay también dificultades pero no faltan las señales de aliento, como lo fue el más reciente encuentro entre el Papa y el Patriarca Ortodoxo de Constantinopla, Bartolomé I, quien viajó a Roma para agradecerle personalmente a Francisco el bellísimo regalo que este le hizo. Más que bello, valioso: se trata de unas reliquias de primer grado del mismo apóstol San Pedro, el primer Papa de la Iglesia y hermano de Andrés, el patrono de la Iglesia Ortodoxa griega.

2. Francisco estaba emocionado de recibir la visita de Bartolomé. Pedro no se hubiera emocionado más de recibir a su hermano Andrés después de un largo viaje apostólico. Hubo un momento, durante el encuentro entre ambos líderes religiosos, cuando al Santo Padre se le iluminan los ojos y la sonrisa, dejando traslucir una gran bondad y dulzura, esa bondad que -pienso- no viene de la mirada humana sino de la mirada del Espíritu Santo, si me permiten.

3. Quise poner la imagen en este mismo espacio, pero no me ha sido posible encontrarla en fotografía, sin embargo, no quería dejar de compartir con ustedes la alegría que me da el saber, de este modo gráfico, que tenemos un Papa bueno y humilde, un hombre de Dios que a pesar de los cánceres internos que aquejan a la Iglesia y de los ataques externos que la atosigan, sigue el camino que el Espíritu le ha ido señalando cada vez con más intensidad: el camino de la Misericordia.

Pensar

Oraciones para implorar el Espíritu Santo

“Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía Señor tu Espíritu, y todo será creado; y se renovará la faz de la tierra”.

“Ven, Espíritu Santo, llena mi corazón para ver las cosas que son de Dios. Ven, Espíritu Santo dentro de mi mente, para conocer las cosas que son de Dios. Ven, Espíritu Santo dentro de mi alma, que yo le pertenezco solamente a Dios. Santifica todo lo que yo piense, diga y haga, para que todo sea para la gloria de Dios. Amén”.

“Ven, Espíritu Santo, ven por la poderosa intercesión del Corazón Inmaculado de María, tu amadísima esposa”.

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