Miscelánea

María camina con la Iglesia

Mes de la Biblia – Mes del Rosario

Por: DIDABIVP/EBCE

La Dimensión Diocesana para la Animación Bíblica de la Vida Pastoral (DIDABIVP) y la Escuela Bíblica Católica Emaús (EBCE), presenta a continuación el último de cinco Encuentros para reflexionar en el Mes de la Biblia y dar paso a octubre, Mes del Rosario:

“MARÍA CAMINA CON LA IGLESIA”

1. Saludo y bienvenida.

En este acompañamiento, en el cual hemos caminado juntos, encontramos también a la Santísima Virgen María presente, con una especial misión salvífica en la Iglesia para sus hijos.

2. Oración.

María, Madre y protectora, tú la del corazón traspasado por la espada, que comprendes todas las penas y nos acompañas por la vida abriendo los corazones a la fe con tu cariño maternal, te rogamos sigas caminando y luchando con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios. Canto.

3. Partimos de nuestra vida.

María siempre ha estado presente en nuestro caminar, como esa madre a la cual poder acudir desde nuestra niñez, con nuestras oraciones. Al acercarnos a María nos pone frente a Jesús, quien a su vez nos presenta con el Padre. ¿Cómo puedo ver a María presente en mi propia vida?

4. Lectura bíblica.

Jn 19,25-27.

5. Reflexión.

A María la encontramos siempre dispuesta a llevar la Palabra, no sólo con signos sino sobre todo con su presencia: “Junto a la cruz de Jesús estaba su Madre” (Jn 19,25). En otro pasaje dice: “Yo soy la servidora del Señor” (Lc 1,38), para después ponerse al servicio de los demás con ese amor que Dios le ha regalado. Se hace presente en auxilio de quien la necesita: “En aquellos días se puso en camino María y se dirigió con prontitud a la región montañosa” (Lc 1,39), en este caso con su prima Santa Isabel, embarazada y ya de edad avanzada.

“Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres y de María la madre de Jesús y de sus hermanos” (Hch 1,14), marca el nacimiento de la Iglesia y quién está ahí, en espera, en oración, en un mismo espíritu acompañando a los discípulos en Pentecostés: María. ¡Estos es signo indiscutible de sinodalidad!

“Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo, siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés” (Evangelii Gaudium, 284). Ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y sin Ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización.

María Santísima es la imagen viva de la Iglesia en salida, no sólo en la Visitación sino muy especialmente en su caminar evangelizador, en medio del colegio de los Apóstoles.

Hoy, unidos en la oración del santo Rosario, ofrecido por los más necesitados, por quienes no son escuchados ni recibidos ni acogidos, con el amor de nuestra Madre Santísima la Virgen María, invocamos humildemente su poderosa intercesión.

Así como María, Madre de la Iglesia, ¿cuánto estoy dispuesto a caminar? ¿Qué tan abierto estoy a guardar, poner por práctica y anuncia los Mandamientos divinos? ¿Asumo consciente y comprometidamente el testimonio de María Santísima?

6. Conexión: Iglesia en salida y sinodalidad.

“En la cruz, cuando Cristo sufría en su carne el dramático encuentro entre el pecado del mundo y la misericordia divina, pudo ver a sus pies la consoladora presencia de la Madre y del amigo. En ese crucial instante, antes de dar por consumada la obra que el Padre le había encargado, Jesús le dijo a María: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’. Luego le dijo al amigo amado: ‘Ahí tienes a tu madre’ (Jn 19,26-27). Estas palabras de Jesús al borde de la muerte no expresan primeramente una preocupación piadosa hacia su madre, sino que son más bien una fórmula de revelación que manifiesta el misterio de una especial misión salvífica. Jesús nos dejaba a su madre como madre nuestra. Sólo después de hacer esto Jesús pudo sentir que ‘todo está cumplido’ (Jn 19,28)… Cristo nos lleva a María. Él nos lleva a ella, porque no quiere que caminemos sin una madre, y el pueblo lee en esa imagen materna todos los misterios del Evangelio…  Ella, que lo engendró con tanta fe, también acompaña ‘al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús’ (Ap 12,17)” (EG, 285).

7. Compromiso.

Primero con quien está cerca de ti: tu esposa, esposo, tus padres, hijas e hijos, así como María, dando su tiempo completo, caminando como Iglesia doméstica, Iglesia en comunidad, en unidad, siempre dispuestos a acompañar y servir.

8. Oración final.

A ti Madre nuestra, María, que siempre estás presente acompañándonos en este caminar con tu dulce y tierno amor, llenándonos de fortaleza, te pedimos guíes nuestros pasos, nuestro caminar, para alcanzar la presencia del Padre, tú que eres la discípula perfecta. Amén.

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