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Los ángeles y los santos: veneración e intercesión

Esta es nuestra fe

Por: Hno. Edwin Arnoldo Torres Lozano, MEAP

Amados lectores del Noti: Es para nosotros un gusto compartirles estas breves enseñanzas en nombre de nuestro buen Dios. En esta ocasión toca hablar sobre los ángeles y los santos, cuarto tema de la serie de artículos denominada “Lo que les falta a los grupos no católicos”.

Empezaremos por pedir al Espíritu Santo que nos ilumine y santifique; hacemos tres veces la misma petición:

V. Espíritu Santo, Fuente de luz.

R. Ilumínanos y santifícanos.

Hablar de ángeles y santos no es ajeno para quien crea en Cristo o lea la Sagrada Escritura; el punto está en qué se piensa respecto a ellos. Como católico practicante quizá alguna vez le hayan hablado del Ángel de la Guarda, de Gabriel, Miguel o Rafael -los arcángeles- o de algún santo de la devoción de la familia, pero a lo mejor no le explicaron la función que desempeñan y qué tipo de culto se les debe dar. Éste es precisamente nuestro objetivo: dejar claro el tipo de culto debido a ellos y, además, lo que la Biblia señala: que es correcto hablar, venerar y orar a los ángeles y los santos.

Los Ángeles

Son espíritus creados por Dios desde el principio y siguen estando a su servicio como sus mensajeros para realizar alguna misión en favor de los hombres (Tob 5,4; Mt 1,20; Lc 1,26; Hech 8,26;10,3; 12,7ss., etc.). Por lo tanto, merecen un honor especial, veneración: “‘Dios me ha enviado para sanarte a ti y a tu nuera. Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que tienen entrada a la Gloria del Señor’. Temblaron entonces y los dos cayeron con el rostro en tierra” (Tob 12,15-16). Cayeron rostro en tierra no para adorarles sino para venerarles, fue una señal de respeto.

Existe una jerarquía angelical, según describe San Pablo a los Colosenses (1,16). En ella hay serafines, querubines, tronos, dominaciones, virtudes, potestades, principados, arcángeles y ángeles, y entre estos últimos los custodios, que tienen como misión cuidar a cada uno (1Reyes 19,5). Como ya se mencionó, no es algo ajeno a nosotros sino que la controversia inicia cuando se nos cuestiona sobre el culto que les damos.

Culto

En la Iglesia, el culto se divide en tres clases:

1. Latría o adoración: es el que se le da solamente a Dios, ya que adorar es reconocer a alguien como ser supremo y nosotros sabemos que ese ser es Dios (Mt 4,10).

2. Dulía o veneración: se da a los ángeles y santos, y no es lo mismo que adorar. Veneración es respetar y honrar por algún motivo a alguien o a algo (Sir 48,4; Ex 25,18).

3. Hiperdulía o veneración especial: es el tipo de culto que se le da sólo a la Virgen María por ser la Madre de Jesús (Lc 1,48).

Cabe insistir en que la veneración a los ángeles y los santos es algo bíblico.

Los Santos

En el caso de los santos, son parte de la Iglesia celeste e interceden por nosotros; no son ellos quienes hacen los milagros, pero sí quienes nos los consiguen.

Cierto día, alguien me preguntó: “Hermano, ¿por qué dice San Pablo ‘a los santos que están en Éfeso’ (Ef 1,1)?, ¿a poco estaban todos muertos?, no entiendo”. Le respondí: “Hay tres tipos de Iglesia o dimensiones respecto a la vida de santidad: Iglesia peregrinante (quienes estamos en la tierra), Iglesia purgante (los que están en el Purgatorio) e Iglesia triunfante (quienes ya gozan en el cielo)”. De hecho, el 1º de noviembre recordamos a todos los santos, que están en el cielo; el día 2 de noviembre recordamos a todos los difuntos, los que están en el Purgatorio; los demás días del año recordamos a ciertos santos destacados, que representan un ejemplo a imitar para todos por su alto grado de fidelidad a Cristo. Todos estamos llamados a la santidad (1Pe 1,15-16).

Apreciables hermanos, ¡es legítimo invocar a los ángeles y a los santos!, pedir su ayuda, su intercesión… ¡ah!, pero que quede claro que es veneración y no adoración y que no son ellos los que hacen los milagros, sino quienes los consiguen de Dios nuestro Señor por su intercesión. Finalmente, tampoco hay que dedicarse a pedir y pedir, volviéndonos unos piriches* pero sin hacer nada por imitar su vida.

*Piriche: Término para designar a una persona pedigüeña o que pide de manera insistente.

-Sección a cargo de los Misioneros Apóstoles de la Palabra. Envíanos tu duda, sugerencia o comentario vía Facebook: Evangelio y cultura CDMX o al correo: evangelioyculturamedios@gmail.com

Los santos Ángeles Custodios

En la Biblia la palabra Ángel significa “Mensajero”. Un espíritu purísimo que está cerca de Dios para adorarlo, y cumplir sus órdenes y llevar sus mensajes a los seres humanos. Ya en el siglo II el gran sabio Orígenes decía: “Los cristianos creemos que a cada uno nos designa Dios un ángel para que nos guíe y proteja”.

Y se basa esta creencia en la frase del Salmo 90: “A sus ángeles ha dado órdenes Dios, para que te guarden en tus caminos”. Judit en la Biblia al ser recibida como libertadora de Betulia exclamaba: “El ángel del Señor me acompañó en el viaje de ida, en mi estadía allá , y en el viaje de venida”.

En el Nuevo Testamento es tan viva la creencia de que cada uno tiene un ángel custodio, que cuando San Pedro al ser sacado de la cárcel llega a llamar a la puerta de la casa donde están reunidos los discípulos de Jesús, ellos creen al principio, que no es Pedro en persona y exclaman: “Será su ángel” (Hechos 12, 15).

En el año 1608 el Sumo Pontífice extendió a toda la Iglesia universal la fiesta de los Ángeles Custodios y la colocó el día 2 de octubre.

Oración: Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día. No me dejes solo que me perdería. Hasta que amanezca en los brazos de Jesús, José y María. Amén.

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